CONMEMORACION DEL BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE
CARLOS MARX 1818-20181

Expreso mi gratitud al Maestro Rubén Darío Núñez Solano por invitarme a participar en los eventos conmemorativos del Bicentenario de Marx, en el plantel Zamora de la Universidad Pedagógica Nacional.

Marx, el hombre. 

Carlos Marx Nació el 5 de mayo de 1818 en la ciudad de Tréveris, en la Renania, que era provincia o reino perteneciente al Imperio Alemán. Sin temor a exagerar, puede decirse que Marx fue el pensador más importante de su tiempo, no el más conocido entonces, pero sí, el más importante, por la obra teórica y propuestas políticas y sociales que construyó. En el siglo XX fue el pensador más estudiado, más examinado, más analizado y discutido; ninguno de los pensadores del siglo XIX fue tan discutido como ocurrió con Marx. Frente a su obra teórica y propuesta política, ningún pensador de la política o de la ciencia social en el siglo XX que fuera importante permaneció en la indiferencia; o estaban en simpatía con Marx, o manifestaba rechazo teórico o crítica a sus planteamientos, inclusive desprecio, pero ninguno se quedaba indiferente a su pensamiento. Fue así, porque Marx hizo una aportación importantísima: heredó una nueva forma de pensar la historia, una nueva forma de pensar la conciencia, una nueva forma de pensar la economía, la política y la sociedad.

Método y política.

También aportó un método de investigación histórico-social. El fundamento de este método consiste en lo siguiente, en sus propias palabras: “ir a la raíz de todos los problemas, y la raíz de todos los problemas es el hombre”. Este método que heredó ha demostrado ser capaz de conocer de la manera más aproximada posible a la realidad histórica, realidad económica, realidad social, inclusive la realidad de la conciencia. Esto es extraordinario. A lo largo de los siglos de la historia de la filosofía, el pensamiento filosófico se ha dedicado a estudiar la conciencia. Marx, sin haber cursado estudios universitarios de filosofía –él estudió Derecho- llegó a ser un conocedor de la filosofía y sus problemas; aportó una concepción de la conciencia totalmente distinta. La originalidad radical del pensamiento de Marx consistió en lo siguiente: el conocimiento debe llevarse a la acción. Esto fue un planteamiento inédito, decir que el conocimiento verdadero es susceptible de ponerse en práctica para transformar al hombre y el mundo; la teoría marxista señala que todo saber de la historia, política, economía y sociedad, implica el compromiso de hacer algo en favor de la transformación del mundo y del hombre; en esto consiste el carácter revolucionario del pensamiento de Marx. Antes de él, sólo un pensador había propuesto algo similar; fue en Platón; en el siglo IV antes de Cristo propuso una concepción política para cambiar al hombre, la sociedad, cambiar la política misma, mediante el gobierno de los mejores. En aquel entonces, se creía que los mejores hombres eran los sabios, los filósofos, y por eso, dijo que “los gobernantes deben ser filósofos, y los filósofos deben ser gobernantes”; no solamente hizo el planteamiento, sino que buscó la manera de hacerlo realidad en dos ocasiones, y las dos veces fracasó, por razones que están claras en la historia. La vida de Platón es interesante, fue un gran hombre, un individuo maravilloso; su obra es admirable., extraordinaria. La grandeza de Platón es comparable a la importancia de las tesis de Marx en el sentido de que el conocimiento debe servir para la supresión de la injusticia en el reparto de la riqueza y para suprimir la explotación del trabajo. En esto consiste la fuerza política del pensamiento de Marx: hacer práctico el conocimiento para transformar el mundo y la conciencia del hombre; mencionar esta afirmación es señalar lo que podemos llamar ciencia del marxismo. Muchos investigadores sociales, filósofos y escritores discutieron bastante a favor o en contra del planteamiento de Marx, pues como ya se dijo, ninguno de ellos permaneció indiferente respecto de tan formidable planteamiento.

El político que llevó al extremo el argumento en favor de la tesis de Marx fue Lenin, con su frase “la práctica revolucionaria es el criterio de la verdad revolucionaria”; es la frase perteneciente a la formidable actividad transformadora que ocurría en Rusia en 1918, en medio de un sufrimiento espantoso, terrible en verdad, y, en semejantes condiciones se llevaba a efecto la construcción del régimen socialista bajo la conducción de Lenin.

Conmemoración crítica y crítica de la conmemoración.

Estamos convencidos de que la crítica del pensamiento de Marx es uno de los mejores homenajes que pueden ofrecerse al autor del pensamiento crítico y dialéctico por excelencia, cuyo bicentenario del natalicio conmemoramos ahora con respeto y reconocimiento.

Quiero decir que la conmemoración del bicentenario de Marx en países que fueron socialistas soviéticos ha tenido un bajo perfil. En Rusia, por ejemplo, no se ha hecho nada verdaderamente notable. En Alemania, en su ciudad natal, se montó una exposición en la casa donde nació con un estilo más bien minimalista, que llamaba la atención por la iluminación, los colores, el manejo de los espacios, la exposición de algunos objetos personales de Marx, como un ejemplar de la primera edición del tomo uno de El Capital que contiene anotaciones al margen de su puño y letra. Es inevitable señalar el bajo perfil que ha tenido en Rusia la conmemoración del centenario de la Revolución de Octubre. El actual presidente de Rusia sabe que su país debe continuar con los cambios y generar la respuesta que exige la globalización, y de esa manera participar en el juego de la dirigencia del nuevo orden mundial con lo que podemos llamar “cartas propias”.

Conmemoración y restauración del capitalismo.

La situación de bajo perfil en la conmemoración del bicentenario de Marx y del centenario de la revolución bolchevique, puede explicarse mediante la consideración siguiente: después de la caída de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas en 1991, la población de lo que había sido una gigantesca sociedad socialista soviética, vive la fascinación del acceso al consumismo que caracteriza a las sociedades occidentales, particularmente la juventud es la que muestra afición a ello. Semejante bajo perfil también podría ser la proyección del cansancio de la población respecto de las exigencias de trabajo y escasez de bienes de consumo que predominaron a lo largo de los setenta años que duró la vigencia del régimen socialista soviético; parece que la población joven y madura no quiere saber nada de marxismo, nada de la revolución, nada de la doctrina socialista; muestran querer parecerse cada vez más a las costumbres occidentales de alimentación, bebidas refrescantes y las modas- todo eso la tiene fascinada. En Rusia está vigente la rígida organización del trabajo, la exigencia inflexible para lograr las metas de producción; en la mayoría de las fábricas se paga a los obreros por día laboral o día trabajado, no hay un salario fijo o constante, pues se paga por día trabajado. En muchas fábricas no todos los obreros trabajan la semana completa; trabajan tres o cuatro días, con el propósito de dar oportunidad a otros trabajadores para que tengan un ingreso semanal.
De esta manera es como Rusia ha enfrentado la difícil y exigente transición para regresar del socialismo al capitalismo. Esta realidad de nuestro tiempo significa una compleja problemática para los historiadores del presente y del futuro inmediato. De manera tradicional se pensaba -en la dialéctica también así lo señalaba-, que la historia era progresiva, que marchaba hacia delante, que el pasado nunca regresa, y de pronto, aconteció la caída del régimen socialista en Rusia y en los países de Europa central donde Stalin impuso el régimen soviético después de ganar la Segunda guerra mundial contra Alemania. Hemos sido testigos de la restauración del capitalismo en los países socialistas, los cuales han manifestado una gran simpatía a las costumbres del consumismo occidental mediante la aceptación que las mismas han tenido en las poblaciones de aquellos países que durante más de medio siglo sostuvieron un régimen socialista de austeridad y también, de plena seguridad social. La implantación del capitalismo en los mismos países significa una regresión histórica y, como ya dije, es todo un problema para los teóricos de la historia: es evidente que la historia no sólo es progresiva, también es regresiva, también puede “marchar hacia atrás”. Las aportaciones de Marx ofrecen un conjunto de recursos conceptuales para examinar problemáticas tan complejas como la recién mencionada. Esa generosidad del pensamiento de Marx es sugerente de la pertinencia de repensar el pensamiento de Marx.

Conversión del marxismo en conjunto de dogmas comunistas.

En la actualidad, es posible estudiar la dialéctica de Marx de manera diferente a la que fue impuesta por el Partido comunista de la Unión Soviética, y que era sostenida y defendida en los partidos comunistas europeos y latinoamericanos. Durante las siete décadas de existencia que tuvo la Unión Soviética, el partido mencionado elaboró una especie de esquema -casi obligatorio- para el estudio y difusión del marxismo. Ese esquema era respetado por todos los partidos comunistas del resto del mundo, incluido el Partido Comunista Mexicano. Ninguno de salía de este esquema; quienes militaban en esta clase de partido, debían someterse a este esquema doctrinario para la asimilación del marxismo. En la Unión Soviética, el pensamiento de Marx se convirtió en un dogma, y de la misma manera llegaba a todos los países donde había interés intelectual o conciencia política respecto del marxismo. Los partidos comunistas eran vigilantes que impedían el sometimiento de las ideas de Marx a la crítica, no permitían que sus militantes pensaran esas ideas por su propia cuenta; de lo contrario, eran expulsados y señalados con dureza y recibieron el castigo de no volver a pertenecer al partido. Fue la concepción doctrinaria de marxismo que impuso Stalin y se seguía al pie de la letra en cualquiera de los partidos mencionados.

Entre las obras que Marx escribió, hay una que parece responder de manera rigurosa a la necesidad de crítica de nuestro tiempo, ayuda mucho al examen de la problemática de la actualidad; se trata de la concepción materialista de la historia que ofrece en la Introducción –de noventa páginas- de un libro que no publicó en vida; ya estaba lista la tipografía en la imprenta, cuando el editor retiró el apoyo para la impresión; se trata del libro titulado La ideología alemana; apareció por primera vez en alemán, en 1938, y en español se publicó por primera vez en 1968. En dicha introducción, Marx presenta la concepción materialista de la historia, sociedad, trabajo, lenguaje, la conciencia, expuesta de manera admirable. Esos conceptos que ofrece referentes a estos problemas, son una valiosa orientación en el examen de los acuciantes problemas de nuestro tiempo, sin que necesariamente tuviéramos que convertirnos en marxistas; hace cuarenta o cincuenta años, por ejemplo, leer y discutir a Marx con otros estudiosos o militantes implicaba la exigencia -sutil o abierta-, de convertirse en marxista; muchos de quienes ya lo habían estudiado, consideraban que si no ocurría esta conversión ideológica de quienes leían a Marx por primera vez, entonces eran sospechosos de aficionados o reaccionarios, y señalados como “intelectuales pequeño-burgueses” incapaces de participación verdadera en la transformación del mundo y promoción de la lucha de clases, inclusive, señalado como enemigo de los trabajadores. En la actualidad es posible estudiar a Marx desde un punto de vista intelectual, considerarlo un teórico, sin el peligro de represión o amenaza de censura que predominaba hace medio siglo. Nada estaba permitido que tuviera algún parecido con la democracia socialista que proclamaban los dirigentes bolcheviques después de la muerte de Lenin, con Trotsky como representante del grupo que la proclamaba, al que pertenecían muchos hombres brillantes y consagrados a la construcción del régimen socialista en medio del hambre y penurias insufribles; por esa proclamación como figura de oposición dentro del Partido comunista, luego fueron acusados de contrarrevolucionarios, y después, juzgados, exiliados o ejecutados; muchos, simplemente sufrieron lo segundo, o desaparecieron en cárceles y campos de deportados.

Problema de la formación de conciencia obrera revolucionaria.

El planteamiento de marxismo de que todo conocimiento verdadero está orientado a la promoción de la lucha política entre las clases, era la responsabilidad que todavía hace medio siglo implicaba leer a Marx, con el respaldo ideológico de las conquistas sociales y progresos tecnológicos de la Unión Soviética; bajo ese dogmatismo, ocurrió mucho sufrimiento, se cometieron errores de parte de las dirigencias de los partidos comunistas contra algunos militantes que pugnaban por la democracia socialista; en México José Revueltas es el caso representativo de esa demanda; en muchas ocasiones, en Rusia y Europa central, la misma demanda se pagaba con la propia vida.

Durante mucho tiempo tuvo gran influencia política y militante, las tesis de Marx de la relación directa entre la conciencia de los trabajadores con sus intereses de clase. Marx creía que bastaba con explicar a los obreros su situación de trabajadores explotados, de la plusvalía que producían y desproporción de esto con un salario, y que de esa manera surgiría en ellos la voluntad de rebelión contra esa injusticia, con fundamento en la explicación de la relación entre producción de plusvalía y precio del trabajo asalariado. Sin embargo, debemos decir, que la relación de la conciencia con la realidad no es directa; Marx creía que sí lo era, o casi lo era. Entre la conciencia y la realidad hay una serie de mediaciones, un conjunto de intermediaciones, obstáculos y vacíos que hacen sumamente difícil la constitución de la conciencia de clase. No obstante, los marxistas el siglo XX imponían a otros o instauraron para sí, la creencia de que el interés en las ideas de Marx implicaba de manera automática el compromiso revolucionario para promover la formación de la conciencia revolucionaria de la clase trabajadora. De igual manera sabían que ese compromiso implicaba un esfuerzo descomunal, pero a la vez, creían que no había nada superior, que esa misión justificaba todos los sufrimientos, y que estaban justificados todos los sacrificios, porque se trataba de la liberación del hombre, de la liberación de los trabajadores que significaba -a su vez- la liberación de la humanidad, llegó a decir el propio Marx.

El trabajo: conciencia de libertad y acción universal.

Otro planteamiento de Marx de notable valor y grandioso referente teórico que ofrece en un escrito que parece nunca revisó y que quedó inconcluso; además lo extravío, lo dejó olvidado en París o Bruselas, cuando los gobiernos de Bélgica o Francia lo expulsaban de sus territorios bajo exigencia del gobierno alemán. Fueron encontrados en Holanda -al parecer, por Franz Mehring, el gran biógrafo de Marx- y publicados en alemán por primera vez en 1932, con el título que le dio el impresor: Manuscritos de 1844. En español se publicaron por primera vez en 1970. Se trata de ensayos que escribió a los 26 años; en ellos examina la naturaleza, el trabajo, la libertad, la enajenación, la propiedad privada. Un planteamiento central en esos Manuscritos es el que dice que el trabajo es la libertad del hombre frente a la necesidad que gobierna la naturaleza; frente a ella el hombre, es capaz de vivir sin someterse a sus leyes porque trabaja. El trabajo hace libre al hombre frente a la ciega necesidad natural: es la acción transformadora sobre la naturaleza para dominarla, transformarla y ponerla a su servicio. Los animales viven dominados por la necesidad ciega; viven su ciclo bajo las mismas pautas; si salen de estas pautas, perecen; si el entorno cambia, mueren. El hombre es capaz de adaptarse a todos los ambientes naturales, terrestres, aéreos, submarinos o subterráneos, inclusive, espaciales; esto último es formidable de manera extraordinaria. Marx aplaudiría la presencia y actividad del hombre en órbita: diría que el hombre es capaz de llevar su propio ambiente de vida fuera del planeta, lo cual es evidencia de las posibilidades de la acción humana. Que el hombre sea capaz de vivir fuera del planeta Tierra, es un portento, casi una revelación de actitud del trabajo en dimensión sobrehumana; es imagen del hombre cósmico que afirma y confirma la grandeza de su autonomía frente al resto del universo.

La universalidad del trabajo que menciona Marx en los Manuscritos de 1844, hoy en día, es objeto de fuerte cuestionamiento, inclusive, de negación de su validez. Hablar de una libertad irrestricta y absoluta del hombre frente a la naturaleza no tiene aceptación en nuestro tiempo; después de doscientos cincuenta años de sociedad industrial, de trabajo industrial y perfeccionamiento tecnológico continuo, está visto que el trabajo también destruye la naturaleza, la contamina, rompe los ciclos de lluvias y sequías que tardaron miles y miles de años de tiempo climático para configurarse; ha propiciado la contaminación con desechos industriales -altamente tóxicos- de ríos, lagos y mares; del aire y el subsuelo; también la desaparición de especies, producto de la evolución de la vida a lo largo de millones de años; de igual manera, el calentamiento de la atmósfera y superficie del océano, etc. Es inadmisible en nuestro tiempo que la libertad del hombre sea absoluta sobre la naturaleza, que pudiera hacer con ella todo lo que la acción humana sea capaz de ejercer sobre ella, y está visto que es capaz de la destrucción material del planeta Tierra, algo probado en los cálculos de von Neumann y otros matemáticos de genio inaudito, en los años de ensayo de la bomba de hidrógeno. Valga agregar que todas las armas nucleares de Estados Unidos y Rusia son bombas de hidrógeno.

El trabajo industrial, tanto el capitalismo como en el socialismo, ha infligido daños irreversibles a la naturaleza, a los ciclos de la vida de vegetales y gran variedad de especies animales; ha causado daños a la naturaleza de los que tal vez nunca se recuperará, de los que jamás logrará restablecer el equilibrio original en el frágil tejido entre los componentes de la maravillosa trama de la vida y su relación con el medio ambiente. Si los países capitalistas han hecho daño terrible al medio ambiente, en lo que fue la Unión Soviética el deterioro ecológico tuvo proporciones apocalípticas, de escándalo por el descuido y falta de responsabilidad como fue efectuada la explotación de la súper abundancia de los recursos naturales de todo tipo. La libertad del hombre, pues, no puede ser absoluta; la discusión de esto es otro desafío para los pensadores del siglo XXI, y tarea impostergable para el pensamiento de la época: ¿cómo conceptualizar la libertad en las condiciones del cambio de civilización que domina el mundo en el presente, con fuertes tendencias de continuación? En las condiciones presentes -y en el futuro inmediato-, la libertad del hombre sobre la naturaleza no puede representarse como irrestricta, que es la figura de libertad predominante y formal en cuestiones políticas, sociales, culturales, sexuales, laborales, etc. Sin embargo, si esa figura aún no carece de inviabilidad, tampoco puede aceptarse que sus efectos destructivos sobre la vida, cultura y sociedad permanecerían inalterables. Si el hombre debe ser responsable frente a la naturaleza, tiene que ser igualmente responsable con la sociedad, ante la economía, el trabajo o producción de la riqueza, ante el acceso a la información; tarde o temprano, las redes sociales y el internet serán sometidos a leyes. No puede seguir inalterable el libre acceso a la internet o el manejo de ella para divulgación de ciertas clases de información, o sustracción de ellas para usos ilícitos en actividades financieras, o en procesos electorales como se sospecha que ocurrió en las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos (2016; 2020). Es un principio de la política, cultura y civilización, no permitir la aparición de vacíos o debilidades en organización social y actividades humanas que atenten contra la seguridad del Estado y de las personas. La libertad social, política y cultural no puede ser irrestricta en adelante; las leyes que aparecieran en ese sentido, con seguridad provocarán marchas, protestas y plantones; sin embargo, esas probables leyes también provocarán cambios culturales en la comunicación y la interacción entre individuos, clases sociales y sociedades; en la concepción del hombre, la representación del mundo y de la vida, los derechos humanos -que tarde o temprano- serán afectados o restringidos mediante mecanismo sociales.

Pensamiento de Marx y nueva conciencia de la realidad.

En las décadas iniciales del siglo XXI, nada es tan importante en cualquier parte del mundo, como la preservación del medio ambiente, la preservación de especies en peligro de extinción, la conservación de los bosques, la lucha contra la contaminación de ríos, lagos y mares junto con la actividad de limpieza de ellos; estas preocupaciones y sentido de responsabilidad constituyen una ideología de alcance mundial, que afirma que no hay nada más importante que la conservación de la naturaleza y detener el cambio climático global. Se trata de un cambio cultural en proceso en todo el mundo.

Las alusiones anteriores y referentes a la Introducción de La ideología alemana y Manuscritos de 1844 merecen relacionarse con otro texto, un prólogo de valor extraordinario: el famoso Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política; son tres páginas, dónde están planteados -en unos cuantos párrafos-, la teoría de la revolución y la teoría de la conciencia, que son toda una concepción política de la historia , y filosófica de la conciencia. A lo largo del siglo XX, esa tesis de la conciencia fue discutida de manera exhaustiva y abundante. En las teorías de la sociología del conocimiento y psicología social. Respecto de la revolución, dice Marx que aparece cuando ocurre -de manera irreconciliable e insoluble por vías democráticas y reformistas-, el conflicto entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Cuando ese conflicto se vuelve insostenible, aparece la lucha de clases y surge la revolución. La teoría de la conciencia dice “no es la conciencia la que determina al ser social, por el contrario, es el ser social lo que determina a la conciencia”; con estas dos frases, Marx ofrece la solución de un viejo problema filosófico: el origen de la conciencia. ‘Los seres humanos somos conscientes; los animales, no’; ‘los hombres tenemos la conciencia porque vivimos en condiciones sociales’; ‘la interacción entre los hombres hace posible el lenguaje, el lenguaje hace posible la expresión del pensamiento y la comprensión de otros pensamientos y de esa manera evoluciona o se constituye la conciencia’. Esta tesis es una aportación filosófica de Marx.

Marx, revolucionario en una época revolucionaria.

¿Qué fue Marx? ¿filósofo, sociólogo, economista, político, antropólogo? En el siglo XX, se decía “Marx fue un revolucionario”; en efecto, en su tiempo, fue un luchador en defensa de los intereses de la clase trabajadora. El pensamiento de Marx tiene ese carácter eminentemente revolucionario, por una razón poderosa: fue testigo de seis revoluciones, pensó su época, y tuvo que pensar de manera política, dialéctica y revolucionaria. Nació en 1818 y murió en 1883; su vida transcurrió en un ambiente de revoluciones; en ese lapso de tiempo, acontecieron revoluciones en Europa, como la de 1830 en Francia; la revolución de 1848, en Francia y Alemania; la revolución de 1835 en Serbia, que logró independizarse del Imperio Turco para luego pertenecer al Imperio austro-húngaro de los Habsburgo; la revolución 1820-1830, que fue la guerra de independencia de Grecia respecto del Imperio Turco, y la guerra de 1870 entre Francia y Prusia, guerra perdida por los franceses; luego de la derrota, la población de París organizó la resistencia para impedir la ocupación de la ciudad por parte del ejército vencedor; fue derrotada, y luego los ciudadanos que había participado en aquella lucha fueron ejecutados; se estima que fueron fusilados veinte mil parisinos por las tropas prusianas. Mediante estas consideraciones es posible constatar que la época que vivió Marx fue una época de revoluciones, de luchas obreras. Creía que esos acontecimientos eran las coyunturas que -de manera relampagueante-, llevaban a la clase obrera a tomar conciencia revolucionaria. Tuvo ocasión de constatar que no era fácil interesar a los obreros , organizarlos en la participación en luchas revolucionarias verdaderas; no era fácil que aceptaran las discusiones políticas revolucionarias, y participar en ellas. Después de ver de cerca la revolución en Viena, y las dificultades enormes para promover la organización política de los obreros de manera directa, decidió dedicarse en cuerpo y alma al estudio de la formación económica del capitalismo mercantil, industrial y bancario.

Luego de la derrota de la Comuna de París en 1871, ‘algo’ cambió en Marx. La derrota de la lucha popular lo afectó de una manera que sólo puede suponerse. Marx no llevaba un diario, no escribió sus memorias y menos, una autobiografía. Aquella derrota popular lo afectó de tal manera, que comenzó a entrar en el silencio; casi dejó de escribir, no continuó la organización de notas y apuntes de los subsiguientes tomos de El Capital, tampoco revisó el resto de su obra. ‘Algo’ cambió en su subjetividad, y entró en una especie de retiro anticipado de todo, que duró los últimos diez años de su vida. A fin de cuentas, podemos decir que Marx fue un revolucionario porque vivió una época revolucionaria.

Presencia indispensable y luminosa.

En los últimos tiempos, han aparecido muchos comentarios impugnadores de Marx; algunos son tendenciosos, descalificativos, irreverentes y hasta groseros; y casi nadie lo defiende. Sin embargo, Marx no necesita que alguien lo defienda. El valor de su obra está demostrado, está en la historia del pensamiento y hubo un momento en que contribuyó de manera decisiva en los esfuerzos titánicos del pueblo ruso y Partido bolchevique para la creación de un nuevo régimen político, inédito en la historia del hombre. Su contribución a la comprensión del trabajo como mediación y acción del hombre para la construcción del mundo histórico y social, y reconocimiento de la conciencia y significado de las posibilidades del hombre, son conceptualizaciones y teorías que superan cualquier argumentación tendenciosa, o de buena o mala fe. El rigor de su pensamiento resiste cualquier prueba. Dan pena ajena los profesores de economía que enseñan a sus estudiantes de economía, que El Capital es una obra anacrónica, o que no ofrece gran cosa para el examen del capitalismo de la época contemporánea. Por lo tanto –dicen- mejor no lo revisamos, y dediquémonos a la econometría del mercado, o del consumo, mercadotecnia o ingeniería financiera. Para ellos, es mejor y más conveniente hacer econometría que teoría de la economía. Estas son concepciones que predominan en muchas escuelas de economía, de relaciones internacionales, de comercio exterior, etc. Las principales conceptualizaciones y grandes teorías de Marx son susceptibles de desempeñarse como fuentes iluminadoras y fundamento de la crítica de problemáticas de nuestro tiempo, simplemente por el rigor metodológico.

Pensar histórico, pensar dialéctico.

Marx dejó un legado perenne: el modo de pensar históricamente; es una enseñanza incontrastable para entender los problemas histórico-sociales del mundo pensarlos históricamente, desde los más complejos hasta los más elementales. Dice que la mejor manera de investigarlos y aproximarnos a ellos es pensarlos históricamente. Pensar históricamente quiere decir examinar la constitución del objeto mediante la determinación de actos o figuras de su movimiento o mostración de resolución de sus contradicciones. Eso es pensar históricamente. Eso es pensar dialécticamente en sentido estricto. Entonces, pensar históricamente es reconstruir el movimiento del objeto sometido a investigación mediante las categorías dialécticas; eso es la misión del pensar históricamente. Se trata de las categorías de:
negatividad;
devenir, y,
totalidad concreta.

Esas categorías en movimiento son el pensar histórico, o pensar de manera dialéctica. El examen de un objeto que lo presenta en su negatividad, devenir y como totalidad concreta, es examen que conquista el concepto del objeto, que lo presenta en su verdad. Este método configurado por Marx no ha sido superado, y tal vez nunca sucederá esa superación, porque no es necesario buscar un método de investigación social susceptible de “ir más allá” de la objetividad dialéctica. El legado metodológico de Marx es un modo científico de compresión del mundo histórico y de la acción de la libertad más allá de la objetividad. Este argumento da origen a la siguiente pregunta: ¿hay más verdad más allá de la objetividad? Y también a otra: ¿puede haber más verdad de lo social, lo cultural, lo político, lo educativo, lo histórico, más allá de la conceptualización dialéctica de esos objetos? Creo que la respuesta es no.

Pensamiento de Marx y ciencia universal.

Descartes en el siglo XVII, expresó que la misión del conocimiento es encontrar la geometría perfecta de los hechos del mundo de manera matemática; a esa misión y manera de pensar, la llamó mathesis universalis, ‘matemática universal’.

Es posible decir que los hombres que han vivido el siglo XX y lo que va del siglo XXI, han sido testigos de un hecho cultural extraordinario, maravilloso, y que consiste en lo siguiente: el hombre ha agotado sus posibilidades de conocimiento de la naturaleza. Mediante la Teoría de la relatividad de Einstein, el hombre ha llegado al límite del conocimiento de la naturaleza. No es posible suponer que habría un conocimiento más perfecto de la materia y energía que el postulado por la Teoría de Einstein. Demostró que el pensamiento matemático ha llegado a sus límites. Esto es maravilloso; él mismo lo dijo: no son posibles nuevas matemáticas más allá de las matemáticas que fundamentan la Teoría de la relatividad. El hombre ha llegado al límite del pensamiento matemático o formal. Esto es maravilloso. En cuanto a la historia y sociedad, no habrá un conocimiento más perfecto de esos objetos que el ofrecido por la dialéctica. Esto también es maravilloso. Estos son los verdaderos paradigmas que representan las más elevadas aportaciones de la consideración epistemológica sobre condiciones, posibilidades y limitaciones del conocer científico de la realidad, de los objetos reales. Dialéctica y Teoría de la relatividad son los paradigmas supremos del conocimiento humano, y no habrá más. Es sabido que la filosofía fenomenológica de Husserl es una avanzada teoría descriptiva de la conciencia pura, esto es, desconectada de la experiencia, y que Husserl primero estudió matemáticas y que avanzada su juventud, inició el estudio de la filosofía; la fenomenología trascendental ha sido señalada como evocadora o sugerente de cierta estructuración matemática de la conciencia, inclusive, de ofrecer sus planteamientos descriptivos con el rigor y precisión del análisis matemático; en cierta manera, la filosofía husserliana “hace justicia” a la tesis cartesiana de la Mathesis Universalis.

Con relación al planteamiento anterior, parece que el hombre ha logrado la conquista de esa mathesis universalis en la confluencia paradigmática de la dialéctica y Teoría de la relatividad. Más Allá de esta coincidencia, no tiene sentido hablar de paradigmas diferentes. La conexión de este planteamiento con el legado teórico-metodológico de Marx es evidente, y que en nuestro tiempo denominamos teoría de la ciencia histórico-social. A diferencia de esta posibilidad que abriga nuestro tiempo, en la época de poderío ideológico, político y militar de la Unión Soviética, la interpretación oficial del marxismo que impuso el Partido comunista soviético fue su significado revolucionario y promotor de acción revolucionaria a quienes decidían involucrarse con el marxismo. Fue la época en que en predominaba la concepción dogmática del marxismo como instrumento para hacer ‘praxis revolucionaria’, para formar la conciencia política revolucionaria en la clase trabajadora mediante partidos comunistas nacionales leales al de la Unión Soviética. También debe decirse que la primera compilación de los todos los libros y ensayos de Einstein como obras completas y con propósitos de traducción, se hizo en Rusia; la intelectualidad el régimen reconocía cierta conexión de la Teoría de la Relatividad con el materialismo dialéctico.

Infelicidad y pensamiento de Marx.

Otra importante aportación de Marx es la que se conoce como teoría de la cosificación. No se refirió a esta teoría de la manera como aquí será expresada, pero la conexión de los significados es evidente. Esa teoría habla -de manera indirecta- de la infelicidad, desdicha y sufrimiento, y esto es componente de la condición humana, de la tragedia del individuo, de la existencia insoportable o absurda. Las figuras de la cosificación que Marx menciona son:
enajenación;
alienación;
mistificación, y,
fetichización.
En nuestro tiempo es posible decir que éstas son las figuras del dolor, del sufrimiento. Marx no admitió está cualidad de manera específica en sus escritos, pero es indudable que la contienen.

La enajenación es concepto del despojo de la esencia propia, del hurto de lo que es propio de alguien porque es hecho por ese alguien. En cuanto a la clase obrera, Marx dice que es enajenada o despojada del producto de su trabajo; el trabajador es enajenado del producto de su trabajo.

La alienación es sentir o creer que ‘se es otro, creerse otro’; los obreros tienden a renunciar -o renuncian de hecho- a su posición en la clase trabajadora y a los intereses propios o específicos de la misma clase para sentirse pertenecientes a otra clase social que no es la de ellos, porque histórica y socialmente son trabajadores.

<en<mistificación< em=””> es el acto en que parece que los objetos -o mercancías-, cobran vida propia. La conciencia mistificada atribuye movimiento propio a los objetos, movimiento que se dirige contra sus productores, los obreros, dañándolos mediante el alejamiento de la verdadera identidad con los intereses específicos de la clase trabajadora. En nuestro tiempo, esa mistificación se muestra en las multitudes fanáticas de la actualización tecnológica de la comunicación y manejo digital de la información, muchas veces inducida por la mercadotecnia de la imagen virtual. Los objetos tecnológicos digitales entonces cobran vida propia y dominan la conciencia de individuos, grupos y clases sociales, o de las multitudes de consumidores o admiradores, y se apoderan de ellos, porque su conciencia lo permite y desea. </en<mistificación<>

La fetichización.

Marx escribió en el tomo primero de El Capital sobre la fetichización de la mercancía. En términos antropológicos, el fetiche es un objeto que es asumido como sustitución de un objeto real, de una persona a quien se desea hacer un bien o un mal. Es un acto de tipo mágico, es creencia en la eficacia de la magia. La creencia en el fetiche es la deformación extrema de la relación deshumanizada de un individuo con la realidad del mundo o con otra persona, como la fetichización del deseo sexual. En nuestro tiempo, la tesis de la fetichización es un marco teórico importantísimo para investigar la enorme influencia y gran importancia que tiene la imagen virtual en la conciencia individual y colectiva. Es una tesis que permite la mejor aproximación para la determinación de la influencia de los efectos de esa clase de imágenes y deseos artificiales en la conciencia contemporánea.

Vida personal de Marx.

En el siglo XX aparecieron muchas biografías de Marx. La vida personal de este gran hombre tuvo momentos trágicos, tristes y dolorosos; son aspectos que no fueron examinados en la época de vigencia del marxismo-leninismo-stalinismo: el Partido comunista de la URSS no lo permitía, a nadie, y nadie que tomara en serio a Marx pensaba en la ‘subjetividad y vida emocional’ del titán del pensamiento dialéctico y revolucionario. Por lo pronto, no es posible saber si existen documentos personales de Marx -prohibidos o desconocidos sobre su vida interior-; pero en el caso de no haberlos, esa clase de vida podría inferirse mediante las teorías de la historia que tienen fundamento en concepciones de la experiencia, libertad y vivencia. Debo decir que, en 1975, apreció el libro El desconocido Karl Marx, recopilación de documentos por Robert Payne (1911-1983) y que contiene el texto “Breve bosquejo de una vida memorable”, de Jenny von Westphalen, la esposa de Karl Marx; el original fue escrito -dice el autor inglés- en el verano o el otoño de 1865; también dice que “el manuscrito consistía en treinta y siete páginas de escritura menuda, de las cuales se conservan veintinueve. Es probable que las ocho páginas que faltan fuesen arrancadas y rotas por su hija menor Eleanor, de quien se sabe que tuvo en su poder el manuscrito después de la muerte de su padre,(…)
El encanto de las breves y fragmentarias Memorias de Jenny Marx reside en su sinceridad directa y natural. Nacida en la riqueza, vivió en la más absoluta pobreza casi desde el momento de su boda, y ella detestaba la pobreza con todas fuerzas de su ser. (…)
Jenny debía tener alrededor de cincuenta y un años cuando escribió sus Memorias (…)

… no es tanto un relato de su propia vida como una descripción de la familia Marx durante su época de tribulaciones”.

Bibliografía


1 Transcripción de la grabación de la conferencia sustentada el 8 de mayo de 2018; al transcribir la exposición oral a texto, se hicieron las correcciones de estilo necesarias en favor de la sintaxis.
2 Ro. Payne. El desconocido Karl Marx. Ed. Bruguera, 1975, pp. 121-122.
3 En marzo de 2018 apareció el libro de Carlos Illades, El marxismo en México. Una historia intelectual. Ed. Taurus; llena satisfactoriamente el vacío que menciono; no conocía esa obra cuando escribí esta semblanza.
4 Abbagnano, N. Diccionario de filosofía. Ed. FCE, 1974, p. 180.
5 Ferrater Mora, J. Diccionario de filosofía, t. 1. Ed. Ariel, 1994, p. 597.
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