Noticia biográfica
Aclaración previa.
La mayor parte de la nota biográfica es resumen de la información historiográfica del Maestro Rafael C. Haro, contenida en el libro El Maestro Rafael C. Haro. Ensayo biográfico, de Miguel Angel Martínez Ruiz, y publicado por la Escuela Normal Urbana Federal de Morelia, en 1994; la información en párrafos marcados con asterisco, son datos responsabilidad del autor de esta semblanza, provenientes de otros documentos, y conversaciones personales con el Maestro Haro.
Rafael C. Haro nació el 8 de julio de 1897, en Mazamitla, Jalisco, hijo de Pablo Haro Barragán y María H. Contreras.
En 1905 empezó su educación primaria; la terminó en 1911 con honores, bajo la dirección del profesor Hilario de Jesús Fajardo, mediante examen público de conocimientos; para esa época ya dominaba el esperanto, lengua universal; como premio a su brillante examen, el prefecto del distrito de Jiquilpan le otorgó una beca para cursar el bachillerato en Morelia.
En 1912, a los 15 años, ingresó al Colegio Nicolás para cursar la enseñanza preparatoria, donde destacó de manera notable en las matemáticas y estudio de la lengua y literatura francesas.
En 1915 recibió su primer nombramiento de profesor rural; fue comisionado a la población de Cuitzeo del Porvenir; el partido católico nacional junto con el clero político publicó, en un periódico de Morelia, falsedades sobre supuestos actos sacrílegos del joven profesor; tiempo después, fue comisionado como profesor auxiliar en la escuela oficial de niños número 2, en Zamora, Michoacán.
En 1916, el presidente municipal de Jiquilpan nombró al profesor Haro director de la escuela oficial de San José de Gracia, como respuesta a la petición de Rafael C. Haro; en mayo de 1918, el bandolero Inés Chávez García tomó e incendió el pueblo; gran parte de los pobladores se trasladaron a Guadalajara, entre ellos el profesor Haro; en esa ciudad estableció una escuela particular para atender a los niños obligados a emigrar; es la época de la consolidación de su disciplina por el estudio y la definición de su relación con el conocimiento a través del autodidactismo; la evidencia de esto es el “Cuadro esquemático de mi arte literario predilecto“, bajo el lema “Arte, Verdad y Libertad“, concepción del verismo estético, la poesía lírica y el teatro; en ese cuadro esquemático refiere sus estudios científicos predilectos: filosofía, filología castellana, historia y sociología; biología, ciencias físicas y ciencias matemáticas, todo esto plasmado por el maestro en un cuadro trazado con caligrafía magistral, a la edad de 19 años; el Maestro Haro gustaba de referir su satisfacción por el agrado que le proporcionaba el estudio de las matemáticas, desde la época de su adolescencia.
En 1920 regresó al pueblo de San José de Gracia, para reanudar las actividades de su escuela; en el período que abarca hasta 1927 tradujo a Racine, escenificó a Calderón de la Barca y escribió teatro para la educación popular; en ese año, con su obra “Rebelión” ganó el primer lugar en el concurso literario convocado por la Unión de Autores Dramáticos y el periódico El Universal Ilustrado, de la ciudad de México.
En 1928 Rafael C. Haro tenía 31 años; es la época en que llegó a Morelia, y fue nombrado profesor de lógica y ética en la escuela normal dependiente de la universidad michoacana; tiempo después fue nombrado profesor de etimologías grecolatinas en el Colegio de san Nicolás; con el paso del tiempo impartió otras materias en esas dos instituciones, de las que hizo proyecto de vida y aportación a la sociedad, como lengua y literatura castellanas, literatura universal, literatura mexicana, español superior, introducción a la filosofía, estética, lógica ética y psicología, entre otras.
En 1935, a los 38 años, contrajo matrimonio con Evangelina Martínez Flores, matrimonio del que nacieron tres hijas, llamadas Martha, Evangelina y Margarita. Fue la época de su breve estancia como analista en las oficinas del Banco de México, en la capital del país.
Miembro de la Asociación Americana de Maestros de Lengua y Literatura Española y Portuguesa, participó en el Primer Congreso Iberoamericano de Lengua Castellana, realizado en la ciudad de México, en 1938.
*En febrero de 1942 pronunció el discurso oficial en la ceremonia protocolaria de otorgamiento de doctorados honoris causa, de la Universidad michoacana de san Nicolás de Hidalgo a los físicos norteamericanos asistentes al Primer Congreso Interamericano de Astrofísica; importantísimo texto donde el maestro Haro expone de manera sistemática, reflexiones sobre la filosofía de la historia, ética y cultura, la misión de la universidad, y la historia y el ideal de humanidad, en el contexto de la guerra europea, y donde hace una reflexión valorativa de Nietzsche.
*El 6 de mayo de 1952, aniversario de la fundación de la Escuela Normal Urbana Federal, pronunció el discurso oficial en representación de los maestros de la escuela, importantísimo texto donde el maestro Haro hace una valoración crítica de las políticas educativas de la época, de distinguidos egresados de sus aulas, sobre el ideal de la Escuela Normal, el ideal superior de educación, la esterilidad de los enfrentamientos magisteriales, la misión de la universidad, la referencia a los valores como nutricios de la inmortalidad del espíritu, y del concepto superior de la vocación de ser maestro.
*El 30 de julio de 1953, pronunció el discurso oficial del acto de aniversario del sacrificio de Don miguel Hidalgo y Costilla, importantísimo texto donde refiere la importancia de la lucha libertadora del padre de la Nación Mexicana, y sus principios cívicos, democráticos y cristianos, los abusos de los conquistadores, la vocación de libertad como sentido de la vida histórica de México; los problemas de la formación del hombre en el mundo contemporáneo, la alta misión política de la universidad, y la importancia del trabajo constructivo de la humanidad.
En 1953 fue nombrado Doctor Honoris Causa de la Universidad michoacana de san Nicolás de Hidalgo, en reconocimiento a sus “prominentes méritos académicos.”
En 1962 fue nombrado Maestro Emérito de la universidad michoacana y asesor de la facultad de altos estudios “Melchor Ocampo”, por iniciativas del rector Elí de Gortari.
En 1963 asistió como representante de la universidad michoacana al XIII Congreso Internacional de Filosofía, en la Ciudad de México.
En 1965 recibió la medalla “General Alfredo Elizondo” establecida en ocasión del cincuentenario de la fundación de la Escuela Normal Urbana Federal; en ese mismo año se desempeñó como profesor fundador en el Instituto Tecnológico Regional de Morelia.
*El 6 de mayo de 1969, aniversario de la fundación de la Escuela Normal Urbana Federal, pronunció el discurso oficial en representación de los maestros de la escuela, donde hizo un examen crítico y riguroso de la crisis de la educación nacional, y la valiente denuncia de las injusticias y opresión; hizo el reconocimiento del elevado sentido de humanidad de la vocación magisterial en la evocación de José Angel Ceniceros.
*En 1972 recibió la presea “Generalísimo Morelos”, en ocasión del aniversario de la fundación de Morelia, máxima distinción que otorga el gobierno de la ciudad; en su mensaje de aceptación, evocó el significado histórico y el ideal de vida popular contenidos en los Sentimientos de la Nación, frente a las amenazas de la guerra fría y de las ambiciones imperialistas; es un mensaje de humanidad y pacifismo, a la altura de Bertrand Russell.
*En 1973 participó en la fundación de la Escuela Normal Superior de Michoacán como coordinador de la licenciatura en lengua y literatura castellanas, función que desempeñó hasta 1978; en el segundo semestre del año escolar 1973-1974, fue profesor provisional de la primera generación de la escuela de filosofía de la universidad michoacana, que trabajaba en un aula de la planta alta del Colegio de san Nicolás.
*En julio de 1981, se retiró de la docencia cumplida en la universidad michoacana y en la Escuela Normal Urbana Federal, después de casi siete décadas de magisterio ejemplar.
El 15 de diciembre de 1985, pronunció el discurso inaugural del monumento al General Lázaro Cárdenas del Río, en Morelia, quien fuera su condiscípulo en la escuela primaria oficial de Jiquilpan.
El Maestro Rafael C. Haro falleció el 30 de julio de 1990, a los 93 años, en la ciudad de Morelia; luego de ser velado en la Escuela Normal Urbana Federal y en el Aula Mater del Colegio de san Nicolás, fue inhumado en el panteón de Jardines del Tiempo, en la cripta que compró -solía decir- “para ver a Morelia desde la loma”; poco más de un año después, junto al Maestro, fue inhumada la señora Evangelina Martínez de Haro.
Mayo es la época propicia para el reencuentro de los profesores normalistas con la Escuela Normal Urbana Federal. Es la época en que festejamos su existencia, celebramos su actividad y admiramos su larga juventud. Todo esto da ocasión para reencontrarse también con maestros y amigos y confrontar la acción cumplida, con los propósitos formativos asumidos durante los años de aprendizaje en esta institución. Mayo también es la ocasión de vivir la ilustre presencia y la grata memoria del Maestro RAFAEL C. HARO. En la Escuela Normal Urbana Federal como en el Colegio de San Nicolás, se proyectan la vida y la acción del maestro que identificó su vida con el conocimiento y estudio, con la honradez intelectual y ciudadana y con la alegría de vivir. Estas instituciones, tan queridas para él, se definieron y organizaron en su momento, por la actividad docente que cumplió el maestro. En ellas puso siempre de manifiesto su devoción por la verdad; fue esta devoción la que llevó a muchos jóvenes a identificarse con la Escuela Normal, o con el Colegio de San Nicolás. Su cátedra en estas escuelas siempre fue una invitación para que los jóvenes afirmasen su identidad en la asunción y examen de los problemas de nuestro país y de la educación, en las convicciones por el humanismo y defensa de la libertad.
Recordamos con emoción la figura del maestro, asiduo caminante y risueño contemplador de los detalles de jardines y plazas, de edificios y calles; recordamos con emoción al maestro del coloquio ameno, de la plática risueña, del diálogo fecundo, de la conversación inagotable, del monólogo cautivante, del parlamento ilustrante en los momentos en que recitaba párrafos de Calderón de la Barca lo mismo que del Fausto de Goethe. Recordamos el rostro del maestro, del que jamás desaparecía la sonrisa irónica, al estilo de su admirado Voltaire. Recordamos con emoción los encuentros de nuestra mirada con la suya, y el regocijo y entusiasmo que despertaba en los jóvenes saberse mirados y atendidos por un hombre de semejante sabiduría. En esos mismos jóvenes, siempre fue mayor la alegría que invitaba a la veneración por su plena sencillez, evidenciadora de su profundo humanismo.
El tiempo ha pasado y la vida, continuado. El encuentro juvenil y explayante con Rafael C. Haro se ha convertido en los esfuerzos continuadores del cuestionamiento de la realidad, con el rigor conceptual que el maestro enseñaba para orientar el descubrimiento de nuevos horizontes. Esas enseñanzas del pasado, prolongadas en los esfuerzos críticos del presente, unen a los maestros de ayer y hoy, unen a los normalistas convocados a su aula mater, y nos aproximan a un pensamiento común, consistente en la confianza en un mundo mejor y favorable a la acción constituyente de un futuro sensible, racional y humanizado, que a veces parece esfumarse para siempre. Esto es el sentido de estos reencuentros, porque Rafael C. Haro ha sido la demostración viviente de la seguridad en nosotros mismos, como posibilidades de libertad y en nuestra conciencia como relación con el mundo mexicano.
Su vida ilustre transcurrió en un siglo que ahora entra en su etapa final; culmina una centuria de agobiantes y tremendos problemas, como el desconcierto que priva en México, el desconsuelo y la tristeza que amenazan con volcarse sobre amplios sectores de la población, mayoritariamente pobres; como las confusiones de las ciencias sociales, por la indecisión que muestran ante la crisis de la cultura y pérdida de orientación histórica de las naciones, ricas o pobres; como la incompatibilidad de las formas de pensamiento social y la lógica mercantilizada de la realidad con la dignidad. Estas son algunas de las características del siglo XX que se agota. A cualquiera le causa malestar saberse inmerso y perteneciente a semejante mundo histórico. Todos sabemos que es necesario el apoyo y orientación de los hombres intelectualmente grandes, y moralmente ilustres, para abordar el examen de esas trágicas cuestiones. Estos hombres no abundan, y Rafael C. Haro está como un poco ausente. Esta ausencia induce otros sentidos y posibilidades rebosantes de vida, generosas en su impulso renovador y prometedoras de profundos pensamientos y acciones innovadoras. Lo permanente de su acción, trascendió a nosotros y está aquí, como experiencia vivida y sedimentada en nuestras conciencias, y en el devenir de la Escuela Normal Urbana y del Colegio de San Nicolás. Esta misma acción se identifica con el crecimiento de la cultura y la historia de nuestra ciudad.
La acción de nuestro querido maestro siempre expresó la autenticidad del compromiso vital con la enseñanza y la reflexión, junto con la preocupación, muchas veces mostrada, por las condiciones sociales de los desposeídos y marginados, de aquellos que ni siquiera saben que lo único que tienen es la fuerza de trabajo para sobrevivir, y que forman parte de las condiciones históricas y situaciones sociales de nuestra ciudad, de su amada Morelia.
Hoy en día, nos sabemos agobiados por conflictos sociales y nos sabemos inmersos en problemas históricos de México y del mundo, que nos impulsan a solicitar orientación y consejo. Ya no podemos preguntar a la persona del maestro, ni escuchar la sabiduría de sus respuestas referentes a los problemas que plantea la realidad. La ausencia de nuestro maestro es acongojante, pero también es la evidencia de la profunda sabiduría de su tiempo vivido, lo cual siempre se proyectó en sus amadas escuelas, en sus estudiantes como confianza en las posibilidades de pensamiento y acción de quienes escuchamos sus lecciones. Esta congoja por su ausencia se resuelve como reafirmación de su presencia en nosotros y en sus escuelas. Su presencia y vida trascendentes se manifiestan y reafirman en las aportaciones que hacen a la cultura y devenir de la sociedad, los egresados de escuelas que el maestro amó de manera entrañable. Sí, es posible recrear las enseñanzas del maestro; interroguemos esas actividades y refiramos las respuestas a las aterradoras preguntas sobre la lógica siniestra y comportamiento despiadado de las leyes alienantes que rigen el presente mundo histórico… Sí, es posible la recreación de las enseñanzas del maestro, en tanto reconozcamos la síntesis unificadora de las experiencias y orientación de nuestras vidas y queridas escuelas, con las enseñanzas y prístina ejemplaridad que Rafael C. Haro dejó en cada uno de nosotros.
Recuperar la experiencia vivida con el maestro, es una condición primordial para orientar los esfuerzos tendientes a comprender la realidad de México y crítica del mundo, para asumir las repercusiones últimas y significados profundos de implicaciones sociales de la práctica docente, y de nuestras relaciones con el mundo y con nosotros mismos.
Nunca olvidaremos al maestro Haro. Mientras existamos, estará presente y actuante en nosotros. Por esto, nuestras existencias individuales, aparecen como existencias privilegiadas por la experiencia de la relación vigorosa y entusiasta con el maestro. Esta experiencia nos ha posibilitado para reconfigurar el sentido de la relación con la práctica docente, con la Escuela Normal Urbana, con la acción social que cumplimos en los centros de trabajo, con los compañeros y profesores normalistas, con nuestras relaciones personales, con el conocimiento y acción cultural que efectuaremos bajo la inspiración de la grata memoria del maestro.
Estudiar con de los grandes maestros compromete con ellos; compromete con ellos para engrandecer la existencia individual, involucrada con los grandes problemas de la Nación Mexicana y extender los horizontes y contenidos de la experiencia vital. Los grandes maestros son trascendentes, porque han ayudado a otros a descubrir sus posibilidades, a construirse un proyecto de vida personal y donar sentidos originarios a la función social que cumplen. Bastantes egresados de la Escuela Normal y Colegio de San Nicolás, vivimos esa experiencia, vivimos la relación con un gran maestro. No cabe duda, tuvimos un gran maestro, conocimos un gran hombre, grande porque nos permitió aprender que en la sencillez reside el sentido profundo de la vida; la grandeza de esta experiencia ilustre nos fortalece, orienta y define. En esto consiste la herencia común, de acceso voluntario, que lega Rafael C. Haro. Es una herencia que preservaremos y que desde ahora empezamos a enriquecer, con nuestro mejor pensamiento y honesta acción. La enriquecemos en tanto hagamos de esa experiencia vivida, la condición para la expansión de tan precioso legado hacia nuestra docencia del presente y futuro inmediato, hacia las instituciones donde laboramos, y a la acción social que cumplimos en favor de las aspiraciones históricas del pueblo mexicano.
Los egresados de la Escuela Normal Urbana y del Colegio de San Nicolás, somos depositarios de un gran ejemplo de sencillez, honradez y compromiso, que inspira profundamente la crítica de prácticas sociales confusas o injustas, y de las relaciones conflictivas con el mundo; de las concepciones ideológicas propiciatorias de la inconformidad y desgarramiento de las relaciones de la conciencia con la realidad social, con el presente y con la historia de México. Esta misma ejemplaridad, genera el compromiso con el esfuerzo por el mejoramiento del mundo del hombre. Este compromiso se establece porque Rafael C. Haro formó en nosotros la aptitud de la indignación y protesta por las atrocidades de los poderosos y sufrimiento injusto; generó en nosotros la identidad con la justicia como sentido profundo de la sociedad y cultura mexicanas; siempre ironizó los abusos y prepotencia de los explotadores y codiciosos, de los destructores de la naturaleza y enemigos del hombre. Nos enseñó que la virtud consiste en la lucha por la vida justa, en libertad que se autolimita mediante la razón, y porque el maestro siempre mostró creer en la posibilidad de un futuro mejor, fincado sobre un presente donde no se tiene derecho a permanecer en la indiferencia frente a la injusticia y opresión.
Donde había luz, ahora hay más luz. Es porque ahí está Rafael C. Haro. Ese lugar puede ser una cintilación en lo profundo de nuestras conciencias, a la vez que un resplandor estelar. Esa luminosidad nos alcanza y envuelve, se proyecta en nosotros y refleja hacia delante y hacia lo alto, porque nosotros, la Escuela Normal Urbana, la Universidad Nicolaita, somos la continuidad de la vida trascendente del maestro Rafael C. Haro.
Texto de la conferencia dictada en la Escuela Normal Urbana Federal de Morelia, Michoacán, en diciembre de 2003.
Damas y caballeros;
agradezco la inmerecida invitación que me hizo el comité organizador instituyente de esta cátedra de excelencia, para participar en este solemne acto de homenaje a uno de los más ilustres mexicanos del siglo XX; es un evento que honra y enaltece la dignidad de la Escuela normal urbana federal y de la Universidad michoacana de san Nicolás de Hidalgo, de la ciudad de Morelia, de Michoacán y la nación mexicana.
La instauración de la Cátedra Rafael C. Haro es motivo de orgullo y satisfacción para las instituciones que la hacen posible, y de inmensa alegría, porque es ocasión de volver a vivir la ilustre presencia y la grata memoria del Maestro Rafael C. Haro; hoy aquí, en esta Escuela normal urbana federal, se proyectan la imagen y la acción del Maestro que identificó la vida con el conocimiento y el estudio, con la sencillez vital y la honradez intelectual, con la alegría de vivir, con el ejercicio del magisterio, la constitución del humanismo y el amor por la humanidad.
La Escuela Normal formadora de maestros y el Colegio de san Nicolás, aparecen como instituciones que se definieron y organizaron en su momento, por la actividad docente que en ellas cumplió el Maestro; en ellas siempre demostró su devoción por la verdad; su cátedra en estas escuelas, fue una invitación para que la juventud construyera su identidad mediante la asunción del compromiso con los problemas de nuestro país y de la educación, mediante las convicciones por el humanismo y defensa de la libertad.
Este acto aparece como un momento de solemnidad vital, envuelto por la alegría de la vida plena de un hombre que siempre vivió orientado por el saber y la enseñanza; y la relevancia de este acto, alcanza un significado tan serio como extraordinario, porque es un acontecimiento promovido por ciudadanos que asumen la tarea de mantener vigentes y activos a los humanistas de México, de reconocer la obra de la vida y aportaciones extraordinarias de individuos consagrados a la actividad educativa, mediante la formación del hombre destinada a impulsar a los pueblos hacia la conquista de sus ideales históricos. La formación de maestros en estas convicciones era parte de las elevadas metas que el Maestro se proponía con sus enseñanzas; eran parte de su vocación de vida y servicio a la sociedad.
ILUSTRACIÓN Y VOCACION
El Maestro Haro siempre creyó en la vocación; cuando niño-adolescente, declaró su interés por dedicarse a la enseñanza, y decidió hacer de su vida, una obra realizadora de la vocación de ser maestro, una realización que iluminó la cultura mexicana con su trayectoria de maestro ejemplar, que prácticamente alcanzó las siete décadas.
El Maestro Haro reconoció en la vida un privilegio, y correspondió a ese privilegio con la configuración de su proyecto de existencia como vida dedicada a la lectura y meditación, a la enseñanza y alegría de vivir.
La síntesis de su existencia aparece como la trayectoria de un hombre ilustrado; el Maestro Haro es un representante magnífico de la ilustración mexicana, porque creyó en la razón y su potencial enaltecedor y humanizante; aparece como un representante ejemplar de la ilustración michoacana, porque constituyó su magisterio y sabiduría en los principios de la razón, como iluminación orientadora para la formación de las nuevas generaciones, mediante los ideales de la libertad y humanismo, justicia y emancipación de los hombres; aparece como un representante tan brillante como extraordinario de la ilustración moreliana, porque manifestó su orgullo por la historia de la ciudad, proveniente de su admiración siempre declarada, a los grandes hombres de la acción política libertaria y emancipadora, que comenzaron su actividad en las instituciones educativas de esta ciudad, que también fue receptáculo de su vida admirable.
La vida del Maestro Haro aparece como una época importante de la sociedad moreliana, porque contribuyó de manera notable, a hacer de Morelia una sociedad ilustrada; con su actividad y pensamiento, manifestó la conciencia de la ilustración que predominaba en Morelia y en México, como espíritu en acción dirigido hacia la justicia y libertad del pueblo. El período de ilustración que recibió Morelia por parte de la vida del Maestro es resultado de la vigorosa actividad de su saber y reflexión, dedicados a determinar los orígenes, condiciones y aspiraciones supremas de la vida social de nuestra nación.
Sin duda alguna, declaramos que la vida de nuestro Maestro y sus aportaciones ejemplares y trascendentes, están inspiradas por la suma perfección de las teorías de Kant sobre la razón y la vida justa y libre. Admiramos la vida y el trabajo del Maestro Haro como obra de un hombre ilustrado, como aportación a la constitución de una sociedad ilustrada y formación del hombre racional.
El Maestro Haro perfeccionó su entendimiento mediante sus propios esfuerzos de disciplina en el estudio y reflexión; constituyó su admirable conocimiento sobre la filosofía, las ciencias, las artes, las religiones, los idiomas y la educación, a través de esfuerzos formativos propios, admirables y profundos, rigurosos y sistemáticos y que él mismo, por decisión propia y vocación primigenia, siempre puso al servicio de los demás, en las aulas y las tribunas de las instituciones a las que consagró su vida plena; por los ideales que reconocía en el saber, pensaba al estilo de los griegos; por la alegría que brillaba en su mirada en los actos de la enseñanza, parece un hombre renacentista; por su exigencia de racionalidad y conciencia de los fines del acción, continúa entre nosotros como hombre de la modernidad mexicana ilustrada.
Los testimonios de su vida que nos obsequia Miguel Angel Martínez Ruiz, en su ensayo biográfico de 1994, permiten constatar que el Maestro leyó y estudió prácticamente todos los días de su vida, y que su biblioteca llegó a ser la forma exterior de su relación con el espíritu, una biblioteca extraordinaria y admirable; el Maestro guardaba sus libros en vitrinas o gavetas de cedro, y formaban una biblioteca tal vez única en Morelia, con ejemplares de autores de importancia extraordinaria, y que el Maestro leyó con inmensa alegría, en los momentos de aparición del pensamiento novedoso y constituyente de verdades y nuevos problemas sobre la filosofía, la literatura, la pedagogía, la religión y la historia;
atesoró libros impresos en España y Francia, México y Argentina, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos, y los trataba con el respeto, admiración y cuidado que los libros merecen como objetos culturales, condensatorios de la maravilla y perfección de lenguaje, y expresión de las batallas del espíritu que busca el conocimiento de sí mismo mediante la sensibilidad de las artes, la revelación religiosa, el rigor de la ciencia y la verdad de la reflexión filosófica; sin duda alguna, el Maestro Haro fue un hombre de actualidad, siempre estuvo a tono con el pensamiento, y tomaba el pulso de la realidad del mundo y del hombre en la vitalidad del conocimiento y sus posibilidades.
LA RENOVACIÓN DE LA PEDAGOGIA
Hoy en día, los que fueron sus amados libros, forman parte de los acervos de la biblioteca de la facultad de filosofía de la Universidad michoacana de san Nicolás de Hidalgo; en muchísimos de ellos todavía están los separadores con que el Maestro señalaba el comienzo original, la interrupción o la culminación de la lectura de sus libros, libros impecables, sin subrayados, sin anotaciones, sin dobleces de hojas; no necesitaba de esos artilugios, porque la información convertida en conocimiento pasaba formar parte de la humildad y sencillez de su prodigiosa sabiduría, siempre puesta al servicio de los demás, a través de la enseñanza y la conversación; sin lugar a dudas, el Maestro se gozaba a sí mismo en la lectura, y gozaba del espíritu universal en la meditación del conocimiento y problemas del pensamiento realizado como ciencia y literatura, religión, filosofía y educación;
el Maestro Haro disfrutaba, en los años finales de la década de los sesenta, mostrar a los estudiantes de la Escuela normal, dos libros que acostumbraba llevar en su portafolios, y los consideraba representativos del ideal para la renovación de la pedagogía, renovación que para él aparecía como la constante del humanismo y de la alta cultura de los siglos XVII, XVIII y XIX; uno de ellos era el estudio de Eduardo Claparede, Comenio, Pestalozzi y Herbart, y el otro, el Tratado de pedagogía de René Hubert, que consideraba obra maestra sobre la teoría de la educación.
MAGISTERIO, MORALIDAD Y UNIVERSIDAD
El ideal para la renovación de la pedagogía, aparece desarrollado en varios discursos publicados en el estudio biográfico elaborado por el señor profesor Martínez Ruiz; en el pensamiento del Maestro Haro, el principio constituyente para la renovación de la pedagogía, tiene como condición y punto de partida, la elevada dignidad y suprema moralidad del maestro, fundamentados en el cumplimiento del deber docente; es una moralidad que adquiere su forma, en la honestidad intelectual y rigor de la enseñanza con que el maestro cumple la responsabilidad que le encomiendan el Estado y la sociedad; esa honestidad como constituyente de su persona, la hizo evidente nuestro amado Maestro en el año de 1972, al recibir la máxima distinción que otorga el honorable gobierno de la ciudad, la “Presea generalísimo Morelos”, cuando declaró lo siguiente:
“mi comparecencia aquí será interpretada más bien como la de un delegado en representación del sector del magisterio michoacano que en toda circunstancia, próspera o adversa, ha mantenido con lealtad su vocación de servicio a la educación mexicana”;
en esa ocasión, habló con la misma dignidad moral y autoridad intelectual con que Bertrand Russell había denunciado los crímenes de guerra en Vietnam y alzaba la voz de su protesta racional y valiente frente al armamentismo; la voz valerosa, decidida y comprometida de Rafael C. Haro, expresó lo siguiente en el teatro Ocampo, en la misma solemne ocasión: “el frenesí belicista de los poderes imperialistas, mal encubierto por falsas invocaciones a la paz, va difundiendo en todos los pueblos un pavor angustioso frente a la concentración del poderío agresor; y por las regiones donde antes irradiaba(…) la luz iridiscente de la esperanza en un mundo mejor, hoy se proyecta el espectro de nubarrones densos de cúmulos radiactivos, cargados de presagios siniestros, precursores de una feroz y despiadada contienda apocalíptica, que debemos combatir, con insistencia preventiva, todos los pueblos amantes de la paz, de la justicia y de la libertad”;
esa preocupación y valiente denuncia que el Maestro hizo a sus 75 lúcidos y juveniles años de edad, ya formaban parte de su pensamiento social y educativo desde 1942, cuando el Maestro contaba con 45 años de luminosa existencia; en ocasión del Primer Congreso Interamericano de Astrofísica, en el sitio llamado “ex-convento de Tiripetío”; se dirigió a aquellos científicos como representantes del conocimiento de la naturaleza, siempre atentos al “inquietante problema del mundo y de su constitución”, y señalaba que ese conocimiento debe tener como fundamento, la planeación de la tecnología puesta al servicio de la sociedad, para que de esta manera ciencia y técnica, formen “una doctrina salvadora de los más altos destinos humanos”, y señaló el significado de Estados Unidos como “tierra de promisión” por su ambiente propicio para salvar la cultura occidental, y superar en valores supremos incorporados a una fecunda actividad creadora”; en esa misma ocasión, señaló a la casa de estudios teológicos de Tiripetío del siglo XVII, como centro donde comenzó la difusión de la “simiente de la nueva civilización de la cultura renacentista y cristiana”, que desde ese lugar, irradiaba a todo Michoacán, y a lo que el Maestro llama “América colonial hispánica”;
culminó su denuncia de la barbarie tecnológica y salvajismo de la guerra con la siguiente expresión: “contra la voluntad de poder exterminador y la divinización de las fuerzas desatadas por los instintos bélicos de matanzas, rapiña y aniquilamiento de las fuerzas morales, oponemos la voluntad de hacer triunfar la justicia, el saber, la cultura, las formas de vida interpersonal e intersocial, inspiradas en un fulgurante anhelo de concordia universal “.
El Maestro veía en la universidad la potencia y el acto de esa resistencia, de ese pensamiento crítico, cuando en la misma ocasión dijo que la vida nacional pide a la universidad “la contribución más decisiva y eficaz para realizar la gesta heroica de la redención patria y de la Humanidad en esta hora crucial de nuestra historia”.
NIETZSCHE, LA INJUSTICIA Y LA BARBARIE
En el párrafo siguiente de su discurso, nuestro Maestro, admirador de la cultura renacentista y cristiana, presenta su valoración crítica de Nietzsche, a quien señala como un gran sofista, y denunció que el nacionalsocialismo, con su interpretación tendenciosa del pensamiento nietzscheano, manipula la idea del superhombre, a quien convirtió en “el agresivo negador de los más altos valores humanos. (…) Y en vez del superhombre han logrado el infrahombre” y agrega que el sentido vital del poder es el “poder de afirmación para hacer valer en la conducta los más altos valores humanos, en una jerarquía incontrastable que culmina en el valor ético de la justicia universal. Perezcan la barbarie, la agresión y la injusticia, como abyección y oprobio que envilecen. Y aún hay que ayudarles a desaparecer. Este es el sentido del hombre. Así interpretamos, conforme al espíritu que salva, los aforismos capitales de la doctrina nietzscheana (…) aún hay firmes esperanzas de salvación, porque existen vitales energías para lograr una victoria definitiva contra las fuerzas del mal y la ignominia.“
El Maestro terminó aquel memorable discurso, con la ratificación de su confianza en el ideal de la universidad y la alta moralidad de la cultura superior, cuando dijo: “la universidad michoacana ratifica su profesión de fe en la eficacia del saber científico al servicio de fines éticos superiores, constituidos en razón de nuestra existencia, regida por normas de respeto a la vida y a la dignidad humana y polarizada hacia la realización del bienestar de las naciones en un orden social progresivamente más perfectible y más justo.” El Maestro finaliza este admirable discurso con una ratificación de su amor y confianza en la racionalidad moral de la historia del mundo y de México.
La larga oscuridad ideológica que ha caracterizado a la movilización del magisterio de Michoacán tiene una fuente de luminosidad y honestidad en el pensamiento del insigne Maestro Haro, en la convicción que expresó en su discurso del 6 de mayo de 1952 en ocasión del aniversario de la Escuela normal, con las siguientes palabras: “alertamos la convicción de que entre los trabajadores del ramo educativo deben prevalecer inquebrantables sentimientos y vínculos de solidaridad y confraternidad, en vez de las rencillas estériles y a veces funestas, animadversiones obsesivas, motivadas por supuestas o reales diferencias ideológicas, pruritos o alardes de superioridad o ruines envidias subconscientes, alentadoras de antipatías y odiosos personalismos que suelen disgregar al magisterio en grupos antagónicos o en banderías originadas por torpes discordias magisteriales (…. Propugnamos por la cordialidad de relaciones entre los maestros, así como también por la unificación de voluntades para la acción educativa y por la unidad en las técnicas metódicas de trabajo, conciliada con varias modalidades de aplicación de las mismas, basada en un buen sentido innovador (…) y propugnamos igualmente por lograr un ritmo uniforme en la marcha del proceso educativo”.
SENTIDO DE LA EDUCACION
El pensamiento crítico del Maestro Haro aparece como una condición diferenciadora incontrastable, para que la ideología encuentre su justo lugar en el magisterio, y que la docencia no se entregue a la ruindad de los intereses egoístas de las voluntades particulares, que han convertido la educación pública michoacana en la arena de lucha donde nadie gana y todos pierden, donde a nadie parece importarle la formación humana, la formación histórica, la formación política, la formación de la responsabilidad frente a la nación, en las nuevas generaciones de mexicanos que enfrentan un pavoroso horizonte de injusticia y un futuro de incertidumbre, de debilitamiento de la nacionalidad. Esto nos permite señalar que la ideología es la ideología, y que el ejercicio docente es el acto de experiencia constituyente de estructuras de conocimiento, de actitudes de moral social y de formación de la actitud para participar de la voluntad general, mediante el respeto a la ley y la realización de los valores supremos de la nación. Esta expresión propia es una manera de comentar el pensamiento del Maestro, contenido en su discurso de 1953, hace medio siglo, donde dice lo siguiente:
“la educación, al formar un espíritu de laboriosidad y cooperación, reafirma, consolida y magnifica toda tarea social constructiva. Y sin la educación básica, arraigada en la formación de la personalidad, las instituciones, a pesar de su vigencia legal, pierden su positividad social, por inobservancia o porque frecuentemente van a dar resultados contrapuestos a los fines justificativos de las disposiciones legales; (…) para fincar la positividad social de los ordenamientos jurídicos hay que crear en todos los ciudadanos la conciencia social normativa, con disposición colectiva de hacer valer el orden jurídico mediante su cumplimiento, ya que sólo con sentimientos de solidaridad social logra superarse el predominante individualismo egoísta”;
y continúa el Maestro, diciendo: resulta evidente que la educación es la principal base sustentadora de una buena organización social y política. (…), la obra educativa debe cumplir la noble finalidad de impartir preparación académica y técnica a los educandos y crear conciencia del deber y de la exigencia de su cumplimiento. (…), la educación, mejor que la represión y la influencia reguladora y coactiva del Estado, puede prevenir y evitar muchos perjuicios sociales, sobre todo los que ponen en inminente peligro el porvenir y el destino de México. (…), sin el sensible y benéfico influjo de la educación para la convivencia justa y pacífica de hombres y naciones, toda actividad corre grave riesgo de convertirse en desatada violencia, lucha puramente biológica, glorificación del instinto, agresión y amenaza de exterminio de hombres y pueblos agredidos, barbarie y crueldad y justificación del triunfo de la fuerza sobre el derecho;” como fundamento de esta educación, el Maestro propone la teoría de la personalidad y los valores de Max Scheler, en perfecta congruencia con la especificidad que Rafael C. Haro asumió como guía de su vida personal y actividad como maestro, de su pensamiento como ciudadano y expresión como humanista, en las aulas y tribunas que honró con sus disertaciones, y que enaltecieron a quienes las escucharon.
MIGUEL HIDALGO Y LA GRANDEZA DE MEXICO
En 1953, el Maestro Haro enalteció la elevada ética de las tribunas cívicas de Morelia con su memorable discurso, en el acto conmemorativo del aniversario del sacrificio de don Miguel Hidalgo y Costilla; en ese documento plasmó su valoración patriótica e histórica del movimiento de la independencia nacional encabezada por el ilustre Hidalgo, el iniciador de la ilustración mexicana, el fundador de la responsabilidad que la razón tiene en México, como compromiso con la dignidad y derecho del pueblo mexicano a la libertad;
en ese documento, el Maestro Haro refiere que los fundamentos de la vida de don Miguel Hidalgo fueron principios cívicos, democráticos y cristianos, y que su vida toda representa, con firmeza y seguridad, “la ruta de la dignidad mexicana (…) sin claudicaciones en la lucha a muerte por la libertad”; por esto, -agrega nuestro Maestro-, Hidalgo es “símbolo eterno de esperanza y guía de hombres y pueblos en todas las lides por el rescate de la dignidad y el derecho”; lo reconoce como “el héroe supremo de la libertad mexicana”, en quien “pervive acrisolada la fraternidad cristiana del misionero frente a los desmanes, abusos e infamias de los codiciosos aventureros de la conquista, transformados en esclavizadores de indígenas en la encomienda”;
en el valiosísimo documento leído por nuestro Maestro en aquella fecha memorable, está plasmado el ideal de la humanidad hispánica que Rafael C. Haro representa en Morelia a lo largo del siglo XX, cuando dice que “la vocación histórica y el supremo destino de nuestros pueblos de cultura hispánica no es ni debe ser la rapiña imperialista, que amenaza con el exterminio de gran parte de la humanidad”;
ese ideal de humanidad hispánica tiene su condición originaria en los principios que sustentaron la acción del Padre de la Patria, acción fundadora de la idea y del devenir de la nacionalidad mexicana.
El ideal de humanidad hispánica del Maestro Haro como sentido de la vida histórica de México, -y que reconoce como inaugurado por don Miguel Hidalgo-, lo despliega en el siguiente párrafo: “el lema de unidad nacional programada para el México de ayer, de hoy y de siempre es independencia política, justicia social, progreso material, guía espiritual y libertad dignificante para todos los mexicanos. Con la realización del programa de Hidalgo nuestra patria puede ser en verdad la avanzada de Hispanoamérica, hermana mayor y guía de las patrias hispanoamericanas unidas en una confraternidad de pueblos, donde se reconozca como valor supremo el respeto a la dignidad humana y donde impere la paz sustentada en las firmes columnas de la justicia social y la seguridad colectiva y la armónica convivencia internacional;”
frente al panorama sombrío y desolador de América Latina, que ha soportado los últimos treinta años dictaduras y devaluaciones, colapsos políticos y hundimientos económicos que han postrado a la población latinoamericana en la injusticia, y donde triunfa la astucia de la maldad como sobrevivencia natural, en las formas antisociales de la delincuencia y la vergüenza de la miseria, el pensamiento del Maestro Haro manifestado en aquella ocasión, surge con refrendada grandeza, como expresión del compromiso ético que implican la vida pública y actividad educativa, la acción política y la constitución del pensamiento histórico; esa elevada ética y supremo compromiso, es la actividad dirigida al engrandecimiento de México: “Hidalgo y Morelos -dice- quienes no entendieron de cerrados provincialismos vanidosos ni de política de campanario, porque eran de extraordinaria y suprema contextura moral y de amplia visión política, y pensaban que actuaban con miras a crear una patria grande y respetada en función del México próspero y magnífico.”
DEMOCRACIA Y GLOBALIZACION
El Maestro Haro habló de democracia, hace 50 años, en el contexto de la revolución institucionalizada, del régimen presidencialista, del partido único, invencible y de Estado; habló de la democracia colectivista, a la que define “como guía para los pueblos en la defensa de los derechos de toda la humanidad, impuesta por la voluntad de los pueblos de más efectiva y consciente militancia democrática;” estas palabras las expresa el Maestro en el contexto de la tensión armamentista entre Estados Unidos y la Unión Soviética, tensión que el Maestro calificó como “hora trágica de la humanidad”, y refirió que “nosotros, en el México de ahora, queremos reforzar nuestras defensas humanas (…) para proteger la integridad de nuestro suelo y de nuestro derecho y nuestro propio destino futuro. Porque en la hora actual el mayor peligro para la supervivencia de las naciones libres [será] la disociación de la personalidad fraternal en el hombre y en los grupos dirigentes que en la detención del poder se aferran en el insano propósito de instaurar el imperio del despotismo, de la violencia y de la injusticia social desde el poder, preparan el más terrorífico desastre en el caduco mundo dual resquebrajado por la codicia, la prevaricación y el despliegue de fuerza para sofocar el impulso incontenible de los pueblos que anhelan crear un mundo nuevo, de justicia y seguridad colectiva y pacífica convivencia internacional”.
En el contexto de la civilización de la globalización y sus fuertes tendencias hacia la formación de una nueva Edad Media, con base en el sistema de las corporaciones trasnacionales y exigencias del capital financiero especulativo mundial, la tesis de la democracia colectivista del Maestro Haro, resuena con la sorprendente actualidad del pensamiento del hombre visionario; no cabría esperar menos; es evidente que en aquellos años ya leía a John Kenneth Galbraith, quien descubrió y anunció que la economía mundial comenzaba a desarrollarse con base en las organizaciones que denominó “tecnoestructuras”, y a las que el Maestro Haro hizo referencia en ese mismo discurso, tecnoestructuras que ahora son las corporaciones trasnacionales que se han adueñado del control de la actividad económica mundial; frente a esa realidad del mundo, el Maestro señalaba que la democracia colectivista es la elevada responsabilidad de respetar y superar “las creaciones y valores de las culturas superiores de nuestro tiempo en armonía con un renovado sistema de instituciones garantizadora de la justa distribución de los bienes materiales y culturales para lograr la anhelada paz permanente en el mundo nuevo de la cultura y de la confraternidad universales”.
En el contexto de la democracia colectivista como posibilidad para la salvación de la humanidad, nuestro amado Maestro inserta y destaca, con la prístina finura de su pensamiento humanista formado en contacto directo con los problemas de la vida y el conocimiento, la importancia de la educación, la importancia de la escuela orientadora y bien constituida para la formación integral del hombre en el “el sentimiento de solidaridad social, y en la vida pública rectilínea. (…) la escuela es el centro de la comunidad cultural que puede formar una mentalidad superior y un carácter bien dispuesto en las nuevas generaciones escolares para estructurar mañana un consorcio pacífico o anfictionía y universal de pueblos liberados de la miseria, del vicio, de la discordia, de la psicosis de la violencia y de la guerra y de la expoliación despiadada de la piratería imperialista”; de esta manera el Maestro de siempre de los nicolaitas y normalistas, expresó su pensamiento sobre la sociedad y la política, pensamiento donde resuenan las voces de los socialistas franceses, y se proyecta el anhelo de justicia que ha planteado el más grande pensador crítico de la economía, de la historia y de la sociedad que ha conocido el mundo, -Marx-, y se traslucen también, por supuesto, los principios de la acción del Padre de la Patria.
RETOS DE LA EDUCACION
La familia, la educación y la política son las organizaciones sociales y las instituciones fundamentales que deben enfrentar, todos los días, la elevada misión de la formación del hombre; destaca el Maestro que todos debemos cooperar para lograr esa victoria, con las siguientes palabras:
“debemos aprovechar bien el tiempo, aliado tan valioso y eficaz para realizar decorosamente nuestra propia tarea universitaria. Ya hemos sabido lo que vale el tiempo. No sólo dinero, (…): el tiempo es vida y si ésta es fecundante constructiva vale como joya de buena ley y es transmutable en un supremo tesoro de generosa actividad, propicia a la concordia interhumana, y es también pensamiento creador y actividad conquistadora del más alto y noble destino. (…). Nuestra historia tiene mucho de martirologio: es tiempo de convertirla en lucha heroica, (…). Sumemos nuestro esfuerzo, (…) al del trabajo constructivo de cuantos laboran en bien de la humanidad, luchemos contra las ultrajantes desigualdades económicas que causan la miseria del pueblo trabajador explotado, en beneficio de los insaciables piratas de la riqueza nacional (…). Luchemos contra la ignorancia degradante de nuestras clases populares y contra sus enervantes más nocivos; el ocio, los juegos de azar, el alcoholismo y la demagogia, tan estupefacientes como el opio y sus derivados y similares; y también luchemos en pro de la instauración del trabajo como el primer deber de todo mexicano (…) y por la cultura, la libertad y bienestar material, como los más inalienables derechos del hombre. Para lograr tales objetivos hay que pugnar por una buena política administrativa estatal y una concorde educación, que salvaguarden la dignidad de la persona y garanticen la formación auténtica de la personalidad moral. (…)”;
el Maestro Haro culminó su magnífico planteamiento sobre la historia de México, los problemas de justicia y libertad de la nación y el significado del Padre Hidalgo, con el siguiente párrafo, donde, -de manera admirable- se hizo justicia a sí mismo, en las palabras finales de aquel discurso exultante, párrafo que dice así:
“Si colaboramos con decisión en la empresa constructiva de un México nuevo y dignamente libre, habremos interpretado así en nuestro tiempo la consigna del Padre de la Independencia Mexicana, nuestro maestro Miguel Hidalgo, con una labor estimable, que, aún siendo superada por quienes nos sucedan en la tarea, tendrá el valor de todo antecedente modesto, pero decorosamente logrado en el devenir histórico de México.”
Quienes recibimos de la vida el regalo inmerecido de ser discípulos del Maestro Haro, podemos comentar con el respeto absoluto y la consideración estrictamente ponderada, que nuestro amado Maestro cumplió su labor de hombre ilustrado y humanista, de educador y escritor, con la inspiración de los principios de la acción del Padre de la Patria, y que contribuyó más que decorosamente con el devenir de México.
IDEAL DE LA ESCUELA NORMAL Y ETICA MAGISTERIAL
Con relación a la ética propia de los docentes de educación superior, y específica para los formadores de maestros; no podemos menos que evocar el magnífico discurso del Maestro Haro, en ocasión del aniversario de ésta, su amada Escuela normal urbana federal de Morelia, el 6 de mayo de 1952; en ese valiosísimo documento, desarrolla la alta eticidad magisterial;
en aquel discurso de plena actualidad y presencia efectiva en el presente, enunció su ideal histórico y pedagógico de la Escuela normal urbana federal, con las siguientes palabras: “Respecto al sentido de nuestra labor educativa en esta Escuela, en uno de sus aspectos, puede anotarse que en un ambiente de armonía entre maestros (…) para la obtención de resultados positivos, se ha tratado de crear una comunidad cultural escolar en la cual se labore en lo general con permanente afán de eficiencia y extirpando de nuestro medio las disensiones entre el alumnado y entre los maestros, y cultivando virtudes de laboriosidad perseverante y de confraternidad, con el fin de que en los educandos se forme el carácter y la personalidad convenientes para un buen ejercicio magisterial en un clima de comprensión recíproca y de colaboración franca y efectiva.(…). Alentamos la convicción de que entre los trabajadores del ramo educativo deben prevalecer inquebrantables sentimientos y vínculos de solidaridad y confraternidad, en vez de las rencillas estériles y a veces funestas, animadversiones obsesivas, motivadas por supuestas o reales diferencias ideológicas, pruritos o alardes de superioridad, o ruines envidias subconscientes, alentadoras de antipatías y odiosos personalismos que suelen disgregar al magisterio en grupos antagónicos o en banderías originadas por torpes discordias magisteriales.”
Junto con su ideal pedagógico y social para su amada escuela normal, aparece su ideal superior para la actividad de los trabajadores de la educación, y que parece inspirado por Rousseau y Kant, en las siguientes palabras de aquel magnífico discurso:
“Propugnamos por la cordialidad de relaciones entre los maestros, así como también por la unificación de voluntades para la acción educativa y por la unidad de las técnicas metódicas de trabajo (…), basada en un buen sentido innovador; y propugnamos igualmente por lograr un ritmo uniforme en la marcha del proceso educativo y por una coordinación adecuada en la sucesión gradual de los ciclos de aprendizaje.”
IDEAL DEL HOMBRE FRATERNAL Y NORMALISTAS DEL PASADO Y PRESENTE
En el discurso referido, el Maestro Haro expresa su pensamiento sobre los estudiantes de la Escuela normal de aquel entonces; debemos señalar que es un pensamiento de innegable vigencia y plena actualidad; la magnificencia de su sabiduría incontrastable, borra la diferencia de medio siglo, que parece un instante fugaz, porque la validez de esos pensamientos pareciera haberse escuchado el último seis de mayo, en los patios de la Escuela Normal, ennoblecida con la presencia espiritual de nuestro amado Maestro, presencia que aparece como la conciencia del espíritu normalista; dijo al respecto lo siguiente: “Queremos habituar a los normalistas al ejercicio de un sincero compañerismo en convivencia fraternal y solidaria, que después se convierta en norma de conducta gremial y en leal colaboración para la buena marcha de los planteles donde habrán de ejercer sus actividades profesionales”;
es justo decir que esa responsabilidad tiene fundamento en la concepción del Maestro Haro sobre el hombre fraternal, y que es expresión de la antropología filosófica expresada en sus discursos y poemas; la concepción del hombre fraternal unifica conceptos de Kant, Max Scheler y Martin Buber, referentes a la especificidad de la vida humana en convivencia social solidaria y fraterna, precisamente;
dijo el Maestro Haro en su discurso de 1952, que los profesores de la Escuela Normal “Estamos empeñados en la formación de un tipo de personalidad en los jóvenes maestros, de tal manera que éstos no se desvíen hacia actuaciones en desacuerdo objetivo de su carácter de maestros o en oposición a lo que debe ser, por ambiciones irrefrenadas que los lleven a operar en forma antagónica a la conducta genuina del maestro, y sean, en cambio, realizadores de una labor creadora, con el estímulo y gozo íntimo resultante de su adaptación a la tarea realizada, placentera, amorosa y desinteresadamente; (…). La personalidad del maestro (…); es fundamentalmente una personalidad social. (…); la personalidad social de base ética del maestro se configura conforme a (…) el afecto limpio, la actitud eje o central de la vida; (…); el pensamiento del maestro consiste en la solidaridad íntima con el semejante, (…) necesitado de protección y educación. Y ese afán que organiza (…) ese limpio sentido de fraternidad nace de la convicción, hecha vida y alma en nosotros, de que toda vida humana es afín y semejante. (…); a esa estructura social de la personalidad es peculiar la generosidad y el desinterés, y su conducta está motivada por los demás y para ellos. El hombre fraternal es altruista, abnegado, (…), y va guiado por el amor y la lealtad. El norte de la actuación del maestro, consecuente con lo que éste debe ser, está en la liberación de las colectividades humanas de la ignorancia y su cortejo de miseria, resultado de la expoliación del hombre primitivamente económico, cuya sociabilidad calculada se cumple en el ansia de logro ilimitado de posesión egoísta de los bienes materiales y culturales. Por eso, nada tiene de extraña la afiliación característica de amplios sectores del magisterio a las más nobles causas de la paz, la justicia y la confraternidad universal.”
La magnificencia de esos párrafos, el brillo del pensamiento que expresan, y la sabiduría que en ellos destella, manifiestan la elevada nobleza del magisterio, de la alta misión que la historia y la cultura, que el Estado y la sociedad encomiendan a los formadores de docentes, y profesores de educación primaria y preescolar;
todas esas palabras refieren la determinación de la verdad de ser maestro, despliegan el conjunto de cualidades lógicas, históricas y sociales que configuran la actividad docente y su finalidad superior, que no pierde significado entre un siglo y otro, que no pierde validez por haber sido señalado en la época en que México vivió el período de la economía del desarrollo estabilizador, y que sean repetidas ahora, en la época en que México vive el tensionamiento de sus estructuras económicas, políticas y sociales, por efecto de su inserción temeraria y riesgosa, en la economía del neoliberalismo, época en que el país se ha abierto a las fuerzas mundiales de la civilización de la globalización, y que podrían destruir a nuestra nación; no queda fuera de lugar señalar que estos cambios referidos, serían vistos por el Maestro como un esfuerzo más, de los alardes imperialistas para sobrevivir a las propias contradicciones del capital; y no se trata de ver en los escritos del Maestro, ideas o palabras que no haya dicho; señalamos esto, porque el Maestro Haro en sus discursos y en sus clases, en sus conversaciones y finas ironías, siempre condenó los abusos y prepotencias de los países poderosos sobre los pueblos débiles o indefensos.
CONSIDERACIONES PROPOSITIVAS
Queremos exaltar el significado de la Cátedra de Excelencia Rafael C. Haro, como acto de reconocimiento histórico y social, a la labor entusiasta y desinteresada de un hombre ilustrado y magnífico maestro, que la sociedad y esta institución comienzan a realizar ahora, con profundo sentido de honestidad y justicia;
como parte de nuestra participación en este primer momento de la Cátedra de Excelencia Rafael C. Haro, nos permitimos hacer siete consideraciones propositivas, susceptibles de inscribirse en el proceso de reconocimiento y homenaje al amado Maestro;
la formación de una comisión interinstitucional responsable de compilar y editar la iconografía más completa posible sobre Rafael C. Haro;
que la Escuela Normal Urbana Federal revisara y actualizara, el reglamento de la Presea Rafael C. Haropara que personas físicas o morales fueran candidatas para recibirla;
que la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y la Escuela Normal Urbana Federal instituyesen los Premios anuales, o bianuales, Rafael C. Haro al mérito académico, artístico, humanístico y poético para estudiantes destacados y profesores distinguidos de las artes y humanidades, de la ciencia y educación;
resultaría admirable el fortalecimiento de la Cátedra Rafael C. Haro mediante un programa de publicaciones de literatura, humanidades y educación, como responsabilidad editorial compartida del gobierno del estado, la Universidad Michoacana y la Escuela Normal Urbana Federal;
que los libros del Maestro, depositados ahora en la Facultad de Filosofía de la Universidad Michoacana se preserven íntegros e inalterables, mediante un reglamento específico;
que el nombre del inolvidable Maestro y humanista sea la distinción y honra mayor de la calle donde vivió, en su amadísima Morelia, en el oriente de la ciudad, donde el Maestro se gozaba en la contemplación del atardecer y “últimos luceros del día”, como solía decir, y,
que las autoridades de la ciudad dispongan de un sitio y un busto de bronce del Maestro, en la Calzada de los poetas del Paseo Alfredo Maillefert.
LA POESIA DE RAFAEL C. HARO
Tenemos que decir que el Maestro también escribió poesía; no sabemos ahora si las dos plaquetes publicadas en el número 43 de la Biblioteca de nicolaitas notables sea la totalidad de la obra poética de Rafael C. Haro; para la literatura de Michoacán y de México es importante saberlo, y si hay más poesía inédita del Maestro, que mejor que a la brevedad aparezca en una edición y con un formato dignos de un gran señor de la poesía, y decimos esto porque en su Breve poemario de un adolescente de ayer y en el Breviario de los idilios, aparece la perfecta armonía de los tres heroísmos en conjunción, con que Salvador Díaz Mirón definió la poesía: el heroísmo del sentimiento, el heroísmo del pensamiento y el heroísmo de la expresión, articulados en la perfección de la respiración, fonética y rima exacta y expresiva;
en su Breve poemario de un adolescente de ayer, Rafael C. Haro, presenta magníficas alegorías de la vida campirana, himnos a Cristóbal Colón – a quien considera buscador de la Atlántida-; ofrece su orgullo y satisfacción por pertenecer a una raza hispánica, que conquistó a los indígenas con el amor y el evangelio; habla de sus evocaciones de la vida estudiantil en el Colegio de san Nicolás, al que señala como forjador de sabios y libertadores; exhibe su pasión por Grecia y exaltada admiración por Platón; en uno de sus poemas dice:
Adoro el prodigio de gracia, de luz y armonía
que llega en las naves triunfales del genio de Atenas,
trayendo a la vida fecunda sus ánforas plenas
de amor, de belleza inmortal y de rica poesía;
refieren también la pureza de la dicha juvenil, exaltada en una excursión al bosque, junto a la Escuela normal, y donde aquel adolescente brillante y asombroso, sintió la dicha de vivir; más aún, en otras composiciones poéticas, ofrece la imagen de la alegoría comparativa, entre la visión de la tormenta portentosa en el campo, y las tempestades guerreras que marcan las edades de la historia; de esta manera, tenemos evidencia de que el adolescente Rafael C. Haro, a muy temprana edad, no sólo conocía la historia universal, sino que reflexionaba sobre las tragedias que la han ensombrecido, y en las que buscó un destello de certeza en el futuro y de compromiso con el presente.
En la plaquete Breviario de los idilios encontramos las imágenes del Rafael C. Haro que vivió la vida del mundo, que construyó el amor personal en la admiración, el respeto, el deseo y el placer de amar con intensidad admirable;
en esos poemas ofrece al lector la imagen de la campiña, que aparece como un paraíso terrenal, donde surge y estalla, el amor puro y juvenil, natural, sensible y fulgurante, que se desvanece en la admiración de la belleza del cuerpo de la amada, y sugiere la imagen ejemplar del saber amar y la sensación del sabor del amor; son poemas que hablan del idilio pleno y radiante que a veces envuelve la vida con deleites que exigen eternidad y paroxismo, y que agonizan en un instante; Rafael C. Haro pone ese instante en el poema con el presentimiento de lo eterno que tiene el amor verdadero;
en los poemas de Rafael C. Haro hay una referencia constante, un objeto amado, una exploración inacabada de la belleza, sobre la idea de la belleza, de la belleza del campo, la intensidad de la naturaleza, la belleza del deseo, la belleza del cuerpo vibrante de la mujer, belleza de la intimidad nocturna y silenciosa, que cobra la conciencia de sí misma en el instante del amanecer; sobre la belleza trágica del amor;
en los poemas de la segunda plaquete, hay una visión del amor, un canto de amor, una exaltación del amor al campo, del amor a las fuerzas naturales, del amor a la mujer, del amor a Jesús y redención de los hombres, del amor a los enemigos; hay en esos poemas exaltación de la vida como amor, y del amor como vida;
esas imágenes sensibles constituyen otros poderosos impulsos para amar al Maestro y recordarlo siempre;
supo ser hombre natural, porque vivió el deseo y la pasión; el goce y el dolor del amor;
supo ser hombre social, porque hizo de su vida una vocación de entrega a la educación y servicio a los demás;
supo ser hombre político, porque siempre puso su mejor talento, honestidad y compromiso a toda prueba, en las instituciones que impulsó con su magisterio y ejemplaridad; siempre denunció los atentados contra la libertad y crímenes de la injusticia;
ahora sabemos que fue un hombre histórico, porque representa con prístina nitidez, el cumplimiento del compromiso de la razón puesta al servicio de la sociedad, y para la mayor perfección posible de que son susceptibles los hombres, a través de la acción educativa que dan, y que reciben;
ahora sabemos que fue un hombre histórico, porque forma parte de la instancia suprema de la vida real de nuestra nación, que es el espíritu de México; su vida y obra son componentes de la autoconciencia de este pueblo, que busca su plena realización en la libertad y justicia, mediante el arte y la ciencia, la filosofía y la educación, unificadas en la acción política ciudadana, de la cual el Maestro Haro es individualidad ejemplar;
quien lo conoció, jamás pudo olvidarlo;
que nos sea permitido loarlo,
decimos, al caer la tarde,
junto con López Velarde:
hombre pleno,
luminosamente presente,
profesor a la altura del arte.
La meditación sobre la vida humana y el examen de las posibilidades y limitaciones de la existencia forman parte de los actos constituyentes de la conciencia de la libertad y de la libertad de pensar el devenir del hombre y el mundo; esta meditación es propia de los seres humanos en plenitud, y es un tema lógico y social para cualquiera que dedique en algún momento del tiempo existencial, un instante a la reflexión de las consideraciones que sugieren por ejemplo, el reconocimiento de la experiencia vivida, el examen de la actividad cumplida en la existencia, la interacción con la sociedad y otros individuos, o bien, las cualidades, metas y orientaciones de la misión que se ha realizado, durante el tiempo vital que es concedido a cada quien por la naturaleza. la consideración de semejantes meditaciones adquiere relevancia notable en las actividades dedicadas a honrar la memoria y evocar la trayectoria de un individuo, cuya misión principal destacó como dedicación al estudio del pensamiento filosófico y problemas de la educación y sus posibilidades de desarrollo, en la época que le tocó vivir. Con admiración y respeto dedicamos nuestras modestas líneas a la semblanza de Arturo Esperón Villavicencio; que el perfil suyo que aspiramos configurar sea nuestra participación en el homenaje que merecen los maestros distinguidos y sus esfuerzos intelectuales, en favor de la sociedad y desarrollo constituyente del pensamiento filosófico y de la teoría educativa.
Arturo Esperón Villavicencio gustaba presentarse como veracruzano; nació en 1933, en Tlapacoyan, un poblado de la sierra que abarca varios puntos geográficos de los estados de Puebla y Veracruz; su relación con Michoacán aparece configurada con los siguientes momentos principales: primero, sus estudios de profesor de educación primaria en la Escuela normal urbana federal, donde destacó como gran deportista y notable vigor físico; en sus aulas descubrió la filosofía, en las cátedras magistrales y admirables de lógica, ética y estética del maestro y humanista, Rafael C. Haro.
El segundo momento corresponde al breve período en que desempeñó su actividad docente como profesor de educación primaria en el municipio de ciudad Hidalgo, Michoacán, la cual combinaba con sus lecturas filosóficas y el deporte; dejó esa región de México para trasladarse al estado de Veracruz, donde continuó su trabajo magisterial y cursó la licenciatura en filosofía en la universidad veracruzana; Arturo Esperón Villavicencio se complacía con el recuerdo de las clases de Fernando Salmerón, a quien consideraba el maestro principal en su formación como estudioso de la filosofía, y la ocasión en que fue el único estudiante, en un curso de verano de José Gaos sobre filosofía griega.
Comentaba que su afinidad con Fernando Salmerón, tenía como fundamento el elevado nivel de sus cátedras de ética y enseñanza de la filosofía, y que una vez terminados los estudios universitarios pidió al notable estudioso de la filosofía lógica del lenguaje, se desempeñara como asesor de su tesis de licenciatura, la cual se refería precisamente a la didáctica de la filosofía; con una combinación de alegría y desasosiego, refería que el primer borrador de su tesis –que esperaba resultara satisfactoria- no fue de la aprobación del asesor, quien le dijo –contaba- “está fatal, Arturo”, y decidió postergar su revisión y culminación para una mejor época;
Arturo Esperón Villavicencio otorgó un gran impulso al desarrollo inicial de aquella escuela, que surgió con toda la improvisación y carencias tan propias y características de una institución que fue fundada sin presupuesto, sin maestros, sin biblioteca, sin director, sin plan de estudios, sin edificio; sin embargo, toda escuela de filosofía merece impulsarse y sostenerse, en atención al valor incontrastable de la filosofía y su significado para la conciencia de la libertad y estudio crítico de la acción del hombre y su relación con el mundo; así lo entendió el maestro Esperón, y aportaba su mejor esfuerzo, junto con Rafael C. Haro. Juan Olguín, Carlos Sáenz de la Calzada, Leonardo Sáenz y Severo Iglesias; con sus clases de lógica, cuya impartición demostraba disfrutar, junto con el cigarrillo, contribuyó de manera entusiasta y valiosa con aquellos esfuerzos orientados al desarrollo de una escuela que quería conquistar un futuro digno para la filosofía en Michoacán; junto con esta actividad, también impartía clases de lógica y ética a los estudiantes del Instituto Tecnológico Regional de Morelia, en la época de la administración del señor ingeniero Heber Soto Fierro.
El tercer momento de su actividad docente en Michoacán corresponde al término de su cátedra en la Escuela de Filosofía, en los finales del mes de mayo de 1976, precisamente en los días álgidos del intenso conflicto que vivían los estudiantes de esa escuela entre sí, y del director y sus trece seguidores, con la rectoría de la universidad y los estudiantes adversarios del maestro Severo Iglesias; con cierto desencanto y con mirada de escepticismo de parte de algunos estudiantes que le pedían no dejar la escuela en ese período de crisis, el profesor Esperón renunció a su cátedra para incorporarse con gran entusiasmo y elevadas expectativas de desarrollo profesional, a los estudios de maestría en educación de adultos, recién inaugurada en el Centro regional de educación fundamental para América Latina dependiente de la UNESCO, con sede en la ciudad de Pátzcuaro; en esa institución de prestigio continental, tuvo un magnífico desempeño como candidato a la maestría y después, como instructor latinoamericano para la formación de recursos humanos, orientados a la educación de adultos; mediante esa actividad, trabajó con grupos de docentes originarios de países latinoamericanos. La responsabilidad que mostró en la docencia y relaciones cordiales con las autoridades de esa dependencia de la organización de las Naciones Unidas, fueron origen de comisiones de trabajo que implicaron viajes y estadías a los países más importantes de América Latina; fue de esa manera como logró una aspiración acariciada en su juventud y tal vez, desde la adolescencia: visitar las ciudades precolombinas del Perú; conocer esos lugares fueron experiencias que configuraron la nueva trayectoria de su formación intelectual y el nuevo horizonte de actividad profesional, que recorrió y persiguió los últimos treinta años de su vida: se consagró al estudio de la teoría y práctica de la educación de adultos, de la educación a distancia y de las tecnologías para la educación en sistema abierto; la actividad en el Crefal fue, sin lugar a dudas, una de las mejores épocas de su actividad social y de relación con la docencia y teoría educativa; es importante mencionar que en este tercer momento de su relación con Michoacán, fue distinguido como recipendario de la Presea Rafael C. Haro, que otorgaba la Escuela Normal Urbana Federal a sus egresados distinguidos, bajo un estricto reglamento que, por lo mismo, ha hecho imposible que la reciban otros profesores de la misma escuela, que la merecen sin lugar a dudas, sobre todo, sus maestros más ameritados.
El cuarto momento de la relación de Arturo Esperón con Michoacán, fue su regreso a Morelia para hacerse cargo de la dirección de la Escuela Normal Urbana Federal, a propuesta del profesor Serafín Contreras Manzo y con el apoyo de distinguidos maestros y egresados de la misma institución, que ocupaban cargos directivos en la administración educativa del Estado de Michoacán; su gestión directiva en esa escuela marcó el inició de la incorporación de nuevos maestros, lo cual implicó una modificación en los esquemas tradicionales de la organización y administración de la misma; esto fue causa de algunas inconformidades personales que no resultaron más fuertes o importantes que la buena marcha de la institución.
El buen nivel de relaciones laborales y políticas que estableció con las máximas autoridades de la Secretaría de educación en el estado, fue la condición que lo hizo merecedor para hacerse cargo de uno de los programas novedosos y lleno de ambiciones en beneficio de la sociedad, promovidos por las políticas del presidente López Portillo, con base en los abundantes recursos financieros disponibles en el país en aquellos años, por efecto de los grandes exportaciones de petróleo y su elevado precio, resultantes, por una parte, de la reducción de las exportaciones de la organización de los países petroleros, y por la otra, del aumento del precio del barril de petróleo ante la demanda mundial; todo esto fue consecuencia de la última guerra entre Israel y los países árabes en aquellos años; la política a la que hacemos alusión fue el llamado Programa nacional para el abatimiento de rezago educativo en las zonas críticas marginadas; en el caso de Michoacán, se designó al profesor Arturo Esperón Villavicencio, como coordinador general del mismo, y la zona de influencia de ese proyecto tuvo como sede la región del sur y de la costa, y su centro de operaciones, en la cabecera municipal de Coalcomán; a esa región se desplazó, junto con un equipo integrado con profesores de la Escuela normal urbana federal y algunos recién egresados de la misma y de la Escuela Normal Superior de Michoacán; tanto la coordinación como el equipo responsable de las actividades, cumplieron las metas del proyecto con plena satisfacción de las autoridades de la recién establecida Secretaría de educación en el estado; el término del período gubernamental de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano marcó también el término de las políticas federales para el abatimiento del rezago educativo en las zonas marginadas, un efecto más de las drásticas políticas de austeridad y terminantes recortes al gasto público del gobierno, resultantes de las devaluaciones padecidas por la economía mexicana y las clases trabajadoras en 1976 y 1982; fue de esa manera como llegó a su fin la presencia activa de Arturo Esperón Villavicencio en Michoacán, y decidió regresar a la ciudad que siempre amó más que otras, a Xalapa, Veracruz; sus relaciones políticas y antecedentes profesionales en aquella parte del país fueron condiciones principales para que en el breve tiempo, recibiera la oportunidad de incorporarse nuevamente al servicio educativo en la Universidad Veracruzana y participar en la planeación, desarrollo y coordinación de modalidades de educación abierta y a distancia, de las cuales esa universidad fue pionera en México, junto con la UNAM. El conocimiento de la teoría respectiva y la experiencia vivida en el Crefal, fueron las condiciones para que el último tramo de su actividad profesional, haya tenido como contenido principal y objeto de trabajo, la educación abierta y a distancia, modelos educativos de los cuales era entusiasta partidario y promotor, a partir de su relación teórica y práctica con los conceptos, fines y modelo de la educación permanente, con lo cual estuvo vinculado como coordinador y docente en la Escuela Normal Superior de Michoacán, ahora Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación;
su tiempo en la Universidad Veracruzana estuvo repartido entre el diseño y coordinación de modalidades educativas abierta y a distancia, la docencia en la facultad de pedagogía y el estudio de la teoría de los valores, las culturas precolombinas y de ciertos autores contemporáneos, estudiosos de la teología y algunas cuestiones de metafísica; el primero y segundo de estos aspectos, fueron los temas predilectos de sus meditaciones y escritos, lo cual alcanzó su unidad en el último libro que escribió y que tuvo ocasión de haber publicado en una editorial de la Ciudad de México, cuya edición vino a presentar a Morelia en octubre de 2002.
Merece destacarse el hecho siguiente: aparte de directivo eficiente y buen maestro en el desempeño de la cátedra, Arturo Esperón Villavicencio también fue escritor, y resulta notable en la trayectoria de su existencia, que el proceso de su escritura y manifestación de sí mismo como escritor, haya ocurrido en el segundo momento de su relación con Michoacán y de su estancia en la ciudad de Morelia; es probable que antes de 1973, haya escrito artículos, apuntes y ensayos de diversa índole durante su permanencia en Veracruz; en todo caso, sus seres queridos pueden cerciorarnos sobre esa posibilidad y mejor aún, de la salvaguarda de los mismos.
En diciembre de 1975, publicó en Morelia su libro Filosofía y praxis educativa, un libro de texto para los maestros en servicio que acudían a los cursos impartidos en el llamado Instituto de capacitación del magisterio estatal; escribió ese libro de acuerdo al programa de la asignatura de filosofía de la educación, vigente en aquellos años para las escuelas normales mexicanas; ni qué decir que el libro tuvo una entusiasta y grata acogida entre los maestros de Michoacán, en particular, de los propios alumnos del mencionado instituto, sus alumnos de la Escuela Normal Superior de Michoacán y de la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana; fue un éxito editorial, tanto, que tres meses después apareció la segunda edición; estos acontecimientos lo colmaron de alegría intelectual, bienestar espiritual y satisfacción profesional;
es un libro dedicado a sus hijos Alaina Alessa y Arturo Iván; examina el concepto de la filosofía y fines de la educación, sus fundamentos psicológicos y el tema de los valores en la educación, así como el panorama de la historia de los ideales educativos de Grecia, el renacimiento, y la época moderna, y culmina con consideraciones sobre la problemática y posibilidades de la educación en México.
La negación dialéctica de la negación es título del segundo libro que publicó en Morelia, en febrero de 1976, con el sello editorial de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo; el libro está dedicado a la memoria de su madre, a su querido maestro Rafael C. Haro, al maestro Serafín Contreras Manzo; a sus maestros y amigos de la Universidad Veracruzana, don Joaquín Sánchez MacGregor, don Fernando Salmerón, don Rafael Velasco Fernández y don Roberto Bravo Garzón; la hoja de dedicatorias también contiene un agradecimiento a Severo Iglesias, en aquel entonces director de la Escuela de Filosofía; el libro consta de ciento diecinueve páginas y sin lugar a dudas, resultado de su interés en la dialéctica y vocación de profundizar en tan importante y valioso pensamiento; en el desarrollo de las temáticas, tiene gran presencia los que fueron autores favoritos sobre ese tema, que gustaba citar, o referir en sus clases de lógica dialéctica, ética, ontología y fenomenología, en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana.
Al término de sus actividades en el Centro regional de educación fundamental para América Latina dependiente de la UNESCO, prestó sus servicios a la educación como director de la Escuela Normal Urbana Federal; en abril de 1981 invitó a quien esto escribe, a la redacción de un libro de texto, como apoyo para las asignaturas filosóficas pertenecientes al plan de estudios de educación normal vigente en aquellos años, y que reflejaba todavía concepciones humanistas y teorías sociales, reconocidas por el régimen político de la revolución mexicana; su idea era la redacción de un diccionario de filosofía para estudiantes de educación media superior; logramos una coordinación respetuosa y responsable, y con gran entusiasmo, determinamos ciento dieciséis conceptos correspondientes a los temas de las respectivas asignaturas filosóficas; con un reparto equitativo de las tareas, logramos la redacción de los respectivos artículos en cuarenta días naturales; fue una experiencia gratificante, que cumplimos con gran entusiasmo y entrega de nuestro mejor esfuerzo intelectual; el libro fue publicado por la Escuela normal urbana federal en julio del mismo año, bajo la coordinación editorial del señor profesor Salvador González García, con el título de Temas claves de filosofía, y un tiro de mil ejemplares; no está de más recordar que fue un éxito editorial, que la edición se agotó con rapidez, pues era un libro de texto para los estudiantes normalistas, no obligatorio, pero sí de recomendable consulta; de igual modo, no está de más, consignar aquí lo que dijimos en presencia del maestro Esperón en octubre de 2002, sobre la larga utilidad prestada por el mencionado libro a varias generaciones de estudiantes normalistas posteriores a la publicación de Temas claves de filosofía, en el lejano 1981. En esa época Arturo Esperón Villavicencio vivía en el lugar -entonces fuera de Morelia- llamado ” Posada de buenos amigos”, ubicada en el cruce de la carretera federal número doscientos con el camino vecinal a Cointzio, ahora suburbio de la gigantesca Morelia, abrumadora y congestionada con sus trescientos cincuenta mil autos y camiones, que ha crecido sin descanso, sin organización y sin planeación; más de alguna ocasión nos invitó a visitarlo en ese lugar para darnos a conocer y escuchar, comentarios sobre los escritos que le inspiraba la entrega que sintió hacia el género literario de la ciencia-ficción; logró varios cuentos, y con el mejor de ellos participó en un concurso nacional convocado por el periódico Excélsior, en 1983; obtuvo el segundo lugar, lo cual lo llenó de legítima satisfacción, aunque la ceremonia de entrega de los premios en un hotel de la avenida Paseo de la Reforma de la ciudad de México, no le resultó gratificante, por la impuntualidad, falta de organización, coordinación y atención a los invitados, según comentó después; lamentamos no habernos quedado con una fotocopia del texto ganador que nos permitió leer, y no quiso obsequiarnos un ejemplar, porque declaró que trabajaría en mejorarlo, inclusive elevarlo al formato de una novela; fue la época en que se convirtió en gran lector y admirador de Jorge Luis Borges.
En el último año de su gestión directiva al frente de la Escuela Normal Urbana Federal invitó a varios profesores a escribir semblanzas de los distinguidísimos maestros de la institución, las cuales fueron publicadas como número especial de la revista Paideia, conmemorativa del aniversario de la fundación de la muy querida Escuela normal urbana federal de Morelia; por supuesto que Arturo Esperón Villavicencio escribió sobre el maestro Rafael C. Haro.
Nuevamente domiciliado en la ciudad de Xalapa, intentó una edición revisada, corregida y aumentada y con alcance nacional de nuestro libro Temas claves de filosofía; la perspectiva no sólo era promisoria, también necesaria como apoyo para las escuelas normales y demás instituciones de educación media superior, cuyos planes de estudio, en aquellos años, contemplaban asignaturas filosóficas; sin embargo, nunca se logró esa segunda edición, no obstante que los dos autores decidimos trabajar en la corrección de los textos y ampliación de contenidos. Veinte años después de publicado el mencionado texto de apoyo para normalistas y bachilleres, Arturo Esperón Villavicencio dio a conocer el libro Educar en valores y expresión indígena, el cual, hasta donde sabemos, fue su última publicación; esa obra consta de doscientas veintiún páginas, impresa bajo el sello editorial de la empresa Ángeles Editores de la Ciudad de México, terminado en junio de 2001 y con un tiro de mil ejemplares;
la obra está dedicada a “el Gran Diseñador Del Universo”, a “las cuatro lunas” (sic) y memoria de su madre; el punto de partida del autor en ese libro es la referencia a los valores comunitarios como eje de la vida cotidiana y estructura básica de la civilización; los valores comunitarios son presentados como identidad de los valores con el bien, y del bien con la vida digna, la convivencia en la justicia y libertad, y refiere como valores fundamentales la salud y el amor, la amistad y armonía social; la conceptualización de los valores que el autor presenta tiene como fundamento el pensamiento filosófico sobre ese tema, y refiere los planteamientos principales de ellos, desde los griegos, hasta el siglo XX; la relación de los valores con la sociedad es el principio que asume el autor para proponer la formación de ciudadanos mexicanos, mediante el reconocimiento de los valores que fueron fundamento de las culturas mesoamericanas; este planteamiento abre paso a la consignación de antecedentes y experiencias significativas sobre la educación en valores; la experiencia vivida y los conceptos formulados con relación a la educación permanente, aparecen recuperados en este libro como marco teórico para su propuesta de educación en valores; esta forma de educación es presentada como la propuesta con mayores posibilidades de efectividad, en atención a la importancia de la formación de actitudes, habilidades del pensamiento y destrezas manuales para afrontar los desafíos del desarrollo científico y tecnológico; la teoría de la educación permanente es la perspectiva social y política que señala la pertinencia de incluir, en todos los programas de educación, la temática de los valores de pueblos indígenas y que -dice el autor- “forman parte del paradigma que nos hace falta”; gran parte de libro, es examen documentado de objetos y lugares representativos de las concepciones del mundo y valores indígenas plasmados en testimonios escultóricos, arquitectónicos, literarios y pictóricos; esas descripciones van acompañadas con resúmenes de las principales investigaciones arqueológicas en los centros religiosos más importantes de las culturas mesoamericanas, en México y Perú, algunos de los cuales el autor tuvo ocasión de visitar; junto con esos exámenes, ofrece la versión sintético-descriptiva de las interpretaciones de los principales códices precolombinos, testimonios insustituibles para la comprensión de las concepciones del mundo y de la vida de las culturas primigenias de América Latina; este libro es una aportación altamente significativa que Arturo Esperón Villavicencio hizo a la cultura mexicana, junto con su dedicación profesional a la educación; el libro ofrece los resultados de su examen de los valores pertenecientes a los pueblos indígenas mexicanos, tema que reconoció como inagotable y del que dijo estaba dispuesto a profundizar mediante la exploración de los secretos de los pueblos indígenas y en el estudio de su concepción de los valores.
En octubre de 2002 estuvimos con él, la que sería última ocasión de su presencia pública entre nosotros, cuando vino a presentar lo que fue su último libro -hasta donde sabemos- en la Sala de usos múltiples de la Escuela Normal Urbana Federal; en el evento manifestó una intensa emoción al encontrarse en esa institución con la juventud normalista, y también por la nostalgia sentida como consecuencia de enterarse de la partida de algunos queridos amigos, con quienes compartió las épocas juveniles de estudio y plenitud deportiva.
En abril de 2006, Arturo Esperón Villavicencio se despidió de la vida; después de aquella presentación no volví a verlo; hubo algún intercambio epistolar por correo electrónico, con el propósito de diseñar de manera conjunta algunos materiales de estudio para el apoyo del sistema de educación abierta y a distancia de la Universidad Veracruzana para la cual trabajaba, con la previa capacitación que recibió en la Universidad de Pennsylvania sobre las nuevas tecnologías y su aplicación a la educación abierta.
Nunca pensó en la jubilación; para él, vivir era como un compromiso con la actividad continuamente renovada y con la experiencia y renovadora de vida; alguna vez se permitió escribir versos dedicados a la memoria de su madre y no sabemos el destino de estos, y en cuanto a su padre -también profesor educación primaria- las pocas ocasiones que lo mencionó, lo hizo con el respeto que exige la figura del padre como principio de acción y realidad. Amaba entrañablemente a su única hermana, de quien se expresaba con todo el cariño filial de que era capaz, con toda la admiración que le inspiraba su intensa actividad y sentido de responsabilidad para con la difusión de la cultura y en favor de las artes. Amaba el deporte, amaba el saber, intensamente amaba la docencia y el diálogo, actividades que colmaron su labor en las aulas; amaba amar, amaba la naturaleza, amaba sentir el esfuerzo de la acción, trabajaba mucho y parecía no cansarse nunca; lo recordamos siempre atento, solícito y solidario.
No recordamos haberlo visto enojado alguna vez, más bien, siempre risueño en la docencia, siempre jovial en la amistad, sonriente de manera amable y discreta en el trato cotidiano, dentro y fuera de las aulas; primero como estudiante y luego como su amigo, nunca lo escuchamos utilizar palabras groseras o expresiones obscenas, nunca una palabra ofensiva o vulgar; más bien, lo recordamos como un caballero del lenguaje; nunca escuchamos de él queja o rencor respecto a alguien, ni desprecio o resentimiento respecto a algo; nunca lo escuchamos expresarse con desdoro sobre quienes lo consideraban adversario.
Le gustaba fumar, y lo hacía con estilo, parecía que la nicotina le daba inspiración, porque cuando fumaba, su clase se volvía más interesante, en aquellos años en que fumar no estaba satanizado, sino que más bien formaba parte del ambiente universitario y de la docencia en la educación superior; llamaba la atención que ese hábito parecía no afectar su garganta; enemigo de rencillas y rencores, procuraba mantener la amistad y cuando está ya no era posible, no perdía el respeto hacia las personas con las cuales ya no estaba de acuerdo en cuestiones profesionales.
Arturo Esperón Villavicencio ha partido de la vida; a quienes conocimos su obra y respetamos su memoria, nos corresponde contribuir a la preservación de sus aportaciones a la filosofía y teoría de la educación, y conservar la confianza en que sus familiares sabrán compilar y organizar sus escritos, y que su obra íntegra será publicada por las instituciones en las cuales prestó servicios humanísticos y profesionales, en Veracruz y Michoacán, en Nuevo León, Puebla y Tlaxcala.
Tenemos la certeza de que la publicación de estas semblanzas por parte de la Secretaría de educación en el Estado de Michoacán es una contribución de la ley y la autoridad para el impulso constituyente de la cultura del respeto a los hombres notables, preservación de su memoria y obra en favor de la cultura de México, dignidad humana, conciencia de la libertad y compromiso con la acción, algo de lo cual es representativo el maestro evocado en estas líneas.
Morelia, Michoacán, marzo de 2007.
“Las tesis principales de Marx debían reconstruirse o cambiarse: de la conciencia como reflejo a la conciencia concreta, de la estructura-superestructura a la concepción triádica del mundo, de las leyes positivas sociales a las coordenadas del hecho social. Mi obra es, en lo general, esa reconstrucción.”.—Severo Iglesias. 1
Evocación de impresiones biográficas.
Mi experiencia en el trato y convivencia con Severo Iglesias en el periodo 1974-2016 -con algunos intervalos de distanciamiento intelectual y personal, a veces cortos, a veces, largos- es condición para afirmar que su presencia siempre era ocasión para hablar de todo, mejor dicho, preguntar de todo lo que fuera teórico, intelectual, reflexivo o problemático, pero bajo un único requerimiento: bajo sus condiciones, que eran el respeto, la interrogación expresada de manera correcta, y si era precisa, mucho mejor, y nada que concerniera a su privacidad o motivaciones personales; alguna vez dijo que “a nadie le permitía cuestionar sus motivaciones,” y “haber tenido el cuidado suficiente para mantener alejados a sus hijos de las mismas”, cuando alguien preguntó si uno de los mismos había incursionado en el activismo político. Haber tenido siempre presente esas condiciones hizo posible la comunicación continua y apropiada, como conversación inicial, que muchas ocasiones derivó a la exposición de monólogos formidables, ilustrativos, admirables y generosos. Para mí, siempre fue el Maestro, y por ello siempre guardé la distancia que confería ese reconocimiento; esa distancia fue el fundamento moral de mi cercanía y amistad con Severo Iglesias. Sin embargo, bajo esas mismas condiciones y al paso del tiempo, poco a poco supe algo de su vida personal por las pláticas sostenidas, o la conversación que propiciaba; cuando surgía algo personal era porque él lo expresaba. Así pues, a través de los años fui recibiendo un dato, y otro, y otro, que me permiten tener una imagen general de lo que fue su vida. Una sola vez -creo que en 1995- le pregunté de manera directa sobre la ocupación de su papá, y no dio una respuesta precisa; dijo: “a muchas cosas, se dedicaba a muchas cosas”. Igual, de su mamá; en 2013, la mencionó, cuando hablaba de sus acciones políticas en la Universidad de Nuevo León. Refirió lo siguiente: habían pasado varios días sin presentarse en la vivienda familiar, por las exigencias de un movimiento estudiantil que dirigía en una escuela preparatoria; ahí llegó a buscarlo su señora madre, y luego de ver que estaba bien, le entregó un rollo de billetes, y se retiró; agregó que interpretó “la visita” como muestra de respeto de una madre hacia las actividades de su hijo. Así fueron las menciones que hacía de su vida personal; así era él, cuando quería decir algo personal; eran datos valiosos, elementos importantes para la redacción de una monografía o semblanza biográfica; ahora, ese proyecto de escritura requeriría de investigación en archivos de Monterrey; por ejemplo, acudir a los archivos de la Universidad, del Registro Civil, de la Fiscalía General de Justicia, de la Facultad de Filosofía; y también, al Archivo General de la Nación, y conseguir la autorización para consultar el expediente que debió abrir el Gobierno federal sobre el activismo político que desempeñó en el Partido Comunista, sindicatos obreros, la universidad, etc.; ahí deben estar los informes policiacos correspondientes; por lo mismo, en 1964, el FBI le prohibió para siempre, la entrada a Estados Unidos, luego de haber recorrido ese país, en varias ocasiones; cuando mencionaba esa prohibición, gustaba de mencionar dos situaciones: la conversación que tuvo con el agente federal, y sus gratas imágenes de Nueva Orleáns; el maestro Iglesias mencionó haber visitado el Pentágono y hecho consultas bibliográficas en la Biblioteca del Congreso, en Washington; en la Biblioteca Benson, en Austin, Texas -que tiene la colección más completa del mundo de todo lo que se publica en lengua española-; haber saludado a Lyndon B. Johnson y también, haber escrito una carta a Mario Savio.
De su infancia, más de una vez refirió algunas anécdotas, pocas, pero que ilustran lo que fue su espíritu de niño curioso y aventurero; por ejemplo, contaba que les gustaba caminar por las vías del ferrocarril y alejarse, alejarse, alejarse, junto con la palomilla de amiguitos de la que obviamente era el líder. Otra, la vez que se encontró un billete de cinco pesos, y el “plan” que hizo para disfrutar ese dinero con sus amigos; con serenidad especial, habló de la felicidad que sintió cuando miró los juegos de luces, formas y colores en el fondo de un caleidoscopio; también, cuando leyó La sagrada familia, a los trece o catorce años, y que sintió que en ese libro ‘había algo para él’, que decía cosas que sentía le acomodaban, y que ‘tuvo el presentimiento’ de que, tal vez, más adelante dedicaría su vida al estudio de cuestiones semejantes; también llegó a referir que, en la adolescencia, “era bueno” en las peleas a golpes con sus adversarios; y que en la escuela secundaria, llegó a comprar una botella de un cuarto de tequila, ingerirla de un trago, en algún jardín público, y que ahí quedaba tendido al poco rato; en la ocasión que narró esa anécdota, allá por 1975, era inocultable la complicidad de su mirada con su sonrisa, y aquella luminosidad que revelaba la felicidad sentida por semejante evocación, y que pude ver en ocasiones en que latía en su interior con gran fuerza, la dicha de haber vivido lo que mencionaba, y también, de vivir.
A lo largo de los treinta y cinco años de nuestra relación de amistad y respeto, centrada casi siempre en la filosofía, pregunté tres o cuatro veces en su interés o disposición para escribir su autobiografía; siempre contestaba que no tenía el mínimo interés en escribirla, sin dar mayor razón; por mi parte, no insistía; siempre aceptaba sus palabras y respuestas como suficientes, porque para mí, siempre fue el Maestro, siempre; esa actitud mía fue el fundamento de mi amistad con él, y nunca cambió. Debo decir que en 2007, en una o dos ocasiones comenzó a hablarme “de tú”, lo cual primero me agradó, luego lo consideré un lapsus linguae, y después me desconcertó; por instantes creía que me dispensaba ese trato como si hubiéramos sido amigos de juventud, o que quería mayor cercanía como amigos, no sólo del maestro y su discípulo; no me atreví a contestarle de igual manera, porque lo juzgué inapropiado, pero me ofrecía una confianza que creí no merecer, y decidí seguir “hablándole de usted”, y así fue siempre. Además, decía que “sabía muchos secretos” y que se los llevaría a la tumba; pensé que, en un momento imposible de amistad a su estilo personal, no me hubiera gustado que compartiera “algo” de aquellos misterios; también pensé en que, para ser su ‘amigo-amigo’, era necesario tener un carácter como el suyo, parecerse ‘en algo’ a su temperamento, y debo decirlo, no era mi caso.
En 2014, lo visité en su casa de Monterrey, en ocasión de su LXXIV cumpleaños; en un momento de la visita, volví a preguntar por su interés en escribir su autobiografía, y en esa ocasión mostró una actitud diferente, hasta cierta disposición para ello, “bajo la condición” de que fuera una biografía de acuerdo con los principios de Dilthey para la redacción de una biografía, y que él no la escribiría, sino que, en todo caso, “escucharía preguntas” correctamente dichas, y que él contestaría, que fueran grabadas y luego transcritas y revisadas por él posteriormente; así fue siempre: la última palabra debería ser la suya, siempre. Mencionó a alguien -una mujer- que ya trabajaba en una semblanza biográfica suya, en compañía de su esposo, sin decir nombres -lo cual era característico en él- y eso fue todo; aquella fue la última ocasión en que pregunté por la narrativa de su vida por mano propia; después, en sus visitas a Morelia nada supe del resultado de aquella iniciativa que mencionó. Deseo con sinceridad, haya alcanzado feliz culminación. Debo decir que, al término de mi estancia en Monterrey, tuvo la finura de ir a despedirme a la central de autobuses, en compañía de sus nietos varones.
Comparar los acontecimientos de su vida con su carácter, y descubrir la conexión de sus acciones sociales con su temperamento, es labor de un biógrafo de calidad; una verdadera biografía describe la formación del carácter, la evolución de la personalidad y la construcción de una obra; eso es una biografía en términos estrictos; fuera de eso, se hace cronología, o historiografía, que es lo que más se estila cuando se escribe una biografía. Yo tengo cierta confianza en que en Monterrey ‘alguien’ escribe, o está por comenzar a escribir semblanzas de su vida y de su obra; quiero pensar que está por suceder, o que está sucediendo, de parte de un contemporáneo de Severo Iglesias, o de un adulto, o adulto ya mayor que haya escuchado sus enseñanzas en la escuela preparatoria, o mejor aún, de alguien que lo conoció por sus libros y activismo político.
Su vida física llegó al término natural que aguarda a todos y cada uno de los seres humanos; vivió más de lo que esperaba; cuando escribía La razón ficticia, decía haber llegado a la edad de fallecimiento de sus padres (56 años, su papá), y que no creía rebasarla por mucho, y mencionaba hermanos y otros parientes para nada longevos; también decía algo impresionante y pavoroso: “había que pasar la estafeta”, sin mencionar a alguien en específico de Monterrey, Ciudad de México o Morelia; con todo el fervor de mi corazón deseaba que no pensara en mí cuando decía esas palabras; ahora creo que no lo pensaba así, pero cuando las pronunciaba su mirada intensa y luminosa destellaba con un brillo especial. Mencionó lo uno y lo otro en varias ocasiones, a largo de diez años, con intervalos más largos al final de ese periodo. En los días finales de su magisterio en la Escuela de Filosofía (1976), fue la primera ocasión en que habló del morir, en el sentido de que los hombres de actividad intelectual intensa y continua, tendían a fallecer de embolia cerebral, o de infarto fulminante, y agregó que era mejor para todos “irse rápido”; mi congoja fue grande al escuchar esas palabras, mayor, por la sentida en los días finales de junio, cuando las autoridades universitarias se pronunciaron contra nuestro movimiento en defensa de la amada Escuela de Filosofía; algo dijo a aquel joven que yo era, porque recuerdo perfectamente que expresó lo siguiente: “todo tiempo pasado fue mejor, aunque haya sido peor”, y “no nos preocupemos demasiado, vendrán cosas peores”; luego sonrió con la ironía que sólo él podía expresar, con aquella luz que destellaba en ocasión de sentimientos enigmáticos en su luminosa mirada, sentimientos y emociones que rara vez dejaba entrever, sin exclusión de la ira y cólera. Muchos años después (creo que era 2014) dijo “cualquier día es bueno para morir”. En ocasión de la inauguración del Aula Severo Iglesias en casa del doctor Ismael Acosta García (1953-2021) gran admirador del Maestro y patrocinador de la publicación de los primeros tomos de sus Obras Completas, dijo que ‘sesenta años son suficientes para una buena vida; después comienzan achaques y dolencias que nunca se acabarán; por eso, los años finales son los más pesados de la vida”. Recuerdo que dos años antes, en la presentación del libro colectivo sobre el centenario de la Revolución Mexicana en La Piedad, Michoacán, dijo que el hombre nace solo y con llanto; igual, cuando muere”.
En los años de la Escuela de Filosofía, algunos estudiantes platicábamos entre nosotros si el Maestro Iglesias creería en Dios; nunca nadie se atrevió a formular la pregunta; en cambio, sí hubo quien preguntó su opinión sobre fenómenos paranormales (eran los años de la película El exorcista), y los llamados ‘objetos voladores no identificados’; a esas preguntas dio respuestas lógicas y escuetas. Veinte años después (1996), en su seminario de la maestría en sociología de la educación, hubo quien sí formuló la pregunta sobre su creencia o no creencia en Dios; dio una respuesta que pareció combinación de palabras de San Agustín y Hegel al respecto; recuerdo el énfasis de sus palabras: la búsqueda de Dios responde a la intuición de su necesidad, y que, por lo tanto, de la misma manera es buscado, y también, conocido, ‘mediante una intuición’ -dijo-.
Periodo crítico. 1972-1976.
‘En principio’ -como acostumbraba decir el maestro Iglesias al inicio de su cátedra en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana- en relación con el conjunto de sus libros, quiero comentar dos cosas; una: el acto de mirar filosóficamente la obra del maestro en su totalidad, es condición de la propuesta de acomodo de sus libros en una triada de subconjuntos. En esa figura clasificatoria, cada uno de sus libros es susceptible de ubicación en alguno de los tres subgrupos mencionados; y la otra: este comentario es el inicio considerativo del orden histórico-crítico de la formación de su obra, de la constitución de ella a través del paso del tiempo y mediante la acción social intensa que constituía, cargada de sentido político estricto, y la actividad infatigable del pensamiento; una y otra de esas actividades fueron componentes esenciales de su existencia.
Severo Iglesias llegó a Morelia como profesor con el manuscrito de Opción a la crítica, obra que puede considerarse el comienzo de la constitución de su pensamiento propio. Con ello comienza su obra, con una teoría del sujeto; es una teoría de la conciencia y la acción, de la alienación y sus formas, y de la liberación de la conciencia. Respecto a la cuestión de la conciencia, y que trataba en sus cátedras de manera recurrente, recuerdo que, en las charlas de pasillo, solía expresar frases que nos marcarían para siempre, sin darnos cuenta de ello en aquel momento; entre ellas, hubo dos, de condición formidable, frases extraordinarias; una, refiere la pregunta por la conciencia, una pregunta fundamental en la historia de la filosofía: ¿qué es el conocimiento? La conciencia -dijo- es una estructura con orden propio, y agregó: la conciencia siempre es trascendental. Creo que ninguno de quienes lo escuchamos en aquella ocasión, entendió nada, pero con esas palabras textuales, el Maestro resumió el contenido de Opción a la crítica, que era libro que cargábamos todos los días la mayoría de los estudiantes; esa imagen era un marco de belleza en el pequeño edificio que ocupaba la Escuela de Filosofía, en la parte posterior del edificio principal de la Universidad Michoacana: el Colegio de San Nicolás. No está de más decir que dos de sus clases memorables y magistrales, fueron las exposiciones de la filosofía de Hegel, en particular, su alusión a la Fenomenología del espíritu, como ‘ciencia de la experiencia de la conciencia’, y que valoró como ‘el libro más importante que se ha escrito en la historia de la filosofía’ -dijo-; ninguno de los estudiantes tuvo el cuidado de grabar aquellas magistrales exposiciones, y se entiende, porque la revisión de Hegel culminó con la exposición de un aspecto de la filosofía hegeliana, de parte de cada uno de los estudiantes, lo cual causó cierto nerviosismo y alguna preocupación. Por mi parte, tuve el cuidado de grabar las cinco sesiones en que expuso a Husserl, cuya transcripción ocupa su lugar en el tomo primero de sus Obras Completas.
Cuando llega a Morelia como profesor- ya tenía bien definido y perfectamente claro el conjunto de conceptos y teorías de la ideología y de la ciencia, temas que manejaba de manera magistral, con nivel de excelencia, temas que fueron contenido de su tesis de licenciatura; es procedente decir que su examen profesional fue todo un acontecimiento entre la base estudiantil, y que tuvo lugar en un gran auditorio, según él mismo se permitió narrar en una charla de pasillo con los estudiantes, a las que era tan afecto como profesor, aunque siempre que era propicio, decía que él ‘no era profesor’, que ‘no era maestro de nadie’, y que ‘no había aprendido a dar clases, y que si lo hacía, era porque ‘de algo había qué vivir’, y que a él, nunca le faltaría trabajo. Esto último, siempre fue una verdad; lo otro -creo- era una ‘ironía socrática’ pues sus clases, siempre, eran exposiciones magistrales, de excelencia incomparable y suprema. Esa clase de cosas decía en 1975, a jóvenes que veíamos en él, la filosofía encarnada y viviente; de esa manera lo sentimos, en los pasillos y las aulas, o cuando invitaba uno de sus cigarrillos; eran palabras que causaban el efecto simultáneo del gozo y sufrimiento de reconocer la verdad y de encuentro con el saber de la claridad de vivir y pensar. Decía que la ironía socrática era una daga de dos puntas: hería al que estaba enfrente, y también, a quien la empuñaba.
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La mirada filosófica crítica y valorativa de la obra escrita de Severo Iglesias en conjunto, vista como una totalidad, permite decir que llegó a Morelia en 1974 como profesor de la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de san Nicolás de Hidalgo, con un proyecto de lo que quería investigar y escribir, a manera de continuación de las publicaciones que había logrado en Monterrey: Ciencia e ideología; Introducción a la filosofía, curso para bachilleres; Socialismo y sindicalismo en México, publicado en 1970, y un ensayo sobre la epistemología psicogenética de Jean Piaget; Esos libros fueron sus credenciales o cartas de presentación en la Universidad Michoacana; no fueron presentadas por él, sino por estudiantes que descubrieron alguno y lo adquirieron, y luego mostraron al resto de los mismos; muchos nos acercamos al Maestro para solicitarlos.
Tiempo después, supimos que, en 1973, había terminado el manuscrito de Opción a la crítica; el consejo estudiantil recién formado, hizo la petición a las autoridades correspondientes, y apareció con el sello editorial de la Universidad Michoacana en 1975. El primer título, fue su tesis para obtener el grado académico de licenciado en filosofía en la Universidad Autónoma de Nuevo León. De igual manera, llegamos a saber que había estado antes en Morelia en varias ocasiones (1966; 1967), en plan de activismo político estudiantil y de promoción de una organización nacional de estudiantes universitarios; y también, de su baja estima del nivel ideológico y político de organizaciones y líderes estudiantiles de la Universidad Michoacana.
La actividad docente de Severo Iglesias en la recién nacida Escuela de Filosofía y su primera generación -que tuvo una matrícula de más de cien alumnos- comenzó con las cátedras de Historia de la filosofía medieval, y Taller de lectura y síntesis. Sus exposiciones temáticas eran rigurosas, serias y sistemáticas, siempre centradas en el objeto de estudio y examen del problema en cuestión; luego de exponer la conceptualización respectiva, expresaba comentarios colaterales al tema que exponía, pero jamás valoraciones personales peyorativas de un autor, aunque llegó a manifestar su desagrado por Schopenhauer y Nietzsche. De esa manera fue el trabajo docente en las cátedras que expuso durante cinco semestres: Introducción a la filosofía; Problemas científicos y filosóficos; Métodos de la investigación científica; Filosofía de la ciencia; Estética; Filosofía de lo social; cursos semestrales de Historia de la filosofía medieval, moderna, y del siglo XIX, y dos cursos del seminario de Teoría de la crítica.
Periodo dialéctico-triádico. 1984-1997.
Luego de salir de la Universidad Michoacana en junio de 1976, en diciembre de ese año, volvió a Morelia, y habló frente a sus antiguos estudiantes, del marxismo de Althusser; y luego, de febrero a junio de 1977, una vez al mes visitaba la ciudad para hablar a los mismos jóvenes en el seminario de Filosofía de la historia que organizaron los mismos, y que era asignatura del octavo semestre del plan de estudios que diseñó el propio Severo Iglesias. Luego de eso, durante cinco años, no tuvo actividad pública en la misma ciudad cuando llegó a visitarla, y de lo cual poca gente se enteraba. Ahora podemos decir que, a lo largo de esos años, que el maestro pasó por un proceso de auto examen profundo de sus aspiraciones, de su proyecto de vida, y de autorreflexión radical y extrema de sus pretensiones de pensamiento y obra; los resultados de semejante proceso pudieron verse seis años después, en los libros que dio a conocer en 1982: Conciencia y sociedad< (escrito en 1977), y Principios del método de la investigación científica, y una reedición con un nuevo prólogo, de Ciencia e ideología. Puede inferirse que la autorreflexión y autoexamen mencionados, fueron de mayor duración, aproximadamente diez años; en el fondo, fue un proceso de reconstitución de su pensamiento; fue transición significada y resuelta en el libro La razón ficticia, que escribió entre 1984 y 1986.
Los quince años transcurridos entre 1980 y 1995, fueron el periodo de crisis, descomposición y caída del régimen socialista soviético en Europa Central y en Rusia; esos acontecimientos fueron la condición histórica de la autorreflexión de Severo Iglesias que luego instauró como condición de posibilidad de preparación para la obra que desarrolló a partir de la crisis del socialismo soviético; fueron los años de constitución de elementos conceptuales y procedimientos cognoscitivos para su ‘teoría dialéctica de tres términos’, que comentaba con amplitud y precisión entre 1995 y 1996; fue publicada en 1997 como edición de autor, con el título de Triádica, dialéctica de tres términos; libro arduo y complejo, es como una ‘ciencia del mundo’, una teoría de los principios y condiciones de interacción entre la conciencia, la realidad y la acción.
Es importante ofrecer el dato siguiente: en 1982, organicé un seminario de doce sesiones mensuales en ocasión de la conmemoración del centenario de la muerte de Marx (1983); el maestro Iglesias fue invitado especial, y asistió a nueve de ellas; participó con sus brillantes exposiciones de rigor analítico y disertaciones de precisión conceptual incomparables; en ellas, mostró el profundo conocimiento de las teorías de Marx (citaba de memoria pasajes de algunas de sus obras) y también, de comprensión de las posibilidades y limitaciones de las principales concepciones de Marx; de su participación en el seminario referido, quiero destacar lo siguiente: por primera vez habló de los ‘tres órdenes de la realidad’: el orden de la conciencia, el orden de la acción y el orden de lo real, y sus interacciones y contradicciones al interior de cada uno de esos ámbitos; en algunas sesiones de aquel seminario se manifestaron las ‘ideas seminales’ -diría San Agustín- de la dialéctica triádica, que quince años después aparecieron como sistema de principios, condiciones y fines de ‘una nueva filosofía’, y que ahora, a casi cuarenta años de distancia en el tiempo, ponderamos -con el respeto que siempre sentimos por él- como manifestación del proceso de reconstitución del pensamiento y proyecto de existencia de Severo Iglesias. Creemos que la culminación de dicho proceso vital-existencial de reconstitución es su libro Teoría de la praxis, aparecida en 2004, y al que dijo, dedicaba dieciséis horas diarias a su elaboración. Ese tremendo esfuerzo intelectual fue una prueba más de la inmensa capacidad de trabajo de su poderoso cerebro, y de energía mental, que parecía tan intensa como inagotable. Fue penosa la misteriosa enfermedad neurológica que después llegó a padecer por ello, y también reconfortante, la asombrosa recuperación de su salud y vigor intelectual y físico que mostró en los doce años siguientes, que fueron precisamente, los años de lo que en este escrito consideramos como el ‘tercer periodo’. Esos son los tres momentos que yo visualizo en la vida y obra teóricas de Severo Iglesias, vida que, ahora puede decirse sin temor a exageraciones o confusión, fue vida de militancia.
Podemos decir que los problemas de la ideología, ciencia, mundo y acción, fueron el trayecto teórico y reflexivo que recorrió el Maestro durante cuarenta y cinco años, de 1970 a 2015, de su tesis de licenciatura, a su libro Conciencia y mundo nuevo; fue trayecto de rigurosa constitución de una nueva y profunda epistemología, o teoría y ciencia del mundo en el sentido estricto, grande y universal, una teoría de saber científico riguroso y sistemático de la actividad humana determinada por el sentido de justicia y libertad.
En los días finales de su labor docente en la Escuela de Filosofía, escribió el Manifiesto filosófico publicado en Panta Pei, (‘Todo fluye’) la revista de esa escuela; es un documento de importancia filosófica que presenta, de manera resumida, las líneas generales de pensamiento y acción cumplidas por Severo Iglesias en Monterrey, de su autoformación teórica, y el concepto y significado de la filosofía; también contiene el proyecto de pensamiento, escritura y acción que cumplió durante los siguientes treinta años; en ese manifiesto, es notorio el énfasis puesto en la importancia y necesidad de una teoría rigurosa y estricta de la praxis, diferente y superior a los planteamientos existentes al respecto.
En 1982, hizo una edición de autor del libro Conciencia y sociedad, y que consideramos, continuidad de Opción a la crítica, y representativo del inicio de otra fase del proyecto de existencia, pensamiento y militancia de Severo Iglesias. En Conciencia y sociedad, el Maestro aborda el tema de la relación entre conciencia y realidad social; es un sistema de conceptos de reflexión problematizadora sobre la conocidísima tesis de Marx de la determinación de la conciencia por el ser social, un problema fundamental de la filosofía y de las ciencias sociales; en el libro mencionado otorga a ese problema un tratamiento crítico, que Marx enuncia en el famoso prólogo de la Crítica de la economía política. Así como en Opción a la crítica presenta la teoría del sujeto, alienación y de emancipación de la conciencia, en Conciencia y sociedad presenta la tesis de la ‘conciencia concreta’; esta es una aportación de gran importancia y significado. La conciencia concreta es la forma específica que adopta la autonomía de la conciencia en sus interacciones con las condiciones, situaciones y circunstancias de la sociedad. La teoría de la conciencia concreta marca el inicio del segundo período de la evolución constituyente del pensamiento de Severo Iglesias (1982-1997).
En 1994, comenzó a trabajar en el libro que significa la continuación de Conciencia y sociedad; esa nueva obra es síntesis de sus planteamientos anteriores, a la vez que abre nuevos problemas; me refiero a Triádica. Dialéctica de tres términos; también marcó el inicio de la tercera etapa de la constitución del pensamiento de Severo Iglesias. Es importante señalar que la nueva teoría de la dialéctica que es Triádica, tiene como antecedente el largo texto y concienzudo estudio de la racionalidad, que es La razón ficticia. Es obra que ofrece el riguroso examen de las ‘formas imaginarias o supuestas de la razón’ que habían estado ocultas en la historia de la filosofía; ese libro fue publicado en 1994, y resulta susceptible de considerarse una obra preparatoria y propicia de la teoría de la dialéctica de tres términos. La razón ficticia es una revisión de la historia de la filosofía desde el punto de vista de las fortalezas y debilidades de la razón; un libro denso, arduo, para conocedores de la historia de la filosofía en general, y de las teorías de la razón, en particular; un libro complejo, escrito en riguroso lenguaje filosófico; en la introducción y capítulo final, está la síntesis de la teoría de la razón ficticia; ahí está el sistema de planteamientos de lo que el autor propone como la nueva dialéctica, resultante de la crítica exhaustiva de la racionalidad filosófica y social.
Periodo práxico-político. 2004-2021.
Triádica, dialéctica de tres términos, publicado en 1997, es la obra de pensamiento que puede señalarse -junto con La razón ficticia– condiciones de reflexión constituyente de los principios, fundamentos y fines de la teoría de la praxis; la unidad de esas dos obras aparecen como condición de articulación del sistema de planteamientos de la teoría de la praxis; yo me atrevo a decir que el asunto de la praxis fue un tema de análisis constante de parte de Severo Iglesias desde temprana edad; creo que, desde su primera juventud, reflexionaba y reflexionaba sobre la diferencia entre práctica y praxis, y que también, esa labor de análisis crítico fue el ‘hilo conductor’ de sus escritos y comentarios en clases, y conversaciones con grupos reducidos de oyentes en que exponía sus disertaciones sobre consistencia, importancia y validez de la teoría de la praxis.
Como sabemos, la combinación de la dialéctica triádica, la crítica de la práctica y teoría de la praxis es condición y fundamento de todo lo que escribió a partir de 2004, año de aparición del libro Teoría de la praxis. Todo lo que habló y escribió después, fue un manejo dialéctico- triádico y práxico de los problemas que abordó, de manera principal, la problemática teórica y operativa -por no decir, ‘práctica’- de la liberación del trabajo, la teoría del socialismo, teoría del México nuevo, y teoría de la desalienación; es formidable en verdad, la propuesta estratégica que hace el Maestro sobre la desalienación en la mediación de una nueva teoría política; la unidad de conjunto de esos problemas, fue la temática que expuso con amplitud y generosidad en el grupo de estudios que organizó la asociación de teatro independiente La Mueca, de Morelia, a partir de 2003 y hasta junio de 2017. Luego de su retiro voluntario de la docencia en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación en 2001, comenzó a trabajar con el mencionado grupo de teatro, temas de estética, teoría del arte y nuevamente, el examen de la conciencia; de esto último, resultó el libro Dialéctica del pensamiento, publicado en 2006, con el patrocinio de varias instituciones de educación superior. A ese respecto, por mi parte asumo el atrevimiento no demasiado arriesgado o ligero, de mencionar que, en 1999, comenzó la constitución articuladora de dialéctica y praxis, y de su discurso en torno a ese asunto, en exposiciones de cátedra y conversaciones con grupos reducidos de acompañantes a la hora de comer, o tomar un café. Después de 2007, en más de una ocasión hizo el comentario a estos últimos, de que la unidad de teoría de la praxis con la dialéctica triádica representaba un ‘nuevo principio de la humanidad y para la evolución de la especie humana, y también, corrección de rumbos inciertos o ‘erróneos de la civilización’.
Quiero decir que las expresiones recién consignadas, ejercieron en mí el efecto de gran sorpresa y hasta de asombro, al hablar en esos términos; casi no lo había hecho de semejante manera; hasta entonces, no solía hablar o escribir en términos de ‘la humanidad’; sin embargo, debo decir -porque ahora lo capto y asocio de mejor manera- que a partir de la dialéctica triádica habló en ocasiones, en ‘términos de la humanidad’; luego de la publicación de sus planteamientos sobre la teoría de la praxis, abrió su discurso sobre la validez del nuevo principio para la acción humana, para la evolución histórica y cultural de la especie humana, para la construcción de la civilización en la mediación de la liberación del trabajo que decía, era la manera de convertir en efectivo el nuevo principio, y que el mismo tenía nombre: el socialismo nuevo. También, que la realización del socialismo nuevo requería de ‘algo’ diferente y superior, que ya era posible mediante la efectividad de la dialéctica triádica y teoría de la praxis; ese ‘algo’ es el planteamiento de una nueva política. El foro de teatro independiente La Mueca, fue el escenario de sus magistrales exposiciones sobre las grandes teorías políticas, de manera principal, Platón y Aristóteles. La constitución epistemológico-axiológica del nuevo principio muestra su validez en la constitución rigurosa, sistemática y con fundamentos evidentes, en la propuesta de una nueva política.
Con el planteamiento anterior damos culminación a la presentación del esquema de la evolución constitutiva del pensamiento de Severo Iglesias, en los conceptos de las tres periodos descritos: período crítico, periodo dialéctico-triádico y periodo práxico-político; creo que en la presentación de ese devenir aparece el sistema del pensamiento de Severo Iglesias, utilizando el término ‘sistema’ en el sentido amplio y estricto del término: como conjunto de relaciones entre propiedades de elementos que forman una totalidad; no obstante que este concepto pertenece a la terminología estructuralista, cabe referirlo en el caso del ofrecimiento de una imagen general del conjunto articulado de sus ideas, pensamientos y propuestas.
Quiero decir que en febrero o marzo de 1977, el maestro Iglesias mencionó el interés que sentía para dirigir un seminario sobre el estructuralismo, para someter a examen sus posibilidades y limitaciones, y que desafortunadamente, no fue posible realizar en Morelia; menciono lo anterior en atención a lo siguiente: no estaría seguro que él aprobaría mi referencia a la figura de su obra como una estructura; si bien entre 1994 y 2001 mostraba cierta tolerancia a los planteamientos no bien articulados del todo, de parte de algunos estudiantes de maestría en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación, creo que hubiera aceptado mi referencia a una de las imágenes posibles para la representación de su obra en conjunto como una estructura, pero, como estructura diacrónica: abierta al tiempo, a los cambios, a la asimilación de innovaciones. Entonces, agregaría que esa estructura tendría como inteligibilidad intrínseca -el postulado básico del estructuralismo- los tres fines del pensamiento crítico-triádico-práxico de Severo Iglesias, contenido en el epígrafe de esta semblanza: “Las tesis principales de Marx debían reconstruirse o cambiarse: de la conciencia como reflejo a la conciencia concreta, de la estructura-superestructura a la concepción triádica del mundo, de las leyes positivas sociales a las coordenadas del hecho social. Mi obra es, en lo general, esa reconstrucción.” Considero esa expresión como digno epígrafe general de sus obras completas, y también, como el propio de algún libro de análisis crítico de esa obra, en el futuro incierto, de parte de un escritor que no ha nacido en las décadas iniciales del siglo XXI.
¿Testamento filosófico?
Un momento amargo de la juventud lejana, fue la separación del maestro Severo Iglesias de la Escuela de Filosofía; en aquel entonces, asumimos el Manifiesto filosófico de 1976, como su legado y también, como orientación y fuente vital para la existencia y obra filosóficas que ambicionábamos para la vida, proyectos y acciones por venir. Severo Iglesias había hecho sentir en nosotros el sentido de responsabilidad para ‘hacer algo por la filosofía, luego de lo que la filosofía había hecho por nosotros’, según las palabras de Bertrand Russell -impregnadas de belleza y verdad- que mencionó en más de una ocasión en la Escuela de Filosofía. En enero de 2021, Severo Iglesias llegó al término de su condición biológica; la muerte y el fracaso no fueron temas que mencionara de manera sistemática o conceptual con nosotros; solamente la penúltima vez que hablamos por teléfono -de manera breve en extremo- hizo alguna alusión a lo primero. Menciono lo anterior como ocasión para hacer referencia a lo que estimo forma de su testamento filosófico: las obras tituladas Dialéctica de la existencia, y Conciencia y mundo nuevo, publicada ésta en 2014. Sólo quiero referirme a la segunda de estas, y decir que, mediante ella, el maestro Iglesias llegó lejos, muy lejos, y alto, muy alto, en el nuevo nivel de pensamiento y reflexión que constituyen su obra. En Conciencia y mundo nuevo volvemos a encontrar su aptitud de pensar, su aptitud de sintetizar en nuevos conceptos y planteamientos, una variedad de teorías de las más generales en las ciencias sociales, las ciencias naturales, las ciencias formales y la reflexión filosófica; no en vano hemos hecho alusión al carácter epistemológico-axiológico como predominante en su pensar reflexivo. Ese libro es un ‘atrevimiento gigantesco’; nunca lo comenté con el maestro, pero quiero decir que, -hasta donde he podido captar- contiene muchísimas disertaciones novedosas; una de ellas, de lo más asombroso, es la que intenta encontrar la clave del misterio de la conexión entre la neurofisiología del cerebro con los actos de pensar; creo que gran parte de la obra, es examen científico-filosófico interdisciplinario de la manera como en la sinapsis neuronal ¡ocurre el brote del acto de pensar mediante una carga electromagnética!, ni más ni menos; eso es la impresión que deja la lectura de aproximación; también, que explora la explicación del punto de unión que buscaba Descartes en el siglo XVII, del cuerpo con la mente, en algún lugar del encéfalo.
El intento de explicar la transmutación de la energía física en acto intangible -no sé cómo decirlo- la transmutación de la materia viva en acto pensante mediante la reversibilidad, la determinación y la mediación, sería condición de conocimiento y comprensión “del pensamiento como modo de existencia de la humanidad, de la conciencia y pensamiento como “suma, síntesis o conjunción de componentes con entidad propia absoluta (…) a partir de un punto nuclear unitario que opera como principio.” Creemos que ese ‘principio que opera’, es la dialéctica triádico-práxica que funda el sentido universal de la liberación del trabajo y desalienación como condiciones constitutivas de la liberación de la humanidad en la mediación de la liberación del trabajo. De igual manera, abrigamos la intuición de la conexión entre ese ‘principio nuclear’ con la noción de la conciencia como una ‘estructura con orden propio’, que tiene sus propias leyes trascendentales, algo que el maestro Iglesias mencionaba en los pasillos de la Escuela de Filosofía, frente a un grupo de estudiantes que lo escuchaban atónitos, con un cigarro entre los dedos y con el sentimiento de la agitación del alma: aquello, era el amor por la filosofía.
Quiero decir que Severo Iglesias ya está en la idea de la historia de la filosofía, en la corriente espiritual de la autoconciencia de la humanidad que es el pálpito vital del pensamiento constituyente de espíritu o autoconsciencia, de los principios y valores de la humanidad. Severo Iglesias, un día aparecerá en los libros de historia de la filosofía; un día aparecerá en obras que escribirán autores cuyos padres no han nacido; no sabemos cuándo saldrán esos libros a la luz pública, para los hombres en general y para los estudiosos y amorosos de la filosofía; estamos seguros, que así será.
¿Testamento político?
Es sabido que los ‘cinco grandes’ que son el centro estructural de la historia de la filosofía, lo son por sus aportaciones a la teoría de la conciencia, el mundo y la acción. Platón, Aristóteles, Kant, Hegel y Husserl, son los grandes de todos los tiempos; los demás, el que fuera, y que brilla con luz propia, gira en torno a uno de ellos, con el reflejo de su luz, o de varios de los mismos. En relación con esa visión de la historia de la filosofía, y de la filosofía como actividad de pensamiento reflexivo, quiero decir que Opción a la crítica, Conciencia y sociedad; Epistemología de lo social; Dialéctica del pensamiento, y Conciencia y mundo nuevo, contienen una teoría singular de la conciencia; por esa singularidad, la obra de Severo Iglesias ya tiene reservado un lugar en la historia del pensamiento. ¿Cuál es el propósito de esa teoría diferente? Creemos que es el de fundamento del nuevo principio de constitución de la libertad de la humanidad, que Severo Iglesias denomina ‘socialismo nuevo’. También creemos que el sentimiento, conceptualización y divulgación de ese principio (nuevo) fue el sentido de su existencia, de su vida personal como militancia en favor de un ideal y de lucha política; en ello, casi estuvo solo, casi siempre, por razones de sus ideas, o de su temperamento y carácter, y siempre lo supo. Ese sentido era en Severo Iglesias, algo similar a lo que Aristóteles llama ‘motor inmóvil’: lo que mueve sin ser movido; ese sentido era la fuente de pensamiento y acción de su activismo político en la Universidad de Nuevo León; no fue notorio en los dos años y medio que estuvo en la Universidad Michoacana, pero no dejó de latir; fue notable en los seis años de su docencia en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación, con las características ya mencionadas; como dijimos, en sus cátedras, por lo general, dedicaba la mitad de las sesiones a la cuestión teórico-curricular, y la otra, a la problematización de los temas sociológicos tradicionales mediante la dialéctica triádica y teoría de la praxis. Tal vez, llegó a considerar el sistema de principios de lo uno y lo otro, como la superación de la filosofía; eso, que es tan fuerte como asombroso, lo infiero de una expresión suya, externada en el Seminario de construcción del objeto sociológico, de la maestría en sociología de la educación; dijo ‘sentirse independiente de la filosofía, libre de ella’ y que la veía como ‘recurso instrumental’ (¿metodológico?) para la ‘constitución de nuevos principios’[¿políticos? ¿revolucionarios?]. Juzgue el lector si es correcta o no, mi estimación de semejantes expresiones. Debo decir que esas frases despertaron en mí cierto escepticismo respecto de los fines y propósitos de la dialéctica triádica, la teoría de la praxis y el asunto de la liberación del trabajo mediante la acción política obrera y popular; me parecieron más política que filosofía. Nunca mencioné lo anterior al maestro Iglesias; de haberlo hecho, estoy seguro no le hubiera importado; y también, que hubiera sonreído con aquella ironía característica suya. Una situación similar viví diecisiete años después (2014), en el seminario de pensamiento triádico-práxico que dirigía en La Mueca, cuando hice en dos ocasiones, propuestas de examen de problemáticas de nuestro tiempo (la escuela de Frankfurt; la exploración del espacio, significado de la llegada del hombre a la Luna, el empleo de la energía atómica para la destrucción; la visita del presidente Obama a Cuba); mis comentarios no tuvieron ninguna respuesta, mucho menos, efecto en los temas de su seminario.
Quiero decir que, en los estudiantes de la primera generación de la maestría en sociología de la educación, hubo gran interés y respeto a la persona y docencia de Severo Iglesias; él percibió lo uno y lo otro, de manera gratificante. Quiero también decir que, en esos mismos años (1994-1997), llegó a hablar de ¡convocar a la fundación de la Quinta Internacional! Más de una ocasión pude ver que leía libros de historia de la organización del movimiento obrero internacional; no supe de alguna acción concreta en ese sentido, pero se creía capaz de ello, sin duda alguna; si dio un paso concreto en ese sentido, no lo compartió, y con nosotros no volvió a mencionar semejante ‘inquietud’; hasta allá llegaba su visión prospectiva de alcances de la dialéctica triádica y posibilidades de la teoría de la praxis como ‘ideas activas y prácticas’ en favor de la liberación de la clase trabajadora. Sin temor a exageraciones o equívocos mayores, su texto titulado Situación del México actualcuya publicación encargó a Josué Zalapa el primero de enero de 2021, puede considerarse con certeza, testamento de carácter político. El folleto fue publicado en abril de ese año, con el sello editorial del Consejo de Educación Artículo Tercero Constitucional. El documento es breve análisis de tres etapas históricas de México, a manera de puntualización del discurso histórico-político de la Cuarta Transformación, y del concepto mismo de ‘transformación’; es reiteración del significado del movimiento en favor del socialismo nuevo, principios del movimiento obrero, y la economía de mercado; también es examen bastante crítico, del sentido de justicia del Presidente López Obrador. El folleto cierra con las reiteraciones en la confianza y esperanza en la autonomía de la clase trabajadora que un día, asumirá la construcción de un México nuevo como República democrática de los trabajadores.
Palabras finales.
A lo largo de la duración de los dos últimos periodos constituyentes reseñados, Severo Iglesias, mencionó en tres o cuatro ocasiones, la metáfora de Goethe del niño y la cometa, descriptiva de la relación entre el poeta y la sensibilidad estético-poética; decía que la cometa era el ‘vuelo de la imaginación’ que podía elevarse a alturas insospechadas y distantes de la realidad, que no era problema que el pensamiento ‘fuera lejos’, tan lejos como pudiera o quisiera, mientras siguiera unido con el poeta mediante el hilo de la cometa, y de esa manera continuaba en conexión con la tierra, es decir, con la realidad. Decía que era una metáfora bellísima y precisa de la acción poética; también aprovechaba para puntualizar que, en general, no le gustaba la poesía, y el teatro, menos; aunque llegó a confesar dos cosas: su predilección por Shakespeare y García Lorca; de éste último, la prosa que menciona el vaso de agua que lleva el individuo que se dispone al descanso nocturno, y que en su juventud, había escrito cerca de trescientos poemas, de los cuales no conservaba ninguno, porque ‘alguien’ que entró a hacer limpieza de su cuarto de soltero, creyó que eran papeles de desecho. Agregó que no los extrañaba, sin mencionar la reacción de carácter que pudo tener, pero no es difícil de imaginar. También habló una sola ocasión, haber escrito una novela, titulada Un, en alguna ocasión de sus primeros meses de su estancia en Morelia como profesor; decía que el sólo título era inquietante y provocativo; la mencionó en ocasión de la referencia que hizo a Alan Robbe-Grillet y su proclama de una ‘novela nueva’ y del ‘hombre nuevo’; más de una vez, le pedimos la oportunidad de conocer el manuscrito novelístico, y decía que la buscaría, que no tenía idea precisa del lugar en que la guardó. Nunca llegó la ocasión. La alusión a la metáfora de Goethe, propició mencionar el criterio y sentimiento del maestro Iglesias sobre la literatura en general, y la poesía y el teatro, en particular; ahora, también es propicia para decir que la cometa es su obra, y el niño que empuña el hilo, su vida psicofísica, su cuerpo; el niño ha desaparecido, y el hilo está roto; la cometa vuela sobre la realidad de la tierra, proyectando la luz de su paso sobre ella; es resplandor que clarifica grietas en la historia, hendiduras de la conciencia, abismos de injusticia y descubre nuevas cumbres del pensar, nuevos horizontes de libertad, y contiene en sí, el motor de su energía y la veleta de su dirección: rigor metódico-racional y honestidad intelectual. Dedicó gran parte de los años de la primera década del siglo XXI, a la compilación y revisión de su obra, y luego, a integrarla con el orden y la forma propia de un sistema abierto con estructura propia. Gracias a Ismael Acosta García (1953-2021) y Ursu Silva López (1938-2023), pudo verla publicada como Obras Completas, en nueve tomos: 12,000 páginas impresas, 5,200,000 palabras, aproximadamente. ¿Qué va a pasar con esa obra, en el corto, mediano y largo plazos?
La obra después de la vida.
La reflexión sobre la obra de Severo Iglesias después de su fallecimiento, muestra un nuevo significado; luego de su partida, el hablar de quien fue nuestro Maestro, implica reacomodos de los elementos de la subjetividad propia de cada quien, en relación con el significado de su influencia en la existencia personal, y un ajuste en el manejo del lenguaje en la evocación de su persona y pensamiento: no más, en términos de persona y maestro; se impone hacerlo en términos del autor prolífico, del escritor que deja una obra abundante como constancia de su existencia, obra que es su aportación a la cultura, a la ciencia social y filosofía, a la política y clase trabajadora; esto es el significado de la cometa que vuela con impulso propio entre las corrientes etéreas de la historia, la mayoría de ellas, desfavorables y contrarias a la liberación de la clase trabajadora, o sujeto histórico; la misma metáfora es propicia para decir lo que en nuestra juventud fue intuición o presentimiento, y ahora, en la tercera edad, es certeza: la tensionalidad fue la condición de su existencia: tensionalidad con el mundo y el pensar, con la acción y su propia subjetividad, a esto último, creo nadie llegó a asomarse más allá de lo que él mismo haya dicho al respecto, como cuando hablaba de los sueños, con tono misterioso, o de la paleontología del cerebro. Era tensionalidad exteriorizada en figuras de su acción y lenguaje; el vocabulario que construyó para la constitución de la teoría de la praxis es evidencia del desafío lanzado a sí mismo para la superación de toda filosofía política de la mano de Platón y Aristóteles, más del primero que del segundo, y luego, suelto de ellas, buscó la superación de sí mismo en la sistematización de un ‘nuevo principio de la humanidad doliente’; otra figura de lo mismo es su obra Conciencia y mundo nuevo, su último libro: es figura de superación del dualismo cartesiano, y de todo idealismo y materialismo en el examen del ser consciente; esa obra es figura de la voluntad de ‘ir más allá’ de Platón y Aristóteles, de Kant, Hegel y Husserl en el examen de la conciencia, para llegar a la visión de un horizonte nuevo, viable y concreto para la vida de la humanidad en la mediación de la liberación de la clase trabajadora, ‘el hijo predilecto de la humanidad’, solía decir en 2016. Y no padeció la privación de los placeres del mundo; más bien, fue lo contrario: decía que ‘era mundano’; enseñó a disfrutar el whisky y su transparencia dorada, el tabaco, y deleites del paladar; un trago de cerveza, la belleza del atardecer, el gran cine italiano, Fellini en particular; la música de Beethoven, y Pink Floyd; sabía mecánica automotriz; una vez lo vi ‘echar a andar’ el motor del automóvil de un perfecto desconocido quien ya no sabía qué hacer con su coche; excelente jugador de póker, y maestro en el dominó, -formidable-; en dos o tres ocasiones, dijo que el cerebro dedicado a pensar y creatividad también disfruta de la ebriedad del vino y embriaguez del licor, pero no sucumbe a sus efectos de descontrol, o pérdida de la voluntad, pues ‘hay algo’ en esa clase de cerebros que, en estado de ebriedad mantiene una fuente luminosa, que es el sentido de lo real. También tenía reacciones extrañas -inesperadas o sorprendentes- de desatención o indiferencia desconcertantes con personas cercanas, en momentos importantes de examen de su obra o presentación de sus libros.
Uno de los efectos principales de su desaparición física, impone verlo ya no como un individuo específico y concreto, sino como un hombre de la historia. Ese cambio implica hablar de él en términos de su nombre de pila y con su apellido; ya no es más ‘el Maestro’; no es más la presencia psicofísica y activa, que interrogamos tantas veces acerca de tantos temas, problemas, y a veces, situaciones vitales; siempre, siempre, recibimos una respuesta satisfactoria, convincente, clarificatoria, grata, o no-grata, pero siempre, una respuesta con la forma de la verdad irrebatible; ese fue el modo como estuvimos acostumbrados a hacerlo a lo largo de cuatro décadas, el que esto escribe y sin duda, muchos, muchos otros.
La desaparición física de Severo Iglesias imprime un nuevo barniz de sentido a su obra; ahora que ya no está, sentimos sus libros, su obra toda, de otra manera: como revelada en la plenitud de su sentido de autonomía, en situación de enfrentar la prueba del tiempo y el paso de las generaciones que lo conocieron, y también, de mostración y descubrimiento de su horizonte total de significados, posibilidades y rumbos en el presente, orientaciones en el futuro inmediato, y también, en el incierto y lejano porvenir. Mientras estuvo vivo, su fuerte presencia y consolidada personalidad eclipsaban su obra; en ella, se desafiaba a sí mismo, para pensar y escribir según las exigencias de la realidad, las demandas de tendencias del mundo; decía que él no tenía vocación de escritor, que no escribía ‘por gusto’: eran ‘las exigencias de la realidad lo que lo sentaba a ponerse a escribir’, palabras suyas, literales.
El disfrute de escucharle y el esfuerzo de concentración reflexiva, y la lectura de sus libros, eran gratificaciones de tipos diferentes. En adelante, sólo es posible el último; ello es el barniz de sentido diferente mencionado; es la validez y autonomía espiritual que aparecen cuando una creación queda sola, sin su autor; es el momento en que enfrenta la prueba del tiempo, ajena a su creador, y en adelante, tendrá que defenderse por sí misma, conquistar su permanencia en el mundo y carácter de condición de referencia en la continuación del examen de los problemas que la obra estudia, y también, para contrastación de tendencias de la realidad histórica con propuestas sociales y políticas que contiene, producto de la actividad teórico-política que Severo Iglesias cumplió de 1993, hasta sus últimos días: fue la militancia en favor de los principios universales de justicia y libertad, que ejerció desde su primer encuentro con Marx. Muchos años después de su activismo político-revolucionario cumplido en Monterrey, y muchos años después de su magisterio en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana, continuó la constitución de su obra teórica en solitario, animado en parte por la docencia en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación en Morelia (1994-2001) y también -debo decirlo- como acicateado por la aparición el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, para pensar una nueva política; la unidad de esos compromisos fue el fundamento de los círculos de estudios con sede en el foro de teatro independiente La Mueca, en el periodo 2003-2017. Los años de actividad profesional cumplida en la ciudad de México (1976-1988) fueron de escasa labor docente y sí, de servicio en diferentes dependencias del gobierno federal; siempre habló con orgullo de su participación en el diseño y operación del subsistema CONALEP de la Secretaría de Educación Pública; de igual manera, en la elaboración del reglamento general del sistema de institutos tecnológicos de la misma Secretaría. De esas tres ciudades, Morelia fue, a partir de 1994, la que de mejor manera acogió su docencia y constitución de su obra; siempre tuvo admiradores y un público atento a sus conferencias, seminarios, cursos y presentación de libros; y también amigos que lo invitaban a reuniones sociales, o lo acompañaban en momentos de descanso, intermedios de sus actividades; algunos de los amigos y admiradores de su magisterio y escritura fueron los patrocinadores morelianos para la publicación de sus obras completas en el periodo de 2007 a 2017.
Severo Iglesias ha partido; queda el recuerdo de su magisterio maravilloso en Morelia en general, y en particular, en alumnos, admiradores y amigos que le sobrevivan un poco más; la calidad formidable y ejemplar de su maestría de exposición de sus temas favoritos queda testimoniada en los videos respectivos en la Internet; la memoria de su acción y pensamiento, en sus libros. Su vida y obra prevalecerán como faro luminoso y referente de orientación para la crítica de la condición humana y de la relación del hombre con el mundo. Su vida y obra son ejemplo de compromiso con la justicia y libertad; mientras pudo, siempre dijo que su obra política es examen de un sentido posible para la historia y devenir del hombre nuevo; por nuestra parte, dejamos a juicio del lector las opiniones de Freud y Thomas Mann respecto de esa peculiar fe; coincidieron en afirmar que la idea del socialismo es válida frente a las injusticias que propicia el capitalismo; agregaron que es una idea que pertenece al futuro, que es valiosa frente las extremas injusticias sociales. Freud agregó a su consideración, que no podía afirmarse la existencia de condiciones reales para ella ‘en el presente’ (1937). Por nuestra parte, afirmamos creer que el examen crítico de la obra de Severo Iglesias, pondría a prueba el vigor del pensamiento filosófico de México y América Latina, de facultades de filosofía y ciencias políticas, de centros de estudios sociales y partidos políticos; también pondría a prueba el compromiso de los partidos políticos de izquierda y socialdemócratas, con la liberación del trabajo y desalienación de la vida humana.