Tres ensayos sobre Jean Paul Sartre​

Acerca del fundamento de la filosofía de la libertad absoluta de Jean Paul Sartre

““Las palabras, los actos, los objetos y las ideas se truecan en objetos de estimación, respeto o consideración especiales que los convierten en puntos de referencia para <<medir>> a los demás. Se transmutan entonces en principios de validez que se vuelven fundamentos, esto es, bases universales y necesarias para levantar la vida y las obras con verdad, con significado y con valor… “Este proceder del hombre, al fundar con su pensar el plano de la validez, irrumpe en la muda estancia de las cosas en el cosmos; realidad imponente pero sin aparente significado, sentido o finalidad en sí misma. El pensar, en contra, fúndala vida consciente, el sentimiento y la voluntad. Maravillas inconmensurables que unen a las vidas humanas, aún cuando toda la fuerza del universo se oponga, en torno a la que no es fuerza espiritual del amor.”

—Severo Iglesias. introducción, tomo I, Obras Completas, Obras Filosóficas, p. 16, Ed. Morevallado, 2007.

I. Presentación del fundamento.

Las ideas políticas, el pensamiento filosófico y la creatividad literaria de Jean Paul Sartre constituyen su unidad en la figura del compromiso con el examen crítico-reflexivo del hombre; ese compromiso es cumplido en la obra filosófico-literaria del pensador parisino mediante el cuestionamiento del hombre como totalidad de libertad y acción en el mundo histórico-social al que pertenece, y que le pertenece, puesto que es obra de hombres del pasado y continuada por las generaciones de hombres del presente.

El pensamiento de Sartre es uno de esos giros que muestra la filosofía en momentos en que la vida histórica de ella abandona temas que llegan a considerarse resueltos, o investigados de modo suficiente, o bien, inauguran una nueva perspectiva y abren un planteamiento radical sobre los mismos problemas; la novedad está en la “nueva luz” que arroja la nueva posición del pensamiento reflexivo con relación a los temas constantes del pensar filosófico, sometidos al examen especulativo riguroso, En este sentido, el pensamiento de Sartre es uno de esos momentos renovadores de la luminosidad arrojada por la nueva reflexión sobre el problema del hombre. La novedosa luminosidad es la radical afirmación de la realidad del hombre como libertad absoluta.

 

II. Primera determinación del fundamento.

 

En uno de sus ensayos más conocidos, si es que no el más célebre, Sartre afirma lo siguiente: “El existencialista (…) piensa que es muy incómodo que Dios no exista, porque con él desaparece toda posibilidad de encontrar valores en un cielo inteligible; ya no se puede tener el bien a priori, porque no hay más conciencia infinita y perfecta para pensarlo; (…) Dostoyevsky escribe: <<Si Dios no existiera, todo estaría permitido.>> Este es el punto de partida del existencialismo. En efecto, todo que está permitido si Dios no existe y en consecuencia el hombre está abandonado, porque no se encuentra ni en sí ni fuera de sí una posibilidad de aferrarse. No encuentra ante todo excusas. Si en efecto la existencia precede a la esencia, no podrá jamás explicar por referencia a una naturaleza humana dada y fija; dicho de otro modo, no hay que determinismo, el hombre es libre, el hombre es libertad. Si, por otra parte, Dios no existe, no encontramos frente a nosotros valores u órdenes que legitimen nuestra conducta. Así, no tenemos ni detrás ni delante de nosotros, en el dominio luminoso de los valores, justificaciones o excusas (…) el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace. El existencialista no cree en el poder de la pasión.”1

 

III. Segunda determinación del fundamento.

 

El hombre es libertad absoluta porque <<Dios ha muerto>>, y por lo tanto, .todo está permitido>>; el planteamiento gélido de cortantes filos contundentes de la frase de Nietzsche, es condición de ciertas líneas de pensamiento filosófico del siglo XX; una de las más destacadas, la de Sartre; también la que, de modo radical y absoluto, asume la muerte de Dios y presume la condición del hombre como libertad absoluta, porque nada se opone a que sea así. La frase de Nietzsche es una figura simbólica de las contradicciones de toda índole entre el pensar y la idea de divinidad, entre la existencia humana y el Ser divino, entre la actividad del hombre en el mundo y desafío al temor inspirado por la fuerza de un destino proveniente del poder divino aureolado con la eternidad, y así por el estilo. “Dios ha muerto” quiere decir “no hay destino”, “nada predetermina la existencia”, y, por lo tanto, frente a sí mismo y para sí mismo, el hombre sólo puede ser libertad, cuya primera determinación es asumirse a sí mismo como hombre, con la total indiferencia respecto de la tradición occidental sustentada en el cristianismo, la creencia en la revelación, el perdón y encarnación de Dios. Desde esta perspectiva, la libertad absoluta de Sartre es representación inequívoca de las contradicciones irresolubles internas que la doctrina cristiana ha arrastrado través de los siglos, soportándolas con fingida ignorancia y mirada de desprecio a la lucidez racional que las descubrió -con rápida sencillez- en los primeros siglos de cristianismo. La filosofía de Sartre es evidencia de las contradicciones por igual irresolubles como insoportables, entre el cristianismo y el hombre de la época de transición entre milenios, y que es figura espacio-temporal de la aparición de un nuevo mundo que no termina de perfilarse, con sustento en un cambio histórico mundial, del planeta todo, en casi todos los aspectos de la relación del hombre con el mundo, porque están en proceso de transformación todos los elementos constitutivos de los nexos del hombre con la realidad histórico-social; esa transformación es el devenir de efectos derivados de una nueva dialéctica que rige al mundo y a la historia, generada por la aterradora vida histórica del siglo XX.

 

Sin lugar a dudas que al pensamiento de Sartre le resulta indiferente, a la vez que carente de sentido, la implicación de su figura como representativa de las contradicciones y hasta decadencia del cristianismo, en atención a que lo principal que sustenta es la libertad absoluta, y proclama la responsabilidad ineludible del hombre con sus acciones y consecuencias de las mismas; de este modo quedan manifiestos el principio y el fundamento del pensamiento de Sartre: frente a la “muerte de Dios”, el hombre está condenado a ser libre; esto es principio de lo universal del hombre atribuido de ese modo al hombre por Sartre; es fundamento que expresa la base real que sustenta los conceptos, afirmaciones y argumentaciones de la actividad del hombre en el mundo, y también, del significado de lo uno y lo otro, es decir, de las acciones y realidad construida mediante las mismas acciones.


IV. La libertad.

 

La unidad del principio y fundamento de la figura del hombre como libertad absoluta, unidad que es constitutiva de la obra filosófico-literaria de Sartre, contiene la explicación de su realidad: libertad es elegir; ser libre es tomar decisiones; estar condenado a ser libre es estar condenado a elegir siempre, a tomar decisiones de modo continuo, ininterrumpido a lo largo de la existencia. Hay algo más, tan importante como la explicación de la realidad de la libertad: es el referente orientador de las decisiones y acciones constitutivas de la libertad; tal referente es la humanidad. Las elecciones o decisiones del individuo constituidas con autenticidad y honestidad radical responden por sí mismas a los intereses y principios de la humanidad; de este modo aparece la validez universal de existir como libertad absoluta que representa, en la particularidad de una individualidad, la validez universal de la libertad de la humanidad. Esta puntualización del referente orientador es descubrimiento del sentido de libertad constitutiva de la particularidad individual; ese sentido quiere decir que toda acción individual, de grupo o clase social es responsable de sí –y de las consecuencias de sus actos- ante la humanidad. De semejante modo es como la acción individual, de grupo o de clase, tiene un compromiso; la unidad de compromiso y responsabilidad de la acción aparece resuelta en la contribución que ella hace a la emancipación de la humanidad; cualquier hombre, en cualquier parte del mundo, sea la que sea la posición que ocupe en la civilización, tiene, por el simple hecho de estar en el mundo histórico-social y pertenecer a la especie humana, el compromiso de elección individual a favor de las aspiraciones de lo humanidad, y que son las batallas contra de justicia, opresión y alienación, y a favor de la emancipación de la libertad constitutiva de justicia, liberación y desalienación, mediante la conciencia del espíritu o y los valores: “Todo ocurre como si, para todo hombre, toda la humanidad tuviera los ojos fijos en lo que hace y se ajustara a lo que hace”.2

 

Dice Sartre que el hombre existe por sus propios actos, y que su sentido es contribuir a la emancipación de la humanidad, sin más; existir de ese modo y bajo semejante forma, es demostración contundente de la imposibilidad de predeterminación, destino, trascendencia o divinidad creadora que ejerciera condicionamiento alguno de la existencia: no hay esencia preexistente al existencia; esto es el principio de universalidad que Sartre admite, estampándolo en su pensamiento filosófico-literario como existencialismo con fundamento en la preeminencia del existencia sobre el esencia, a diferencia de la gran tradición metafísica que ha sostenido la relación inversa durante siglos. Por lo tanto, el hombre comienza a existir al aparecer en el mundo, y luego de aparecido es posible definirlo: “El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada (…) no hay naturaleza humana porque no hay Dios para concebirla. El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Este es el primer principio del existencialismo”. 3

 

Existir es ser libre; ser libre es elegir; elegir es tomar decisiones; decidir es acto fundante de acciones; actuar es hacer, construir, modificar, transformar o destruir; hacer tiene consecuencias; pretender la evasión de esta responsabilidad es la simulación o enfermedad mortal de la mala fe, el intento –inútil y fallido- de negación de la libertad y de la existencia como responsabilidad, elección y compromiso; esto es la existencia como angustia, como angustia existencial que es figura de la conciencia de la elección, acción y compromiso con las consecuencias de decisiones y acciones. La angustia existencial es conciencia del descubrimiento de que cada uno es lo que decide ser. La angustia existencial es conciencia que se descubre y asume a sí misma como legisladora de sí misma, mediante los actos de sus decisiones, incondicionalmente libres. La angustia existencial conceptualizada por Sartre significa que “el hombre que se compromete y que se da cuenta de que es no sólo el que elige ser, sino también un legislador, que elige al mismo tiempo a la humanidad entera, no puede escapar al sentimiento de su total y profunda responsabilidad”.4

 

Filosofía de la libertad absoluta, globalización y horizonte de futuro.

Jean Paul Sartre aparece en la historia de la filosofía como el pensador más importante del existencialismo, a la vez que uno de primer orden en el pensamiento filosófico del siglo XX, en atención de modo particular, al énfasis palpable del concepto suyo que refiere la responsabilidad del hombre con el mundo, y la importancia universal del compromiso de cabal honestidad con decisiones, acciones y consecuencias de estas. Sin lugar a dudas, el acto más brillante y destacado del compromiso individual de Sartre de total honestidad consigo mismo, fue su decisión en el otoño de 1964, de rechazar el premio Nobel de literatura, cuando tenía 59 años; fueron memorables el escándalo mundial, a favor y en contra del pensador parisino, consecuencias inmediatas de semejante decisión, inédita en la historia de la premiación más respetada a la promoción de la paz, investigación científica y literatura; algo similar en parte, ocurrió en 1959, cuando Boris Pasternak fue obligado por el régimen autoritario del socialismo soviético para no aceptar el mismo premio, por su novela El doctor Jivago.

 

El sentido de honestidad total, inherente a la obra filosófico-literaria y devenir existencial de Sartre es elemento constitutivo y fundamental de su filosofía de la libertad absoluta; la misma, al igual que las grandes teorías filosóficas y científico-sociales referentes a la libertad, ocupa el justo y digno lugar en el pensamiento constituyente de la teoría de la praxis que examina al hombre, el mundo histórico-político y la actividad humana mediante la reflexión dialéctica triádica que determina mediaciones y contradicciones entre la conciencia, el mundo y la acción; entre libertad, acción constituyente –o praxis- y racionalidad; los tres primeros (conciencia y libertad) son los órdenes de lo real; los tres siguientes (mundo y acción constituyente, o praxis) son el espíritu; los tres últimos (libertad, racionalidad y acción constituyente) son los principios de la humanidad. De igual modo, los principios de la humanidad son elementos constitutivos de la soberanía social; puede apreciarse que en todos ellos aparece la libertad como elemento constitutivo de la dialéctica de lo real; en atención a esto es que la filosofía de la libertad absoluta de Sartre hace importantes y valiosas aportaciones a la crítica de la dialéctica de la relación del hombre con el mundo; a lo mismo contribuyen las figuras del saber de la praxis, y modos de la acción práxica, que es fundadora del mundo, del objeto y del sujeto. Las figuras de esa acción son el trabajo, la técnica y la política. El examen riguroso y sistemático de los conceptos de la acción práxica, y exposición de los principios de la teoría de la praxis pueden verse que la obra de Severo Iglesias, Teoría de la praxis, publicada por Editorial Morevallado, en 2004.

 

La validez de una teoría filosófica o un sistema de pensamiento especulativo riguroso aparece, con evidencia inocultable, en los actos que propician para la comprensión del mundo con la luz que arrojan sobre los problemas, dificultades y contradicciones de la conciencia, actividad humana y realidad histórico-social; con el examen que aportan de las mediaciones y contradicciones entre esos ámbitos de lo real. La validez de la teoría filosófica de la libertad absoluta de Sartre queda demostrada con la claridad que aporta para la comprensión de la relación del hombre con el mundo, de modo especial, su concepto de la angustia existencial, presentado en el célebre opúsculo El existencialismo es un humanismo. La relevancia distintiva de ese concepto es la fortaleza de voluntad, claridad de pensamiento y orientación judicativa que puede asumir el individuo para el examen crítico de la alienación, significativa de desorden en el hombre, incongruencia en la actividad humana, ruptura en la realidad histórico-social, en una palabra, irracionalidad en la relación del hombre con el mundo.

 

El reconocimiento crítico de la alienación es fundamento de la comprensión del devenir de la deshumanización resultante de contradicciones del trabajo, técnica y política a lo largo del siglo XX; fueron contradicciones que buscaron su solución mediante guerras espantosas y hechos monstruosos, todo lo cual es conjunto de contradicciones históricas que no acaban de resolverse y que, de modo fatal y peligroso, alienado y deformado, son contradicciones históricas de la civilización de la globalización y vida histórica del siglo XXI. Esto significa que la época histórica, o si se prefiere la expresión metafísica que tiene notable validez expresiva, el “espíritu del tiempo” del siglo XX y el del siglo XXI, es más o menos, el mismo, con el agravante de las complicaciones de crisis económicas mundiales, efectos de la superconcentración de la riqueza planetaria y dificultades para la inversión en nuevas industrias y tecnologías que demanda la misma superconcentración monstruosa de capital, y su movimiento especulativo cotidiano. Implicado con esto aparece una conciencia internacional, – a veces intuitiva y espontánea- de las injusticias que provoca semejante proceso de irracionalidad del capital financiero especulativo internacional, en países desarrollados, principalmente; los países pobres y atrasados sólo contemplan la confirmación de su condena a hundirse más y más en la miseria social permanente y en la insignificancia de su vida espiritual. De modo implicativo con semejante dialéctica destructiva de la organización de la sociedad, de la constitución de la cultura y de los fundamentos de la civilización, aparecen los peligros del cambio climático mundial, una verdadera amenaza de extinción para la especie humana, y de hambrunas de proporciones descomunales en el planeta, efecto del “simple” cambio en el ciclo de las lluvias y consecuente desintegración de la agricultura mundial.

 

El concepto de la angustia existencial de Sartre aparece en la plenitud de su validez con la claridad aportativa que hace para que los hombres asuman el compromiso de responsabilidad con las consecuencias de sus actos; el mismo concepto brilla con luz propia como fundamento del nexo del hombre y el mundo; ese concepto es forma irrecusable de la conciencia ineludible de la libertad.

 

Los problemas históricos y contradicciones sociales de la época inicial del siglo XXI, son exigencias extremas del mundo para la actividad humana; demandan la asunción radical de las responsabilidades de las instituciones, la educación, los partidos políticos, las clases sociales y del pensamiento filosófico, social y político, para reconocer responsabilidades inherentes al abuso y destrucción de la naturaleza por parte de la actividad humana, o de los modos de producción, en lo cual va implícito el abuso de la especie humana sobre sí misma y el planeta; este abuso muestra su evidencia inmediata en la superabundancia de individuos humanos y sobre reproducción de la especie humana.

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Las frases de Nietzsche y Dostoievski que sustentan el radicalismo de la filosofía de la libertad absoluta de Sartre, a la vez que evidencian la culpa del hombre, efecto de la irracionalidad y contradicciones de muy evolucionados modos de producción, evidencian también las posibilidades reconfigurantes de acciones reconstitutivas de la relación del hombre con el mundo en la medida de un nuevo sentido de la actividad humana en su relación con el movimiento histórico y nexo con la naturaleza; es el sentido que implica el respeto a la vida de todas las especies en el planeta. Difícil de suponer alguna posibilidad de la relación del hombre con el mundo, de los modos de la acción práxica, el espíritu y los principios de la humanidad, más allá de la liberación del trabajo y movimientos histórico-políticos de la clase trabajadora. Kant lo vio en sus propios términos, que expresó con sus lúcidos y muy admirables recursos conceptuales, con las frases consignadas y heredadas en su escrito de 1784, “Idea de una historia universal en sentido cosmopolita”, redactado a sus sesenta años de edad, y que dice: “la naturaleza humana lleva consigo: no serle indiferente ni la época más lejana de la humanidad futura si puede tener la seguridad de que llegará (…) parece que tomando por nuestra parte disposiciones racionales, podríamos apresurar la llegada de esa época tan dichosa para la posteridad (…) ya empieza a despertarse un sentimiento en los miembros, interesados en la conservación del todo; lo que nos da esperanza de que, después de muchas revoluciones transformadoras, será a la postre una realidad ese fin supremo de la Naturaleza, un estado de ciudadanía mundial o cosmopolita, seno donde pueden desarrollarse todas las disposiciones primitivas de la especie humana”.5

 

En el ámbito de las ideas luminosas de la humanidad, coinciden, sonrientes, las aportaciones de Kant y Sartre sobre la libertad y el mundo. Sin duda alguna, ofrecen su generosa aportación para que la teoría de la praxis señale el sentido del examen de la liberación del trabajo, y significado peculiar de la especie humana que puede aspirar a la construcción conquistadora de integración y movimiento del espíritu, modos de acción práxica, principios de la humanidad y soberanía social, que son inmanencia o unidad de contenido y formas de posibilidades de la liberación del trabajo; tal liberación es principio y fundamento para la constitución de una nueva humanidad. Sartre puntualiza lo mismo del modo siguiente: “Sé que para el hombre no hay otra salvación que la liberación de la clase obrera; lo sé antes de ser materialista; me ha bastado con observar los hechos; sé que los intereses del espíritu están con el proletariado”.

 

Bibliografía


1 J. P. Sartre. El existencialismo es un humanismo. Ed. Sur, 1973, p. 27.
2 Ibid. p. 23.
3 Ibid. p. 21.
4 Ibidem.
5 M. Kant. Filosofía de la historia. Ed. FCE, 1941, pp. 58-61.
6La exposición rigurosa y sistemática de la liberación del trabajo, puede verse en S. Iglesias: Del socialismo de control al socialismo nuevo, Ed. Morevallado, 2007; Manifiesto del socialismo nuevo, en el periódico independiente Socialismo nuevo, número tres, nov. 2008; también en el blog  socialismonuevo.blogspot.com; sobre soberanía social, S. Iglesias: Praxis y teoría política, en Obras Completas, t. II, Obras Políticas, Ed. Morevallado, 2009, pp. 119-123.
7 J. P. Sartre. Materialismo revolución. Ed. La Pléyade, 1971, p. 50.
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