SUMARIO: Nota previa. 1. Rebeldía y negación de la eficacia rebelde. 2. Tensionalidad inútil del absurdo irracional. 3. Existencia irracional y grito final de rebeldía racional. 4. Indiferencia frente a la pérdida de la identidad y deformación de la naturaleza humana. 5. Dominio de la inutilidad en la existencia y brillo súbito de la rebeldía total. 6. Trasfondo sagrado de la humillación y del cristianismo. 7. Consentimiento criminal y solidaridad final y definitiva. 8. Lo irracional, la nostalgia y el absurdo. Texto del Testamento de Jesús Pérez Gaona, apodado “Pito Pérez”.
“La única grandeza de la humanidad reside en luchar contra aquello que la abruma. Hoy lo que debe buscarse no es la felicidad, sino mucho más que eso: una suerte de grandeza en medio de la desesperación”.
—Albert Camus.
Nota previa.
La narrativa de la existencia del señor Jesús Pérez Gaona es el contenido de la historia de vida, escrita por José Rubén Romero en 1938, a los cuarenta años; la novela La vida inútil de Pito Pérez. Esa obra es narrativa de amargura de quien sufrió en el juego con la vida y enfrentamiento de la astucia de la razón individual o subjetiva, a la adversidad, paradojas y monstruosidades de la vida social, de la cual quiso burlarse, burlándose de los demás y de sí mismo; esto fue como su estilo para construir –y soportar- la existencia desdichada, hundida en un mundo de sufrimiento, con una relación en la cual, la amargura resolvió el sentimiento del absurdo.
La lectura de semejante historia de vida es acto de experiencia, o conexión con el dolor, amargura y soledad de un hombre concreto, de un individuo siempre solitario, frente a sí mismo y frente al mundo, en agitación perpetua en la desesperanza, con claro sentido del absurdo dominante en su existencia. Fue un individuo en actitud de rebeldía intuitiva en el lenguaje y vida cotidiana; la suya, fue rebeldía no esforzada en trascender la existencia que se deja arrastrar por las fuerzas siniestras de la sociedad que niegan los derechos naturales, sociales y políticos. La existencia de Jesús Pérez Gaona fue el paso de un individuo por la vida, sin oponer resistencia activa a las injusticias y atrocidades que sentía desatadas en su contra.
En la representación inmediata, Jesús Pérez Gaona cae en el esquema del absurdo de Kafka: despojado de la picardía, vulgaridad y vicio, puede pertenecer sin gran dificultad, al perfil de los personajes de El proceso y El castillo; en cambio, no ofrece la mínima correspondencia con Gregorio Samsa, humano que se transformó en insecto, cuya metamorfosis a nadie le importó demasiado, principalmente al burócrata que se cansó de ser siempre el mismo hombre. En cambio, Jesús Pérez Gaona siempre se sintió un insecto capaz de desafiarse a sí mismo, mediante la amargura de la resistencia al dolor de vivir la vida que lo arrastraba; tal vez, de ese modo aspiraba a convertirse en hombre verdadero en espera inútil de la ocasión -siempre posible- para dar ese paso, y que se negaba a sí mismo, precisamente por su valoración de la experiencia constituyente de su vida cotidiana y desprecio reiterado a los convencionalismos, pero también distanciado del compromiso con los valores que efectivamente comprendía, frente a los cuales mostró prolongada indiferencia y que, sin embargo, asumió con el último aliento de vida, entre las convulsiones finales de la última intoxicación alcohólica.
En la representación considerativa de la totalidad de su vida vivida, Jesús Pérez Gaona muestra en algunos momentos, rasgos y proximidad con algunos elementos y perfil de El hombre rebelde, de Albert Camus, más que con la ontología existencial y perpleja metafísica de Heidegger, que se hunde en el mismo silencio del que trata de emancipar el pensamiento. Por eso, en este caso, es mejor no tocarlo, y tal vez, en muchos otros, similares o distantes; es inaceptable tanta dificultad y tan elevada abstracción para hablar de la soledad cósmica y de la confusión del hombre, efectos de la opresión del imperialismo capitalista sobre la libertad y pensamiento, en particular, de la Alemania derrotada en 1918.
1. Rebeldía y negación de la eficacia rebelde.
Señala Camus que el hombre rebelde dice “no” sin renunciar, y siempre dice “sí” hasta que asume la rebeldía, en el momento en que sospecha que tiene algo que le hace valer por sí mismo; esa sospecha es la fuerza para rebelarse contra la opresión aniquiladora1 . En efecto, Jesús Pérez Gaona decía “no”, sin renunciar; esa fue su posición en el caso del amor, el matrimonio y los hijos; el trabajo asalariado, la salud y recreación, la propiedad y el ahorro, y lo mismo, con relación a la crítica del poder y la política; decía “no” a todo aquello que lo oprimía, sin negarlo con su conducta y acciones de vida; la suya fue permanente ausencia del mínimo intento de modificación de las circunstancias en su favor; su adicción al alcohol, que no negaba, era afirmación de la amargura de una rebeldía sin eficacia en la vida personal y en su nexo con el mundo.
2. Tensionalidad inútil del absurdo irracional.
Dice Camus que “hay en toda rebeldía una adhesión entera e instantánea del hombre a una cierta parte de sí mismo. Hace, pues, intervenir implícitamente un juicio de valor, y tampoco gratuito, que lo mantiene en medio de los peligros” 2 ; en efecto, Jesús Pérez Gaona fue la adhesión completa de sí mismo, a la parte de sí mismo que fue la totalidad de su modo de vida, constituyente del fondo de su existencia; esa adhesión inmodificable es la figura del juicio de valor susceptible de consideración de aquel individuo. Esa valoración fue la única que poseía para construir una existencia desprovista del valor de la renuncia y negación eficaces; no sucumbió de modo absoluto a la desesperanza: el alcohol lo hacía sonreír; no fue destruido por el sentimiento de la amargura: logró resistir humillaciones y marginación; supo mantenerse fiel a sí mismo: por eso aparece con la figura de un hombre rebelde tensado con la fuerza del absurdo.
3. Existencia irracional y grito final de rebeldía racional.
Dice Camus que “la desesperanza, como el absurdo, juzga y desea todo, en general, y nada, en particular. El silencio lo traduce bien. Pero a partir del momento en que habla (…), desea y juzga (…) el rebelde quiere ser ,todo>>, identificarse totalmente con este bien del que ha tomado conciencia de repente (…) encontrarse definitivamente caído por la fuerza que le domina. En el límite, acepta la suprema decadencia que es la muerte, si debe ser privado de esta consagración exclusiva que él llamará, por ejemplo, su libertad” 3. En efecto, la expresión de Jesús Pérez Gaona en la narrativa novelística mencionada es diálogo sin concesiones con la desesperanza y el absurdo: juzga al hombre y la sociedad, las costumbres y el derecho, la injusticia y opresión. La soledad era el elemento de su existencia, y este individuo en su totalidad, fue figura del existir en soledad, el monólogo consigo mismo sobre lo mismo. La unidad de desesperanza y absurdo traducía su reactividad a la incitación elemental para el diálogo y la conversación; éstos fueron los actos en que el lenguaje oral aparecía como recurso para juzgar el mundo, y forma de expresión de su deseo de una vida diferente para el hombre, reclamándola para todos, pero sin exigirla para sí mismo; esa reactividad –no exenta de gracia y simpatía, ironía y paradoja- traduce con propiedad, la autenticidad de la fuerza interior que lo animaba en la desesperanza y sostenía en la resistencia del absurdo: expresa el bien con el que se identificaba, o unidad que manifestaba en el diálogo que presidía su monólogo con el silencio; es figura de decisión personal para no trascenderse a sí y resistir en la aceptación alienada del naufragio existencial. La identidad con ese bien era la fuerza que lo dominaba en la tensión que soportó durante años y años, y que fue efecto de la oposición de la rebeldía sin culminación, frente a la opresión de la sociedad, opresión de la injusticia en el conjunto de los hombres y en su existencia propia; esa tensión se resolvió con el grito de libertad que presidió el término de su vida, y que fue la doble decadencia de su muerte. Doble, primero, porque la muerte es finalización de la creatividad, y segundo, porque la misma decadencia fue vencida y superada, con el grito final de su amargura y desgarrada libertad: fueron las frases plasmadas en el trozo de papel sucio, donde escribió la grandeza y luminosidad de sus frases, conocidas como su “testamento”. Ese escrito es consagración de la decadencia de su existencia y muerte, y a la vez, acto inaugural de su pertenencia a la cultura de un pueblo, que ambiciona la universalidad inmortal en la luz propia de la humanidad.
4. Indiferencia frente a la pérdida de la identidad y deformación de la naturaleza humana.
Dice Camus que “lo que el hombre tiene de más estrictamente individual, pone en juego la noción misma de individuo. Si el individuo, en efecto, acepta morir, y en ocasiones muere en el momento de su rebelión, muestra con ello que él se sacrifica al beneficio de un bien del que estima que desborda su propio destino (…) la afirmación implicada en todo acto de rebelión se extiende a algo que desborda al individuo en la medida en que ella le saca de su soledad supuesta y será una razón para obrar. Pero importa hacer notar ya que este valor que preexiste a toda acción contradice a todas las filosofías puramente históricas, en las cuales el valor es conquistado (si se conquista) al final de la acción. El análisis de la rebelión lleva por lo menos a la sospecha de que hay una naturaleza humana (…) ¿Por qué sublevarse si no hay en sí nada permanente que preservar? Es por todas las existencias al mismo tiempo por lo que el esclavo se levanta cuando juzga que, con tal orden, es negado en él algo que no le pertenece a él sólo, sino que es algo común a todos los hombres, incluso al que le insulta y le oprime, tienen atribuida una comunidad”. 4 Con relación al planteamiento inicial de Camus sobre la noción de individuo, Jesús Pérez Gaona aparece como individuo en rebeldía contra sí mismo, en nombre de la rebeldía contra el mundo y los demás: nunca tuvo una “razón para obrar”; fue existencia herida que se dejó llevar por las situaciones y arrastrar por los impulsos y exigencias de los demás; la suya fue existencia, o tuvo momentos existenciales, constituidos con los actos de resistencia propios de la figura de la astucia de la razón, asumida para enfrentar las circunstancias que ponían a prueba su capacidad de resistir, y nada más. Algo había, en algún rincón del oscuro fondo de su alma, algo como un sentimiento de nulidad de sí mismo, que era de modo simultáneo, justificación, impulso y límite, para no asumir un compromiso con seriedad y responsabilidad; pudo ser algo como un sentimiento perceptivo de su capacidad analítica y comprensional de situaciones opresoras y de injusticia que atraparon su vida, y en las que decidió hundirse más y más, hasta la aceptación de la pérdida de su nombre y de la sustitución de su identidad nominal, impuesta por sus padres, por la proveniente de extraños a su vida, como burla de su afición a la flauta de carrizo.
Su hundimiento alcanzó densas profundidades de amargura, cuando vivió en la ciudad de Morelia –probablemente a partir de 1920 y hasta 1929- donde sobrevivió de la venta callejera y ambulante de hilos, botones, agujas, dedales para costura de punto de cruz, alfileres, y a veces, medias para dama; en esa etapa de decadencia casi extrema y última, portaba un sombrero de ala ancha; en las canastas portadoras de las mercancías, colgó pequeñas campanas que anunciaban su paso entre la majestad del silencio de las calles de la ciudad, en aquel entonces, señorial, pequeña y ordenada; “hilo lacre”, era el apodo con que fue conocido en los años finales de su vida; toleraba semejante denominación con resentimiento, y rebeldía contra sí mismo y sin acción de rebelión contra el mundo. Tal vez, en el fondo de su alma, atribuía su dolor y amargura a todos los hombres, y que considerara semejantes experiencias como componentes de la “naturaleza humana”.
5. Dominio de la inutilidad en la existencia y brillo súbito de la rebeldía total.
Dice Camus que “el movimiento de rebelión no es (…) un movimiento egoísta (…) se rebela tanto contra la mentira como contra la opresión (…) en su ímpetu más profundo, el rebelde no preserva nada (…) la rebelión no nace solamente y forzosamente, en el oprimido, sino que puede nacer también ante el espectáculo de la opresión de que es víctima otro” 5; en efecto, Jesús Pérez Gaona fue un rebelde contra la mentira y opresión; fue, de ese modo, un rebelde sin más: toda su vida fue rebelde en la subjetividad, excepto unos días, los últimos. Tal vez, unas cuantas horas antes de morir, puso un límite a su rebeldía subjetiva con las líneas de escritura de su “testamento”, así denominado por el escritor que lo conoció y que tuvo el acierto de preservar las experiencias y expresiones narradas de aquel individuo, en la famosa novela La vida inútil de Pito Pérez. Algunas ediciones populares incluyen esas líneas en la parte final de la novela; esas líneas son evidencia de la rebeldía radical contra el mundo y los hombres en su conjunto, a la vez que superación de la rebeldía subjetiva, sostenida y reforzada a lo largo de la existencia, y como ya dijimos, suspendida unos días o unas horas antes de morir; esas líneas son la rebeldía contra el .espectáculo>> de la opresión de los hombres y del individuo oprimido por sí mismo; con semejantes líneas, tal vez, escritas con los últimos alientos de vida y vestigios finales de la lucidez racional, fueron acto supresor del resentimiento subjetivo contra sí mismo y contra el mundo y los hombres; en ese momento y acto, brilló como verdadero hombre rebelde, después de haber permitido que cualquiera tocara lo que él era, inclusive, la aceptación de suprimir su nombre; con esas líneas se irguió frente a la muerte y la vida que se escapaba; fueron palabras escritas como acto culminante de lucha, la lucha final por la reivindicación de su integridad. Con esas palabras conquistó un lugar en la historia del pensamiento mexicano dedicado al examen de la existencia y relación del individuo con la sociedad; con las mismas líneas conquistó –tal vez, sin proponérselo- la imposición de su presencia y trayectoria de su existencia, en regiones de Michoacán y ciudades pequeñas y conservadores que habitó, como náufrago en el océano de la amargura y envuelto con vientos perpetuos de un siniestro resentimiento; llegó al final, y entonces brilló como un hombre rebelde total en el testimonio legado, con los últimos hálitos de comprensión racional de sí mismo y del mundo; en ese instante y acto, por única vez, destelló con plenitud, el Sol de la verdad de la rebeldía en su existencia.
6. Trasfondo sagrado de la humillación y del cristianismo.
Dice Camus que “La rebelión (…), en un principio, se limita a rechazar la humillación, sin pedirla para otro. Incluso acepta el dolor por sí mismo, con tal de que la propia integridad sea respetada (…)
“en el movimiento de la rebelión (…) se exige que sea considerado lo que, en el hombre, no puede reducirse a la idea, esa parte cálida que no puede servir para ninguna otra cosa que para existir (…) la rebelión (…) revela lo que en el hombre hay que defender siempre (…)
“El hombre rebelde es el hombre situado antes o después de lo sagrado y dedicado a reivindicar un orden humano en el que todas las respuestas sean humanas, es decir, razonablemente formuladas” 6; en efecto, Jesús Pérez Gaona rechazaba con benevolencia las humillaciones que rodearon su vida; a las mismas respondía con la misma benevolencia, a fin de complacer a quienes lo humillaban de varios modos. Su figura de hombre rebelde es acrecentada con el acto seguido al rechazo de la humillación: era el acto de aceptación del dolor de la humillación para conquistar el respeto a su integridad, sin devolver –y esto es muy importante- la humillación a su agente emisor; de ese modo contribuía al respeto de la integridad del mismo agente; según expresa en su “testamento”, jamás conoció la reciprocidad del respeto a la integridad de los demás. Sin duda que, en principio, esto es evidencia de una posición cristiana frente al mundo y los demás; sin embargo, es así sólo en principio, puesto que el fundamento de esa posición existencial va más allá del cristianismo, hacia el trasfondo histórico y metafísico de la existencia y de la rebeldía: se dirige hacia el ámbito de lo sagrado, que es principio, y fundamento de “lo que en el hombre hay que defender siempre”: la integridad del respeto a sí mismo y a los demás.
7. Consentimiento criminal y solidaridad final y definitiva.
Dice Camus: “La actualidad del problema de la rebelión radica solamente en el hecho de que sociedades enteras se han distanciado de lo sagrado. Vivimos en una historia .desacralizada>>.Ciertamente, el hombre no se resume en la insurrección. Pero la historia de hoy, con sus controversias, nos fuerza a decir que la rebelión es una de las dimensiones esenciales del hombre. Es nuestra realidad histórica. A menos rehuir la realidad, necesitamos encontrar en ella nuestros valores. ¿Se puede, lejos de lo sagrado y esos valores absolutos, encontrar una regla de conducta? Tal es la pregunta planteada por la rebelión (…)
“La solidaridad de los hombres se funda en el movimiento de rebelión, y éste, a su vez, no encuentra justificación más que en esta complicidad. Tenemos, pues, derecho para decir que toda rebelión que se permite negar o destruir esta solidaridad pierde al mismo tiempo el nombre de rebelión y coincide en realidad con un consentimiento criminal. De igual forma esta solidaridad, fuera de lo sagrado, no toma vida más que en el nivel de la rebelión. El verdadero drama del pensamiento rebelde es anunciado entonces. Para existir, el hombre debe rebelarse, pero su rebelión debe respetar el límite que ella descubre y en el cual los hombres, uniéndose, empiezan a ser”.7 En efecto, Jesús Pérez Gaona en sus últimos instantes conscientes, es existencia en rebeldía esforzada para satisfacer el ejercicio del respeto a los demás, aun ironizándolos, o burlándose de los mismos; sus palabras finales son actos de ironía y burla de sí mismo; parece que esa forma de existencia fue la figura de su solidaridad con los hombres, arrastrados por sufrimientos semejantes al suyo; puede decirse que su rebeldía –impregnada de alcoholismo, vulgaridad y autodenigración- estuvo al margen del .consentimiento criminal>> que niega o destruye la solidaridad; él supo resistir la negación de los demás, las agresiones que lo rodearon y los actos de destrucción que lo persiguieron a lo largo de su existencia. La solidaridad y resistencia visibles en esa individualidad, son fundamento de una existencia atrapada en el conflicto perpetuo entre voluntad y resistencia para .empezar a ser>> él mismo en el mundo, donde nunca tuvo un lugar propio y de arraigo; pero “empezó a ser” verdadero hombre rebelde y libre, más allá del cristianismo y de la complicidad del consentimiento criminal, con el grito final de indignación, exento de la venganza que lo cierra, porque ha llegado la muerte, que es término de toda acción y palabra. Es, en todo caso, un llamado a la rebelión.
8. Lo irracional, la nostalgia y el absurdo.
“A partir del momento en que es reconocido, la absurdidad es una pasión, la más desgarradora de todas. Pero saber si se puede vivir con sus pasiones, saber si se puede aceptar su ley profunda, que es hacer arder el corazón que al mismo tiempo exaltan, he ahí toda la cuestión”.
—Albert Camus.8
Jesús Pérez Gaona nació en 1874, en el poblado de Santa Clara del Cobre, estado de Michoacán, y falleció en 1929, a los cincuenta y cinco años de edad, a causa de una gastroenteritis alcohólica, -según el acta de defunción-, en el antiguo hospital civil de la ciudad de Morelia; nadie reclamó el cadáver, por lo que fue arrojado a la fosa común del panteón municipal; no quedó registro del destino de sus escasos bienes personales, entre ellos, un esqueleto –al parecer, femenino- que guardaba en su miserable vivienda rentada. Fue encontrado moribundo, junto a un árbol, en las afueras de Morelia, en dirección norte de la catedral, en algún lugar de aquella llanura, en la actualidad ocupada por la colonia Industrial; fue trasladado al hospital civil, donde agonizó durante dos días; estas referencias son pertinentes para hacer mención del escrito conocido como “Testamento de Pito Pérez”. Resultaría una actividad en extremo difícil el rastrear la ubicación o posesionario actual del texto original –si es que fue conservado-, pero que es conocido con amplitud en grupos literarios y entre los estudiosos de letras y escritores mexicanos, y de modo particular, por los literatos morelianos. En la actualidad, el texto de ese “Testamento” está disponible en la Internet, en varios sitios con la misma entrada; ese texto fue instalado en el espacio cibernético desde varias latitudes, como México y ciudades sudamericanas. No es el caso de este escrito participar en la discusión acerca de la autenticidad, pertenencia o autoría de tan famoso testamento, o acerca de su carácter apócrifo. En cambio, este escrito declara la congruencia de este, con la actitud de vida y posición frente al mundo de Jesús Pérez Gaona, y que son reconocibles en el fondo de las anécdotas, perfil psicológico y tradición moreliana que conserva su memoria; la unidad de esto con el testamento mencionado es el fundamento de nuestra apreciación de ese personaje como un símbolo regional del hombre rebelde, considerado en la parte anterior de este escrito.
La segunda parte de estas consideraciones es ocasión de confirmarlo como símbolo de la rebeldía, con fundamento en las líneas de su “testamento”, que, al parecer, fue el primero y el último que realizó en su vida, vida que fue existencia presidida por lo irracional, arrastrada por la nostalgia, sustentada en la desesperanza y soportada como lo absurdo.
La formación escolástico-teológica que recibió en el seminario de Morelia, la experiencia vivida y el “testamento” de Jesús Pérez Gaona aparecen, en su conjunto, como unidad de esa existencia; lo real de esta unidad puede descubrirse reconociéndolo como un símbolo; ese reconocimiento es el interés de la reflexión sobre este personaje rebelde. Es un símbolo, o figura de la objetivación de la existencia en rebeldía, y más aún, figura de las contradicciones irresolubles de un individuo, o de una sociedad y de un pueblo, por ejemplo.
Según Ernst Cassirer, “el concepto de símbolo permite .abarcar la totalidad de los fenómenos en los cuales se presenta un ‘cumplimiento significativo’ de lo sensible>>, en los cuales algo sensible se nos presentaría como especificación y encarnación, como manifestación de lo sentido”.9 En efecto, el concepto de símbolo es condición que hace posible la aprehensión de la especificidad de la experiencia vivida y de la encarnación de un hombre en su propia existencia, y por lo tanto, de aprehensión del significado del modo como sintió la vida y el mundo. “Todos los modos de aprehensión de la realidad y, a la postre, todos los modos como el hombre se enfrenta con la realidad, incluyendo modos no estrictamente cognoscitivos, tienen un aspecto simbólico, es decir, están fundados en simbolizaciones. (…) Cassirer examinó (…) tres sistemas simbólicos fundamentales. Cada uno de ellos corresponde a una determinada función: el sistema de los mitos, que corresponde a una función expresiva de los símbolos; el sistema del lenguaje común, que corresponde a una función intuitiva, y el sistema de las ciencias, que corresponde a una función significativa. Cada una de estas funciones son otras tantas formas de .lenguaje>>; el estudio del .origen de la función simbólica>> es para Cassirer una filosofía del lenguaje en sentido amplio. Al mismo tiempo, esta filosofía del lenguaje es una filosofía de la cultura, o de las formas culturales”.10 Desde la perspectiva de la teoría del símbolo de Cassirer, la figura simbólica de la existencia de Jesús Pérez Gaona es susceptible de determinarse como sistema de lenguaje común, y que es correspondiente a una función intuitiva; en efecto, el personaje en cuestión tuvo como esencia de su existir –por encima de las particularidades con que aparece en la novela de José Rubén Romero y versiones fílmicas y teatrales de la misma- la intuición del desgarramiento en la relación con el mundo, con su familia, con el vicio del alcohol, con las aventuras amorosas, con la vulgaridad de los individuos semejantes a él; tuvo la intuición de lo irracional, desesperanza, absurdo y rebeldía simbólica de esa cotidianidad, de la que solamente salió en los momentos finales en que escribió las líneas de su “testamento”. La intuición del mismo desgarramiento aparece entonces como conciencia intuitiva del predominio de los mismos componentes en la cultura de su tiempo, cultura y sociedad que le tocó vivir –y padecer- con amargura.
Dice Cassirer que “La filosofía de las formas simbólicas (…) se propone ser (…) una fenomenología del conocimiento [descripción de la experiencia de la conciencia en actos de conocer]. Toma en ellos la palabra .conocimiento>> en su sentido más amplio y comprensivo. Entiendo por conocimiento (…) toda actividad espiritual por la que nos creamos un <
Testamento de Jesús Pérez Gaona, apodado “Pito Pérez”.
Lego al a humanidad todo el caudal de mi amargura. Para los ricos sedientos de oro, dejo la mierda de mi vida. Para los pobres, por cobardes, mi desprecio, porque no se alzan y lo toman todo en un arranque de suprema justicia. ¡Miserables esclavos de una Iglesia que les predica resignación y de un gobierno que les pide sumisión, sin darles nada a cambio!
No creí en nadie. No respeté a nadie. ¿Por qué? Porque nadie creyó en mí, porque nadie me respetó. Solamente los tontos y los enamorados se entregan sin condición.
¡Libertad, Igualdad, Fraternidad!
¡Qué farsa más ridícula! A la libertad la asesinan todos los que ejercen algún mando; la igualdad la destruyen con el dinero, y la fraternidad muere a manos de nuestro despiadado egoísmo.
Esclavo miserable, si todavía alientas alguna esperanza, no te pares a escuchar la voz de los apóstoles: su ideal es subir y permanecer en lo alto, aun aplastando tu cabeza. Si Jesús no quiso renunciar a ser Dios, ¿qué puedes esperar de los hombres?…
¡Humanidad, te conozco; he sido una de tus víctimas! de niño, me robaste la escuela para que mis hermanos tuvieran profesión; de joven, me quitaste el amor, y en la edad madura, la fe y la confianza en mí mismo. ¡Hasta de mi nombre me despojaste para convertirlo en un apodo estrafalario y mezquino: ¡<<Hilo Lacre>>!
Dije mis palabras, y otros las hicieron correr por suyas; hice algún bien, y otros recibieron el premio. No pocas veces sufrí castigo por delitos ajenos. Tuve amigos que me buscaron en sus días de hambre, y me desconocieron en sus horas de abundancia. Cercáronme las gentes, como a un payaso, para que les hiciera reír con el relato de mis aventuras, ¡pero nunca enjugaron una sola de mis lágrimas!
¡Humanidad, yo te robé unas monedas; hice burla de ti, y mis vicios te escarnecieron! No me arrepiento, y al morir, ¡quisiera tener fuerza para escupirte en la faz todo mi desprecio!
Fui Pito Pérez: ¡una sombra que pasó sin comer, de cárcel en cárcel! Hilo Lacre: ¡un dolor hecho alegría de campanas! fui un borracho: ¡nadie! una verdad en pie: ¡Qué locura! y caminando en la otra acera, enfrente de mí, pasea la Honestidad su decoro y la Cordura su prudencia. El pleito ha sido desigual, lo comprendo; pero del coraje de los humildes surgirá un día el terremoto, y entonces, no quedará piedra sobre piedra.
¡Humanidad, pronto cobraré lo que me debes!…
Jesús Pérez Gaona
BIBLIOGRAFIA