Presentación. Pedro Benito Mata Mendoza.
Nota previa.
Pedro Benito Mata Mendoza:
Iniciamos la presente entrevista al profesor y escritor Jorge Vázquez Piñón; el motivo es promover la lectura de su obra Estudios de filosofía social y a partir de la lectura de alguno de los capítulos, hacer una serie de preguntas. Para mí es un gusto tener la presente exposición profesor; no sé si quiera comentar algo antes de iniciar.Jorge Vázquez Piñón:
Primeramente, agradecer la generosidad de la invitación del licenciado Pedro Benito Mata Mendoza para participar en sus actividades de difusión cultural; es un honor colaborar con la juventud, en su formación intelectual y promoción de la cultura, y estamos muy contentos de participar en este canal YouTube residido aquí, en Uruapan, ciudad que siempre ha despertado nuestra admiración y cariño, porque es un lugar de belleza natural extraordinaria. Muchas gracias por la invitación, y con mucho gusto conversaremos sobre las cuestiones que considere merecedoras de su atención.PBMM:
Profesor, iniciamos; la primera pregunta sería ¿cómo se origina la obra Estudios de filosofía social? ¿qué fue lo que lo llevó a escribirla?JVP:
Es un título genérico; el volumen consta de tres libros que escribimos entre 2009 y 2011, que tienen una temática común referente a los problemas de la sociedad, los problemas de la razón y los problemas de la historia; cuando encontramos la oportunidad de publicarlos, ese fue el título que nos pareció dar unidad a esos escritos.PBMM:
En ese sentido sería conveniente preguntar ¿qué es la filosofía social? ¿cuál es su relevancia en la actualidad? ¿qué tendría que aportar la filosofía social a esta primera parte del siglo XXI?JVP:
La filosofía social es una disciplina de carácter crítico-reflexivo reciente; podríamos decir que tiene cincuenta años de existencia, un poco más, pues debemos tener presentes las valiosas contribuciones de Bertrand Russell a ese saber: Es una disciplina que empezó a formarse en Inglaterra por efecto de la manera de combinar resultados de la antropología y la sociología para examinar problemas que eran límites en la antropología mediante la sociología, y viceversa, examinar problemas de sociología que eran límites en la antropología; esa combinación tuvo éxito, tuvo bastante aceptación que en Inglaterra; en México no mucho, porque la filosofía social tiende a ser un pensamiento filosófico conservador que busca, más que nada, hacer diagnósticos de las situaciones para buscar resolución de problemas, no tanto cambios radicales o movilizaciones sociales; en México predomina el positivismo y sus principios de la ciencia son la base de las concepciones del mundo y de la vida, y en varias universidades públicas predominó el marxismo durante muchos años. La primera situación, prevalece; la segunda, casi ha desaparecido, está bastante disminuida; donde todavía respira con muchas dificultades, es en algunas escuelas normales rurales, y ciertas instituciones oficiales de educación superior. La importancia de la filosofía social para nuestro tiempo es indicada; estamos convencidos de que esta forma de pensamiento filosófico tiene futuro porque vivimos una época que tiende a ser conservadora, no obstante, los sacudimientos, los cambios y movilizaciones sociales de todo tipo, observables en México, y en especial, en Morelia. En general, podemos decir que -en su conjunto- la civilización contemporánea tiende a ser conservadora, le interesa entender los problemas para manejarlos, no para resolverlos; esa es la característica de la vida histórica de nuestro tiempo.PBMM:
Usted ha comentado que la filosofía social no ha tenido una recepción amplia en México como en Inglaterra; entonces ¿podría decirse que eso se debe a la naturaleza o necesidad de cambios y de resolución de conflictos que exige la sociedad mexicana? ¿México necesita una filosofía social específica que promueva no solamente la resolución de conflictos, sino que también empuje al cambio?
JVP:
Puede decirse que el momento político actual de México es un esfuerzo de la sociedad, el Estado y del gobierno para entender lo que está pasando; eso es, en su conjunto, lo que podríamos decir como significado de las políticas de los últimos años; son esfuerzos para entender el pasado y el presente de México y en la medida en que se vayan entendiendo graves problemas, se van generando de manera prudente y planificada -aunque no lo pareciera- estrategias y proyectos de solución que no impliquen una fricción entre las fuerzas políticas y sociales; por eso en México la filosofía social tiene futuro científico, filosófico y político. En nuestro país el pensamiento filosófico tiende a buscar la dinámica de los cambios, esto es algo que viene de la Revolución Mexicana, que la creencia de que la filosofía tiene una parte en la responsabilidad de impulsar los cambios, hasta de provocarlos, dicho con respeto y objetividad, esa creencia impulsada por la admiración a la revolución cubana de parte de la juventud universitaria de la década de los sesentas y los setentas, llegó a su límite hace tiempo; sin embargo, en muchas universidades se quedó la inercia de pensar de esta manera, de esa creencia de lo que debería ser la misión de la filosofía de México.
PBMM:
Uno de los ejes temáticos que atraviesan por el libro de Estudios de Filosofía Sociales el concepto de ‘teoría crítica’; ¿cómo hay que entender la teoría crítica?
JVP:
La teoría crítica es una corriente de pensamiento o de importancia formidable y extraordinaria; sus antecedentes son históricos y es un orgullo decir que se ha logrado constituir la historia de la aparición del pensamiento crítico en la época moderna; esto es algo significativo para el desarrollo de las humanidades, las ciencias sociales y de la filosofía. Podríamos decir dos cosas al respecto; una, que el pensamiento crítico aparece en el siglo XVIII con Kant, comienza como una crítica de la razón para localizar sus posibilidades y limitaciones de la razón para el conocimiento; fue un esfuerzo grandioso el de Kant, con ello se inaugura la reflexión crítica en el sentido filosófico de mayor abolengo y elevado, depurado y profundo; la otra, es la llamada Escuela de Frankfurt y que en México comenzó a ser estudiada en la década de los setentas del siglo pasado; sus representantes son quienes buscaron la conexión de la teoría crítica de Kant sobre el conocimiento con la teoría crítica de la historia, sociedad, política, educación, principalmente, y lo hicieron por exigencia de la época que tocó vivir a Max Horkheimer y Theodor W. Adorno; ellos dos, de manera admirable y con un lenguaje suficientemente elaborado, localizaron la historia de la crítica como originada en la aparición de una nueva concepción de la razón en el siglo XVII, y según ellos, esta nueva concepción de la razón del siglo XVII, se convirtió en la expresión racional del capitalismo naciente que estaban dando origen a toda una nueva sociedad, y llegó hasta nuestro tiempo, presidida por la razón; la grandeza de la Escuela de Frankfurt consiste en que hicieron el seguimiento de las deformaciones de la razón y la denuncia de su uso instrumental, utilitarista y calculista y que funciona como control, dominio y administración total de la sociedad y de las masas; esta es la importancia de la teoría crítica desde el punto de vista histórico, cultural y político.
PBMM:
Usted comenta en su libro que hace falta una nueva teoría crítica; ¿cuál sería la razón de ello? si ya tenemos un estudio formidable de Kant en la Crítica de la razón pura, en sus tres críticas, más los estudios y las aportaciones multidisciplinarias de la Escuela de Frankfurt; ¿por qué a pesar de ello haría falta una nueva teoría crítica?
JVP:
Más que a pesar de ello, más bien se trata de reconocerlos como condición de origen, como punto de partida para continuar lo que hicieron respecto de examinar a Alemania en particular, y Europa en general. El método, los conceptos y el rigor de análisis que cumplieron son el modelo para hacer lo propio con el neoliberalismo, con la globalización, con los problemas acuciantes de nuestra época, la digitalización de la sociedad, de la economía, el impacto de la de la imagen virtual en la formación de la conciencia individual y social, el empobrecimiento intelectual y moral de las sociedades, las migraciones, la manera como el nuevo equilibrio mundial -que logró estar vigente treinta años después de la caída de la Unión Soviética- vemos cómo se altera y de qué manera, por el conflicto entre Rusia y Ucrania; cómo están las relaciones del hombre con el mundo en general, y cómo está la red de intereses que han unificado a todas las naciones, de tal manera que la alteración en un elemento sacude toda la red; cómo está ese tejido de relaciones; es ahí donde la tradición de Frankfurt, con sus conceptos, sus categorías, sus análisis ejemplares y formas y disciplina de reflexión, son al menos, sugerencias para tratar de entender y tal vez, adelantar un diagnóstico de la situación, y tal vez, también pronósticos, pero las propuestas de solución es algo que le toca a la política; los marxistas no estarían de acuerdo cos esta valoración, y puede ser muy discutible, pero cuando la filosofía se mete a la política entra a un terreno resbaladizo; está visto en la historia cómo es de peligroso ese terreno para la filosofía; yo no digo que un filósofo no haga política, claro que puede hacerlo, pero como político, no como filósofo, porque cuando ha ocurrido no le va bien, está visto en la historia.
Una de las misiones que tendría la teoría crítica sería el examen de la situación de los hombres europeos que se sienten inseguros, de la preocupación por la alteración que está padeciendo su mundo, luego de varias décadas en que Europa ha estado en paz y que logró la resolución de la guerra de los Balcanes; después de ella Europa no quiere otra guerra, eso está clarísimo, y les inquieta mucho la perspectiva de la escalada en la guerra entre Rusia y Ucrania; ese conflicto ya alteró la economía, provocó la carestía de la electricidad y aumento del costo de la vida, la disminución del poder adquisitivo del euro, y otros detalles; todas esas actitudes del hombre europeo frente al mundo tienen un fondo histórico, y es una relación que hay que saber mirar mediante las categorías críticas; la misión de la teoría crítica es mirar de esa manera muchos otros problemas acuciantes de la realidad histórico social, de la libertad y condición humana.
PBMM:
El hombre europeo está experimentando una conciencia de que está menguando -desde hace tiempo- la hegemonía política; los europeos son conscientes de que geopolíticamente están perdiendo lo que fue su fuerza estratégica. ¿Cuál es el asunto que le hace ruido al hombre europeo en ese sentido?
JVP:
En efecto, Europa es consciente que perdió la hegemonía geopolítica; lo curioso es que no le interesa, no le importa. Europa es un gran fenómeno histórico, cultural, espiritual, moral e intelectual formidable; tal vez en México no estamos acostumbrados a ponderar en su totalidad esa importancia y significado. Europa fue la forjadora del mundo moderno mediante los principios de la cultura griega y el cristianismo; esos son los fundamentos de la expansión capitalista durante cuatro siglos y Europa estuvo al frente de eso; no entramos en detalles sobre las maneras como lo hizo, pero durante cuatro siglos lo hizo. Está claro que Europa considera espiritualmente cumplida su misión en la historia, y como diría Hegel, un pueblo que cumple su misión en la historia desaparece, y agrega Marx , ‘se despide alegremente’; como que no vemos que Europa esté despidiéndose alegremente, pero saben que ya no tienen la hegemonía, y no les interesa recuperarla porque eso sólo se recuperaría mediante la guerra, y Europa no quiere una guerra más; después de la destrucción del nazismo se formó una nueva mentalidad en los sobrevivientes de aquella espantosa guerra; quienes ahorita tienen entre setenta y ochenta años estaban por nacer cuando terminó la guerra, y crecieron en condiciones de la reconstrucción de Europa, y quienes los criaron lo hicieron con la mentalidad de ‘nunca más otra guerra en Europa’; podríamos decir que los actuales europeos son antibelicistas y que ya no están preparados para la guerra; tienen sus grandes ejércitos y sus poderosas armas, pero los hombres europeos ya no tienen el espíritu de combate que -por ejemplo- tuvo el pueblo alemán a principios del siglo XX, o el espíritu de conquista que tuvo el pueblo inglés todavía hasta 1930, o el espíritu colonialista que tuvo Francia hasta 1950, y los italianos, que entraron de manera tardía a la competencia por el reparto imperialista de Africa, y fracasaron; el espíritu de acción combativa y de conquista y dominio donde queda, es en Rusia, no lo han perdido, ni la van a perder, por su origen y su trayectoria; la prueba está en la guerra contra Ucrania. Podemos decir que el hombre europeo no quiere más guerra; Europa esté dispuesta a aportar armas a Ucrania, pero que los muertos los ponga Ucrania; esto es una evidencia de que el hombre europeo no quiere otra guerra: La guerra de los Balcanes -1994- fue algo espantoso y aterrador; estamos hablando de hace casi treinta años, el mundo se estremeció cuando aparecieron las imágenes de los campos de concentración en la antigua Yugoslavia; fueron impactantes, e hicieron reaccionar a Europa; las imágenes de los campos de ejecución de civiles fue algo que nadie entendía, era muy difícil entender cómo cinco pequeños Estados estaban peleando entre sí, habían sido un solo país -Yugoslavia-, y fue una lección muy dura para Europa, que había estado decidida a no permitir la repetición de otra guerra, y menos, el exterminio.
PBMM:
Uno de los problemas que hacen ruido en la en la filosofía es la relación entre filosofía y política, y la participación que algunas grandes figuras de la historia de la filosofía han intentado tener en el ámbito político; pienso en Platón y su relación con Dionisio de Siracusa y que es una relación que deviene de modo desastroso; pienso también en el escándalo de la filosofía de Heidegger y su relación con el nacionalsocialismo; en México tenemos a José Vasconcelos y su participación también en el ámbito político; ¿por qué la participación del filósofo en política siempre deviene como un desastre? ¿por qué no puede tener un término correcto en la ejecución práctica de ciertas concepciones filosóficas o políticas?
JVP:
La política es el ‘arte de crear situaciones’ mediante estrategias. Maurice Merleau-Ponty que la política es ‘el deseo de lo posible’ mediante astucias, argucias, estrategias, trampas. Es importante señalar que la filosofía es pensamiento reflexivo, analítico, sintético, generador de categorías para entender problemas punto. La labor y misión del filósofo es pensar, pensar el mundo; si sale de ese ámbito, entonces ingresa -con su mentalidad generadora de categorías- al arte de crear situaciones, más tarda en ingresar que en aparecer el conflicto entre la situación que debe crearse o que hay que superar, y sus propuestas de entendimiento de la situación, ya no se diga, de su transformación. Son sacudimientos terribles, pruebas espantosas. Ya mencionó usted un caso emblemático: Heidegger; está claro, hay testimonios escritos y declaraciones de Heidegger de cómo fue su relación con el régimen y cómo se deslindó y por qué, y, sin embargo, no lo perdonaron; podría decirse que los aliados victoriosos sí lo perdonaron, pero varios pensadores alemanes, contemporáneos suyos y sobrevivientes a la guerra y genocidio, no lo perdonaron. Después de la destrucción del régimen del nacionalsocialismo, los otros treinta años que vivió y que pudo volver a la vida pública, fue estar recibiendo señalamientos en ese sentido por más que él, por escrito, mostró sus cartas que envió a las autoridades educativas, su renuncia en 1934 y explicación de por qué renunciaba, pero como hizo política en un momento en que era imposible estar fuera de la política, quedó impregnado del antecedente de haber estado en contacto con el régimen nacionalsocialista y pertenecido al partido nazi, de aquellos propósitos de la política del nacionalsocialismo; desde 1951 fue luchar y resistir, y seguir pensando filosóficamente, y lo hizo con dignidad; nunca se disculpó, y eso fue lo que no le perdonaron: nunca se disculpó; nunca se arrepintió de haber pertenecido al partido, y porque entendió el riesgo de que la filosofía fuera absorbida como recurso propagandístico de la política, y supo vivir con eso, y llegar al final con dignidad, y sin admitir haber cometido un error, y supo entender que hay que saber vivir con la situación creada y que había que responder a ella, o de lo contrario se puede quedar fuera por completo, y esto es muy pesado para un filósofo que decide buscar la conexión con la política mediante la filosofía; eso no es muy recomendable; un individuo con formación filosófica claro que puede hacer lo único que no hay que hacer política, y lo más recomendable es hacerlo -repito- bajo las reglas de la política.
PBMM:
¿La filosofía puede cambiar a la sociedad?
JVP:
Desde los orígenes de las filosofía y hasta la época de la Ilustración, la filosofía fue pensamiento contemplativo y descriptivo mediante los recursos de la lógica formal de Aristóteles; los planteamientos de cambiar el mundo, transformar la realidad y formación de un hombre nuevo comenzaron con el pensamiento de Marx y sus bases en la lógica dialéctica de Hegel; de esa manera se fundó la concepción de la filosofía con militancia de la praxis revolucionaria, una concepción que tuvo su gran momento con la revolución bolchevique, la fundación del Partido Comunista de la Unión Soviética y la fundación de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas; y es sabido que todo eso ya es histórico en el amplio y estricto sentido del término.
Un antecedente cercano a las ideas de Marx, fue el pensamiento educativo y político de Juan Jacobo Rousseau, en particular el segundo, expresado el célebre libro El Contrato Social; es sabido que por efecto de la publicación de esa obra, su autor la pasó mal, recibió el repudio de la sociedad, era expulsado de las ciudades a donde llegaba, pues en su libro anunciaba la aparición del ciudadano como hombre independiente y libre respecto de la Iglesia y la monarquía, y de los estamentos feudales. Rousseau decía que los hombres no quieren cambiar, no quieren ser libres, pero hay que ayudarlos a ser libres, incluso, obligarlos a ser libres, diría Kant, su contemporáneo, quien admiraba de sobremanera al autor de El Contrato Social. Puede decirse hoy en día, que los hombres no quieren cambiar; en la actualidad, cuando un filósofo propone cambiar a los hombres, la pasa mal, como Rousseau; son ejemplos de las pruebas que la realidad impone al pensamiento novedoso, y resistirlas, es el heroísmo del pensamiento, y el pensamiento resiste cuando está justificado hacerlo, porque es novedoso; pero hay otro factor muy importante: el espíritu de la época, que condiciona la difusión de un pensamiento novedoso, o lo restringe; algo similar ocurre con la creación poética y literaria. Pero hay una oposición a esa fuerza de la realidad, y que podemos llamar como su ‘contrafactor’, y consiste en la consideración del merecimiento de la época para recibir un nuevo planteamiento del pensamiento; entonces la pregunta inevitable con base en ese contrafactor es: nuestro tiempo ¿merece el heroísmo del filósofo? ¿merece el sacrificio del filósofo por una propuesta política? ¿el espíritu de la época actual merece la ‘muerte heroica’ del filósofo?
Considero que el filósofo, mientras pueda vivir, tiene algo qué decir, por eso es importante que se cuide, que diga lo que tuviera qué decir, y saber decirlo, sin la pretensión de que alguien lo va a escuchar; lo que importa es que fluya el pensamiento, generar ideas para la comprensión del mundo, crear los elementos para entender los problemas, las acciones de los hombres, y decirlo en conceptos elaborados de la mejor manera; esos conceptos son como botellas que se lanzan al mar, con un mensaje en su interior; luego, algún náufrago en el otro lado del mar, un día la recogerá, la abrirá y hará el esfuerzo para leer y comprender el concepto, y tal vez, de algo y para algo le servirá el pensamiento expresado; más o menos así aparece la relación entre filosofía y cambio en general.
PBMM:
Hay una preocupación en el libro Estudios de Filosofía Social por hablar del espacio público democrático y por el hecho de tener injerencia o participación inteligente en el espacio público democrático; la pregunta sería ¿qué es el espacio público democrático y cómo puede uno tener una participación inteligente en él?
JVP:
La noción del ‘espacio público democrático’ es hacer referencia a nuestros años de juventud y formación en la universidad, hace cincuenta años; en 1970 el régimen político era mexicano otro; las libertades de expresión, de asociación, eran otras, no hay punto de comparación entre el manejo de los derechos humanos en los setentas y en la actualidad, incluso, ni se hablaba de ellos, no hay punto de comparación; en aquel entonces la filosofía estaba circunscrita a las escuelas de filosofía, ese era su espacio; salir de allí para hablar de la política, de la economía, del poder de los partidos, publicar en los periódicos, todo estaba supervisado y censurado, no era fácil hablar fuera de los cauces institucionales; quienes querían decir algo fuera de esos cauces procuraban crear espacios independientes para hablar de lo que no se permitía hablar en los medios y cauces institucionales; la radio y la televisión estaban bajo supervisión continua, y esos empresarios concedían estarlo. En el sentido de creación de espacios públicos democráticos, la Universidad Michoacana fue pionera en propiciar foros, conferencias, debates, por ejemplo, sobre la reforma universitaria; uno como estudiante pudo asistir a conferencias en el Colegio de san Nicolás que casi eran a puerta cerrada; después entendí que era una manera de proteger tanto al ponente como a los asistentes. En general, en toda la sociedad mexicana había ese control y supervisión en la expresión del pensamiento político y examen de las ideologías. Con el tiempo y la movilización ciudadana comenzó el cambio político en México; la sociedad cambió, las nuevas generaciones tienen otra actitud de manifestación que hace medio siglo sólo se vio en el movimiento estudiantil de 1968; es admirable la cantidad de espacios de discusión pública democrática que crean las audiciones de rock, las presentaciones teatrales al aire libre; son espacios políticos de manifestación artística, literaria, política; es una novedad en la formación de México este acceso a la vida pública, y más todavía, la garantía de la libertad de expresarse, sin entrar ahorita en el nivel de las expresiones y calidad de los contenidos que se expresan, pero es un comienzo para que se exprese democráticamente lo más importante que puede expresar una sociedad, que es la relación política ciudadana con la sociedad, el gobierno y el Estado; esta es la expresión política que debe privilegiarse en los espacios democráticos; esos espacios son una verdadera novedad en la formación de México.
La filosofía ha tenido lo suyo en ese sentido; por ejemplo, los coloquios, los congresos internacionales que se hicieron en Morelia, el congreso nacional anual de filosofía; esos eventos son espacios democráticos mediante los cuales la filosofía busca abrirse a la sociedad. Es importante que se mantengan las conquistas que representan los espacios de encuentro; las tecnologías digitales y las redes sociales superan en mucho la penetración de la prensa, la radio y la televisión comercial en la sociedad; tienen un gran alcance respecto a la expresión del pensamiento sobre todo del análisis político y social, pero en todos hay una marcada preferencia por el análisis sociopolítico, con diferentes signos, intenciones y tendencias.
PBMM:
El intelectual es la persona que busca cultivar su facultad cognitiva, su facultad crítica, busca respaldar su punto de vista; el intelectual debería de asumir la labor de ser crítico o ser observador de lo que acontece en el espacio público democrático ¿Considera que actualmente se está llevando a cabo esa labor con seriedad, con rigor y compromiso que eso requiere?
JVP:
Definitivamente, sí, y mucha gente sin tener una brillante formación intelectual se mete a hacer análisis intelectuales de los procesos sociales y políticos en la actualidad de México; el asunto que merece destacarse es el signo con el que lo hacen, o la intención. En México, ahorita, se puede ver esto con claridad; la mayoría de los intelectuales de cierto nivel y que son autoridad en su campo no son simpatizantes de las tendencias al cambio, y que podríamos atribuir a cálculos de estrategia política o compromiso con intereses de grupos. Podría decirse que algunos intelectuales de izquierda que tienen el nivel teórico están disciplinados y puede entenderse que estén como silenciosos o disciplinados a ciertas líneas teóricas. Sin embargo, la mayor parte del debate sobre la situación política actual de México es en contra de la tendencia al cambio, hecho muchas veces por gente de nivel, de prestigio, con trayectoria y obra, y otros, que sin tener nivel, prestigio, trayectoria ni obra, pero tienen su espacio, y por eso las redes sociales y de cadenas de radiodifusoras, y los canales de televisión están llenos de cosas redundantes, reiterativas, tautológicas; ahí manifiestan sus compromisos de ideología y de negocios. y llama la atención lo otro, que los intelectuales progresistas -para no abusar de la palabra ‘izquierda’- con formación, con visión, con compromiso, están tranquilos, pienso que, más que nada, por estrategia política, para evitar el choque ideológico, la polarización-inexistente- que tanto se ha denunciado y señalado; no hay tal, por eso el discurso de izquierda está ecuánime, para evitar ese choque; sin embargo, no puedo dejar de decir que la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM se ha manifestado con un escepticismo acusativo respecto a la situación actual de México, como que no creen en la orientación política que lleva el país; no puedo decir de otras facultades, porque no tengo documentos, pero de la UNAM, sí tengo dos libros que ha publicado la Facultad de Filosofía, con autoría de quienes son ahorita las autoridades académicas; no muestran simpatía por el actual momento político de México; en lo personal así me explico los señalamientos del Presidente a las universidades en general, lo que les dijo fue tremendo, porque no se han manifestado respecto de lo que está pasando en México, cuando deberían hacerlo, así lo dijo: la filosofía y las ciencias sociales tienen mucho que decir sobre lo que pasa en México, y ¿dónde están sus libros? ¿dónde están sus publicaciones, dónde están sus análisis? En efecto, estamos viviendo un momento de síntesis histórica, no tanto de transformación en el sentido estricto del término, pero todo movimiento político tiene una ideología, y la idea de ‘transformación’ es la ideología del partido en el poder; el momento político actual es de ciertos cambios y de síntesis de la historia, que están manifestándose, y todos los días el presidente habla de ellos: entonces hay que retratarlos con palabras y expresarlos en conceptos políticos, sociológicos y filosóficos, y hasta con una nueva novelística, o el menos, una nueva cuentística; esto es lo menos que pueden hacer en México las ciencias sociales, la filosofía y hasta la literatura, y no lo están haciendo, al menos, en favor del cambio.
PBMM:
¿Por qué hay silencio o escepticismo respecto a la tendencia política que lleva el país actualmente?
JVP:
Podría decir -sin tener muchos datos al respecto- y considerando los antecedentes y condiciones de ciertas universidades, que ese silencio es reacción de los intereses creados de los grupos de poder al interior de la universidad, al interior de las facultades, y también de las escuelas normales; la han pasado bien, y entonces ¿‘qué mover la estructura si está bien’? Los señalamientos del presidente a la Universidad de Guadalajara no están faltando a la verdad, y los expresado de manera directa, al igual que a oras instituciones de educación superior, de manera principal, a la Universidad Nacional Autónoma de México. Sin embargo, que esas instituciones guarden silencio, digamos que es secundario, porque hay algo grave detrás de esas actitudes; Hegel decía que ‘el pensamiento muere por pereza’, y el pensamiento se muere cuando se muestra indiferente frente a la realidad porque tiene una fortaleza o un refugio seguro, y entonces lo que le interesa es lo que pasa al interior del pensar sin relacionarlo con el mundo. Hegel diría el pensamiento universitario mexicano está muriendo; tal vez en la falta de compromiso con el examen crítico de la realidad reside una condición de la baja productividad teórica en México, no digo que se reduzca a ello, pero sí puede ser un factor explicativo de la baja productividad teórica, no obstante el espléndido desarrollo de maestrías y doctorados en las ciencias sociales y en filosofía, lo cual es grandioso, y eso es un progreso espiritual para México; es admirable que en cincuenta años hayan aparecido tantos centros de estudios de posgrado en nuestro país; medio siglo ya es tiempo suficiente y promedio para la aparición del producto representativo de la nueva vida espiritual de México; y no ha aparecido de manera suficiente; creo que en ese sentido va el reclamo del Presidente a la educación superior que no ha construido la explicación científica de la realidad mexicana en la actualidad.
PBMM:
Un eje temático y problemático que aparece en el libro de Estudios de filosofía social, segundos en tu obra es potente a nivel de filosofía de la historia, y es el hecho de la vectorialidad o el sentido que lleva la historia; hay un momento en el libro en que se comenta que la historia llegó a concebirse como un Dios al que había que someterse. ¿Cómo se vio esa esa relación? ¿en qué momento se concibió la historia como un dios al que había que subordinarse?
JVP:
Esa cuestión es de importancia extraordinaria. La filosofía de la historia surge en los peores momentos de la decadencia del Imperio Romano de Occidente, que fue una experiencia espiritual formidable pero de enorme sufrimiento, y tuvo un testigo que captó y pensó sobre lo que estaba pasando, cuando los intelectuales de la época aceptaban que Roma estaba colapsando, pero creían que era imposible que Roma desapareciera, porque ‘Roma era el mundo’, en sentido material y figurado; y hubo un hombre que vio que Roma caía y que caería de manera definitiva, entonces pensó: ‘¿qué va a pasar después? Históricamente hablando, podríamos decir que esa fue la primera vez que alguien pensó ¿‘qué significa la historia?, ¿‘hacia dónde va la historia’? Ese hombre fue San Agustín; fue el primero en pensar ¿qué es la historia? ¿qué la mueve? ¿hacia dónde podría dirigirse? La ciudad de Dios es el libro donde están contenidas sus meditaciones al respecto; fue su último libro, y trabajó en él a lo largo de los últimos veinticinco años de su vida; fue producto intelectual de la reflexión sobre una experiencia espantosa y aterradora: llegó a Agustín, obispo de Hipona -la antigua Cartago- la noticia, en el 410 , del saqueo de Roma por los visigodos de Alarico, la masacre de cristianos y la violación multitudinaria de las mujeres cristianas y luego, su ejecución despiada; San Agustín se queda aterrado, no entiende, no capta el acontecimiento; ¿cómo es que Dios permite semejante ultraje a sus hijos? Esa pregunta fue una prueba intelectual y emocional tremenda, grandísima; no fue la única, él pasó por varios trances espirituales formidables; pensar el saqueo de Roma -uno de tantos- fue una tortura, pues no recursos intelectuales, porque no quería valerse de la lógica y metafísica de Aristóteles ni de la dialéctica de Platón o la mayéutica de Sócrates, o de las deducciones de los presocráticos; quería pensar todo mediante el pensamiento cristiano: la tradición de evangélica. Pensar problemas tan complejos con esos recursos -dicho sea respetuosamente- elementales, no le permitía llegar lejos; de esa forma fue como concluyó Agustín que lo único que puede orientar a la historia es Dios, que sólo la búsqueda de Dios puede guiar a los hombres hacia la salvación y hacia la construcción del reino de Dios en la Tierra; Agustín vio el modelo del reino de Dios en la ciudad de Jerusalén, ciudad que creyó el modelo del bien; vio su opuesto en la ‘la ciudad del mal’, y señaló a Babilonia como su ejemplo. De esta manera fue como el pensamiento cristiano se convierte en fundador de la reflexión filosófica sobre la historia. Siglos después, se retoma la reflexión filosófica sobre la historia con Voltaire, en plena ilustración, y se continúa no largo del siglo XVIII y del siglo XIX; podríamos decir que el último pensador importante sobre filosofía de la historia fue el historiador inglés Arnold Toynbee, fallecido en 1975; él es el último en elaborar en el siglo XX, una teoría de la historia en la perspectiva de la gran tradición filosófica. En conclusión, cualquier filosofía de la historia acepta que la historia es movida por la mano de Dios, o que es un plan de Dios, secreto o manifiesto.
PBMM:
Quiero empezar con una cita del escritor José María Pérez Gay de la obra El imperio perdido; dice lo siguiente: “Como si adivinase lo que ocurriría durante la segunda mitad del siglo XX, Musil pensó que la historia es un Dios al que todos se someten y que hay que poner un hasta aquí a la interpretación lineal de la historia, a la creencia del progreso del género humano. El escritor que vio la redención en la Primera Guerra Mundial convirtió el asunto en tema principal de su crítica y su ironía en El hombre sin atributos. .El camino de la historia no es el que recorre una bola de billar dando carambolas en una dirección única, sino que se asemeja más bien al rumbo de las nubes, a la trayectoria descrita por un vagabundo en las calles de la ciudad, rechazado aquí por una sombra allá por un grupo de hombres, más adelante por una esquina extraña, y al cual siempre llega, al fin, a un lugar desconocido y nunca deseado.>>
Se ponen dos concepciones de la historia, como la que dice que la historia sigue un trayecto lineal siempre en pos del progreso y desarrollo de la humanidad; en esta cita se nos está diciendo que no hay que concebirla así, no tiene una vectorialidad detectable, sino más bien, se nos invita a ver a la historia como ‘un vagabundo que va dando tumbos’ y ‘va recorriendo la ciudad’ y llegando a lugares que le resultan ajenos. ¿Cuál es el porqué de concebir la historia con esta imagen? Es muy fuerte la imagen de comparación de la historia con un vagabundo, con un indigente.
JVP:
El hombre sin respeto por lo divino o por el sentimiento de lo sagrado tiende a volverse errático. ‘Dios ha muerto, por lo tanto, todo está permitido’. ¡Qué frase de Nietzsche! ¡Y cómo caló en el mundo! Con ella Nietzsche expresó un sentimiento de reto, de desafío, digamos que soberbia, pero señalando un propósito: anunciar que el hombre es libre por encima de todo lo pudiera ser. No puede aceptarse que la historia es una marcha del progreso, en los hechos no es así, aunque ciertos acontecimientos así lo sugieren, como las vacunas, los tratamientos médicos de enfermedades graves, la salud pública, y muchos otros. Ciertas teorías sociológicas que postulan semejante fin están cobrando un nuevo auge; es algo que llama la atención que, a pesar de como vemos los problemas de injusticia del mundo, hay grupos de intelectuales que tienden a reafirmar la esperanza en el progreso y de que sí es posible hablar de progreso en la historia en medio de cierto escepticismo, pero se cree que es posible volver a hablar de progreso en la historia.
Para el hombre que asume la libertad de manera absoluta significa aceptar que ya no necesitamos a Dios, para decirlo en otros términos, ya no necesitamos a Dios porque tenemos la libertad absoluta; la pregunta que surge es, esa libertad absoluta, ¿cómo va a orientar al hombre en su relación con el mundo, con la naturaleza, consigo mismo? En relación con esa pregunta adquiere sentido la segunda parte de la frase de Robert Musil que cita Pérez Gay con relación a lo siguiente: ¿qué ha pasado después de la caída de la Unión Soviética? ¿cómo se ha portado el mundo? ¿cómo se impuso un nuevo modelo que estuvo vigente treinta años, y cómo y por qué empieza a hacer crisis ese modelo? Y en relación con el individuo, con los intereses individuales, ¿qué ha pasado? han aparecido las minorías que reclaman sus derechos, toda clase de minorías en movimiento reclamando sus derechos; han asumido la libertad, la conciencia de que son libres y de que pueden interactuar con la sociedad y dialogar con el Estado y obtener derechos; y han avanzado, esto no puede negarse, han avanzado; pero ¿los otros derechos y los otros intereses de la sociedad? Los derechos políticos -que son los derechos más importantes- están como soslayados en nuestro en nuestro momento; tratando de ver el proceso en su totalidad, podemos decir que se vive un momento de extraordinaria libertad; ahora a los hombres les toca aceptar que la libertad implica responsabilidad, y que la libertad -cualquier acto de libertad- acarrea consecuencias de las que no hay otro responsable más que el ejecutor de la acción; esto es Sartre. Debo puntualizar que en nuestro tiempo no se quiere aceptar que la libertad implica responsabilidades y consecuencias; sólo se quiere ser libres y que las consecuencias de ciertos actos las asuma la sociedad; esa manera de pensar muestra un modo de existencia no bien fincado. Más o menos esta es la dinámica del hombre con la libertad en la actualidad; quizá la filosofía no tiene mucho que decir al respecto, porque ya lo dijo; creo que la nueva dinámica entre individuo y libertad, o grupos y libertad, va a ser la nueva temática de la literatura como un nuevo sector para la expresión literaria más allá del subjetivismo o del lirismo que gusta tanto en México; son problemas de la realidad que tienen que ser expresados mediante la nueva narrativa; la filosofía ya se expresó al respecto mediante sus categorías y sus conceptos, que son el punto de partida de la renovación literaria; igual, para la teoría crítica: ahí están los conceptos de la Escuela de Frankfurt, que un valioso punto de partida para la constitución del espíritu verdadero de las nuevas generaciones de intelectuales y pensadores; tienen mucho trabajo qué hacer, tienen mucho qué expresar, mucho qué captar, y elevar el concepto a la narrativa, en pocas palabras, la literatura tiene un gran futuro, y que estoy seguro de que aparecerán muchos buenos escritores en el mediano plazo.
PBMM:
Acerca del asunto del autoritarismo, entendido en su nivel político como sistema de práctica que se fundamenta en el peso de las instituciones o de los gobiernos para tener un control sobre la ciudadanía. Hay una hay una frase de Kierkegaard que dice ‘Severidad primero, dulzura, después’. ¿Cuál es su concepción acerca del autoritarismo y la relación que el gobierno mexicano ha tenido con el autoritarismo? ¿Hasta dónde es una virtud y hasta dónde y hasta dónde es un defecto?
JVP:
El asunto de la autoridad está en relación directa con la disciplina, Y debemos decir que nada grande se hace sin disciplina. Esta es una característica de la producción en Europa en general, todo se hace con disciplina y con exigencia de disciplina. Y esto es histórico, todo tiene que practicarse de esa manera; señalar esto también es una opción de comprender la calidad de la producción europea en su conjunto en la ciencia, en las artes, en educación, en la tecnología, en la filosofía. Es la exigencia de disciplina la que ha llevado a esos resultados. Sin embargo, en el campo del arte, en el caso de la música es donde más se siente la exigencia de la disciplina para formar al intérprete o al compositor. La disciplina es un distintivo de la educación en Alemania, no se diga de la universidad. Por eso Alemania es Alemania, por la disciplina en la universidad. Eso ya es histórico. Pero Ahí están los resultados, efecto del respeto a la disciplina. Los grandes teóricos de la educación en Europa han sido partidarios de la disciplina: Kant, Hegel, Marx hablaron de cómo tratar a los niños y coincidieron en el trato con severidad, con rigor. Y que sientan la experiencia del trabajo físico. Marx decía que la mejor forma de educar era que el niño, participara en el trabajo socialmente útil, no explotado, y como experiencia. Hoy en día esto ha disminuido, pero en general, los europeos siguen siendo disciplinados y siguen siendo así porque es una historia larga de formación en la disciplina, pero como que quieren ponerle ella. La prueba es Pink Floyd y su famosísima composición ‘No necesitamos más educación’ y su crítica, es su rechazo a la disciplina y autoritarismo escolares; esa composición es la subjetividad de Roger Waters, él sufrió mucho en la escuela. The Wall es la historia de Waters, Y la canción más famosa es un reproche al sistema de educación pública de Inglaterra, y expresión del sentimiento del padre ausente; la misma composición también es la proclama final de la anarquía: los niños que queman la escuela. Pero eso no puede pensarse en Inglaterra, es imposible que en Inglaterra se toleren brotes de anarquía, porque ese pueblo viene de la experiencia de resistencia durante siglos, mediante la disciplina, al clima, por ejemplo, y también al imperio romano, a las invasiones vikingas, o las dificultades con Francia y Alemania.
En relación con México, El autoritarismo ha sido una pauta constante en la vida histórica y formación de la sociedad mexicana. Desde la conquista española La formación del pueblo mexicano ha sido mediante el sometimiento, la explotación, la sumisión, la represión; y esto formó lo que científicamente podemos denominar un ‘subconsciente colectivo’ que, en el siglo XX embonó perfectamente con el cambio de régimen. Después de la Revolución más de algún presidente quiso liberar a la clase obrera, pero no encontró la manera de que cambiaran su conciencia, concretamente cuando Lázaro Cárdenas entregó los ferrocarriles al sindicato de ferrocarrileros, no supieron qué hacer. Debió ser desgarrador, descorazonador para el presidente Cárdenas que los trabajadores se desistieran de administrar esa industria del transporte, porque dijeron que ellos eran ‘empleados del riel’ que ¿cómo iban a hacer administración y manejo de finanzas? Esto es evidencia de que un pueblo no es fácil cambiar su formato de conciencia, para decirlo de alguna manera, no es fácil modificar el subconsciente de un individuo, y de un pueblo, mucho menos. En el caso de México, por ese subconsciente colectivo fue que el PRI funcionó durante setenta años, porque exigía y daba; esa fue la clave del control sindical que ejerció el PRI y que fue la clave de su poder, y que fue su control de la clase obrera, y que todavía ejerce de manera disminuida y discreta. Esto no está superado, lo acabamos de ver en el en la elección del nuevo comité general del Sindicato de Petroleros; en los resultados de la elección se vieron los efectos de las viejas a inercias del sistema político mexicano, se vio la inercia de la hegemonía del PRI sobre la clase obrera; esos resultados fueron un trago amargo para el presidente López Obrador ; él esperaba otra respuesta de la base trabajadora. Esta es la importancia de los análisis críticos, mediante los conceptos que nos legaron los pensadores de la escuela de Frankfurt, por ejemplo, para hacer análisis concretos de situaciones concretas. Y finalmente, en este sentido, quiero decir que en México es notorio que las nuevas generaciones -quienes ahorita tienen de veinte años para arriba- tienden a rechazar el autoritarismo, no quieren sentir ninguna autoridad; la rechazan, empezando por la del padre, la madre, la Iglesia, los maestros, de la policía; se han visto fricciones y enfrentamientos de grupos civiles, sobre todo en la Ciudad de México, que desafían a la policía, y en otras partes, han desafiado a la Guardia Nacional o al Ejército, lo que son palabras mayores; esos son límites que no deben tocarse. ¿De dónde brota este impulso a rechazar el autoritarismo? De la conciencia de un exceso de opresión. De ahí viene, se tomó conciencia de los procesos de represión, que se estaba heredando esa inercia y la juventud comienza a rebelarse como ha podido, de muchas formas anárquicas, menos de la manera más eficaz, que es la política. Tanto grupo que anda manifestándose de manera banal y hasta violenta, pero no llegarán lejos mientras no se conviertan en un organismo político con plataforma ideológica y estratégica; ninguno va a llegar lejos, el que fuera, porque la única manera de incidir en la sociedad y de modificar aspectos de la convivencia humana, es la política; y mientras no se entienda esto, se seguirá desperdiciando la energía y ‘quemando la pólvora en infiernitos’, como se dice, Independientemente de las justeza de las causas o validez de los deales. Para tener incidencia en la sociedad hay que conquistar la eficacia política; eso casi es un axioma de la convivencia o interacción humanas.
PBMM:
Otro de los ejes temáticos que toca en su obra Es el problema de la praxis entendida de modo básico como La relación que el hombre tiene con su entorno y su capacidad para transformarlo. ¿Cuál ha sido ahí La relación con el hombre y su capacidad de transformación con el mundo?
JVP:
La teoría de la praxis es un tema de actualidad En La reflexión filosófica Y tiene una importancia relevante. Frente al Grave problema De la destrucción del medio ambiente que, junto con la sobreproducción de la especie son graves problemas Que afectan al planeta, la civilización y la especie humana. En términos filosóficos, diríamos es el ser el que resulta afectado, porque lo que podemos expresar del ser es el hablar sobre nuestro planeta, que es el ser, Porque estamos en él, pertenecemos a él, De él surgimos. El Desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas y socialistas Agredió al planeta En todos los aspectos durante décadas Y lo enfermaron. Este es el problema, pues durante Prácticamente los 7000 años de historia humana Nunca se creyó que fuera a convertirse en un problema La interacción del hombre con la naturaleza, Y de hecho, no lo fue; comenzó a presentarse a partir de la Revolución Industrial, Pero nadie le dio importancia Y siguió el desarrollo de las fuerzas productivas con esas características de abuso de los Recursos naturales; ciento setenta años después Surge el régimen socialista, Y hace exactamente lo mismo, Un uso inadecuado de los recursos naturales , n desperdicio y un abuso de los mismos. En ese periodo No se sabía que existían los sistemas ecológicos y están todos interrelacionados entre sí, y luego de la Segunda Guerra se empiezan a ver los efectos de la industrialización intensiva en el medio ambiente, y hace medio siglo surgieron las primeras señales de alarma y no se hizo nada eficaz; ahora hace crisis el calentamiento global, Y algo se está pensando hacer, no nos quepa duda. El capitalismo no se va a suicidar. Algo se está pensando en los grupos de poder, allá, en la cúspide de las élites Para equilibrar esto, ¿de qué manera? No sé. Pero Una cosa es segura: Las élites del poder mundial no están indiferentes; hay mucha publicidad, mucha denuncia, mucha ideología alarmista y culposa, etc., pero el compromiso y preocupación es cuidar el planeta, hay que salvarlo, o el capitalismo lo salvaría a su manera, porque el capitalismo no se va a suicidar. De Eso que a nadie le quepa duda.
Por otro lado, está el asunto de la sobre reproducción de la especie humana. Antropólogos, filósofos, psiquiatras Están de acuerdo Que el problema es que el único problema grave Que tiene la humanidad. Abundancia de seres humanos, el planeta ya no puede alimentarlos ya no da para Darles una vida humana de calidad; hace 15 días, la ONU anunció que se llegó a los 8000 millones. Y esta es una situación que inquieta, pero, como dice el mismo Lévi-Strauss, este es el gran riesgo que enfrenta la civilización, pero Nadie nos hace caso; ese es el único problema real que tiene la humanidad. ¿Qué hay en el fondo De lo uno y lo otro? Una Manera incorrecta de la acción humana sobre la naturaleza. Hay una incorrecta manera de ejercer el trabajo De explotación de la naturaleza y luego, como que hay una falta de claridad de las consecuencias De la actividad reproductiva humana, Para decirlo en términos éticos. Esto es lo que ha inducido A pensar o repensar la estructura de la acción humana. Esa es la praxis; de esos problemas ha surgido el interés por la praxis. ¿De qué manera se cumple la acción humana Que ha tenido los resultados que están a la vista? Parece haber una conciencia planetaria y elemental de que no puede seguir de la misma forma, y que hay que hacer ajustes Para qué la acción Permita conservar al planeta y a la especie en condiciones de dignidad humana. Esa la importancia de la filosofía de la Praxis Que, por tradición, ha sido un pensamiento revolucionario, la praxis típica del marxismo. Pero desde esa perspectiva Es difícil decir algo, porque Implica La mentalidad de la acción Revolucionaria y Transformadora por obligación. Y eso es triste, y es doloroso y es penoso Porque donde quiera que se intentó -lo digo con respeto y conmiseración- No tuvieron éxito; Hubo quienes lo intentaron, Pero No llegaron lejos .Por eso es por lo que se busca una nueva interpretación o examen de la estructura de la acción humana con otros criterios sociológico-políticos y otros referentes filosófico-antropológicos. Eso es, en general, El significado y la importancia del reexamen de la función de la praxis.
PBMM:
Por un lado, el ser humano ha tenido ha tenido una relación destructiva con la naturaleza, y sabemos que hay una pulsión capitalista por la producción y sobreproducción de bienes y que algunos de ellos son innecesarios y que terminan desechándose. Y, por otro lado, está la capacidad reproductiva del ser humano. Entonces me quedo pensando, bueno, esta potencia productora del capitalismo es un problema y por otro lado se ve una cuestión de natalidad. ¿Quién pone o qué pone un límite a esta praxis irregulada que los seres humanos? ¿qué estamos haciendo del entorno?, pero también, nuestra facultad reproductiva, ¿es una cuestión de educación? ¿Tiene que intervenir el gobierno? ¿qué tan polémico y problemático sería eso?
JVP:
Es una cuestión compleja, que pone de manifiesto una vez más, la relevancia de someter a examen crítico a la estructura de la actividad humana; sólo las altas autoridades de los Estados más importantes podrían decir algo al respecto. De ahí en más, cualquier cosa que se diga puede ser bastante relativa y hasta banal, porque son aspectos muy delicados, sobre todo el de la reproductibilidad. Entonces , hablar de ello, tiene que hacerse, digamos, con la autoridad de que se va a generar una propuesta de eficacia política. Y es algo delicado, por sensible, y por las implicaciones religiosas que tiene, sobre todo por el significado religioso de la reproducción de la especie. Es muy delicado tocar los sentimientos religiosos de un pueblo. Y en cuanto a lo otro, podemos decir que están los criterios de la planificación económica, política y social; es la que puede regularlo y no nos quepa duda, los países más avanzados tienen en operación modelos de planificación de todos los componentes de la sociedad para evitar el desequilibrio por el exceso de población. Los países que no tienen eso están en crisis, manifestada, por ejemplo, en los inmigrantes de Centroamérica Y los de otras nacionalidades que se han unido. Hoy debemos decir objetivamente y con cierta frialdad, que ya están listos modelos de control de estas migraciones y a México le va a tocar desempeñar un papel protagónico. Pero la inmigración a Estados Unidos ya se está regulando; si hay un país preparado para sobrevivir varios siglos más, es Estados Unidos. Por eso el mundo tiende a fijarse en sí mismo, en el orden civilizatorio diseñado por Norteamérica. La crisis de la libertad es grande pero no peligrosa, porque hay un referente que organiza, que regula, que orienta, que supervisa a la civilización, y eso es Estados Unidos; esa es la importancia de Estados Unidos en la actualidad, y están preparados para muchísimas cosas.
Sobre el asunto de la sobrepoblación, creo que sólo podrían hablar con autoridad científica y política algunas instituciones norteamericanas y europeas. Nosotros sólo podríamos hablar con conceptos humanísticos o éticos, o hasta ecologistas, pero no podemos decir nada que tuviera eficacia política, ya que, en última instancia, es una cuestión de Estado, y hasta de poder, y en esos niveles de decisión, el pensamiento humanista poca o ninguna importancia tiene frente al pragmatismo que sustenta las estrategias y decisiones políticas decisivas.
PBMM:
¿Por qué el conocimiento de la historia es tan importante para una sociedad?
JVP:
Es una paradoja. Realmente se le atribuye mucha importancia al estudio de la historia. Es famosa, es célebre y simpática la frase que dice que ‘los hombres que no entienden la historia están condenados a repetirla’. Esa es una frase vieja, viene desde la época griega. La verdad de las cosas es que esa es una expresión más coloquial que de eficacia; cuando los hombres se dan cuenta que están cometiendo un error que otros hombres cometieron en el pasado, es porque ya lo hicieron. Entonces de nada le sirvió saber que ese ya se había hecho. Hegel dijo que ‘la historia muestra que los hombres nunca han aprendido nada de la historia’.
Hubo una época en el siglo XX en que se privilegió la conciencia histórica. En el caso particular de México, debe decirse que se privilegió la conciencia histórica en las nuevas generaciones; fue algo que hizo el PRI; debe decirse que sus modelos educativos buscaron que los las nuevas generaciones supieran la historia de México en sus grandes etapas, en sus grandes rasgos, en sus grandes hombres; se trataba de que las nuevas generaciones se dieran cuenta de por qué ocurrió la Revolución, cómo era México antes y cómo empezó el movimiento revolucionario; digamos que esa educación de los niños centrada en la información histórica fue un progreso espiritual que indujo el régimen priísta en las generaciones nacidas de 1940, en adelante, para que los niños en la escuela primaria supieran de las culturas precolombinas, la conquista española, el virreinato, la Independencia, la reforma, el porfiriato, la Revolución y el régimen posrevolucionario. A los niños casi se les hacía recitar ese orden de las etapas y los nombres de los personajes distintivos; fue lo que se llamaba ‘ideología del nacionalismo revolucionario.’
Por otra parte, el conocimiento de la historia, la comprensión profunda de la historia es un privilegio de los grandes líderes. El hombre de Estado, El gran gobernante es tal, porque comprende la historia en su totalidad, no en detalles, sino en su totalidad. Comprende las etapas históricas y de ahí proviene su fundamento para tomar decisiones que -a veces- son muy duras, pero tienen fundamento en una objetividad, en un pasado que es base o condición de este presente. Por eso los grandes estadistas son acertados, porque toman decisiones en base a condiciones que están allí, silenciosas, y les inspira la creación de nuevas situaciones. En esto consiste el valor de la historia como como saber, como sabiduría, como experiencia interpretada y sistematizada, no como concepto descriptivo historiográfico. En las escuelas de historia se privilegia mucho el examen del detalle historiográfico; apenas han transcurrido cincuenta años de que en México empezó la formación de historiadores profesionales, y los criterios que predominan en la formación de historiadores es la historiografía, mediante el principio teórico-metodológico alusivo a la conveniencia de que entre más circunscrito sea el objeto, entre más pequeñito, mejor, mientras más información se consiga sobre algo pequeñito, mejor, y entre más digas de algo más pequeño, mejor aún; de esa manera general ocurre la constitución del conocimiento histórico en nuestro país; podría decirse que ese principio es un criterio hegemónico en la formación de historiadores de México; ¿qué tan conveniente es ese proceso formativo? Creo que es de pronóstico reservado, porque, a fin de cuentas, el propósito, la importancia y utilidad del conocimiento histórico es político. El propósito de investigar el pasado es aportar elementos de decisión política. Lo demás es erudición, y eso se queda en el gusto o compromiso de los interesados, en su cubículo o en su cátedra, pero tanta información, tanta revisión de archivos, tanta búsqueda de datos y de sufrir la vista en las pantallas, en los archivos digitalizados, ¿cuál es el propósito de esa investigación? tal vez, un gusto personal; pero si se encuentra un dato importante, susceptible de convertirse en fundamento de una propuesta de conceptos con utilidad política, entonces esa investigación presta un gran servicio a la historia y un gran servicio a la sociedad que enfrenta ciertos problemas. En esto consiste la relevancia de la historia en nuestra época.
PBMM:
En su obra hay varios términos de carácter técnico. Uno de ellos es el de la dialéctica en sentido histórico y social; ¿a qué se refiere cuando habla de que la realidad histórico social tiene un desarrollo dialéctico?
La dialéctica es El mejor método de conocimiento filosófico, es el mejor método de investigación social, es el mejor método de investigación histórica. Ningún otro método permite el acotamiento de problemas de la conciencia, de la historia, de la sociedad o de la acción, que la dialéctica. Así, contundente, ninguno. La dialéctica es una forma de pensar que casi capta el objeto en su totalidad, casi lo atrapa en su movimiento, en su devenir. Esto ningún otro método de investigación lo hace. Todos los otros métodos son descriptivos, analíticos, contemplativos, sintéticos, inductivos y deductivos en el fondo y la forma. Pero captar el objeto en su movimiento, en su devenir, en su ser como es, sólo la dialéctica, pero no lo capta del todo, sólo se aproxima, es el que más se aproxima, casi lo atrapa con la red …, pero se le filtra por la red, y hay que ir tras de él otra vez; Engels decía que hay una similitud de la relación dialéctica entre sujeto y objeto con las líneas asintóticas, las paralelas que se prolongan en el infinito y se aproximan, pero sin llegar a tocarse. Esa es la grandeza de la dialéctica.
Sin embargo, la historia y las situaciones impusieron un límite a la dialéctica, del que no ha podido zafarse, fue el darle significado revolucionario; eso ocurrió cuando Marx dijo ‘la dialéctica es, por definición, crítica y revolucionaria’; con esa afirmación le puso una marca con hierro candente pensamiento dialéctico para la posteridad. Y con esa marca de hierro candente impuesta a la dialéctica -en la época de las luchas obreras europeas de 1821 a 1871- la dialéctica llegó a México en la época del cardenismo; con ese signo se expandió y arraigó, sobre todo en el norte del país. Esta concepción de que la dialéctica es crítica y también revolucionaria resultó muy pesada, no era casi un dogma: era un dogma en la política de izquierda y en los movimientos estudiantiles mexicanos; a quien el interesara la dialéctica, primero tenía que ser crítico, y luego, ser revolucionario. Y ese dogma arraigó en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo; cuando uno entró a la universidad -hace medio siglo-, esto palpitaba ahí, se respiraba en el ambiente universitario, y uno lo respiraba con la sensación de inconformidad y de que ‘aquello’ era medio irrespirable y difícil de asimilar.
En nuestro tiempo hay una especie de impulso para sacudir a la dialéctica de esa marca del hierro candente y quedarse con lo primero, con la idea de que la dialéctica es crítica por esa formidable cualidad de que ‘casi atrapar el objeto en su devenir’; quiero decir que podemos tener la certeza y seguridad de que la dialéctica sí capta y atrapa un solo objeto en su devenir como una totalidad en movimiento: la conciencia, y eso no es poca cosa, más bien, lo es todo, de ahí la importancia y grandeza de la Fenomenología del espíritu de Hegel, la obra maestra de la filosofía moderna, y condición de la vigencia perenne de Hegel, que ha comenzado a resurgir treinta años después del colapso del marxismo soviético que acabó convertido en la escolástica del siglo XX. Finalmente, quiero decir que el hecho de que la dialéctica no atrapa un objeto en su devenir de manera definitiva, pero ‘casi’, es una prueba de que la razón occidental ha llegado a sus límites, de que no habrá un método más avanzado o perfecto que la dialéctica; la razón de Occidente -la ciencia en sentido estricto- llegó a sus límites epistemológicos y cognoscitivos; más allá de la dialéctica, no habrá otra evolución del pensamiento humano, y esto es maravilloso y es aterrador. ¿Por qué? Es maravilloso, porque nos muestra el avance que ha conquistado el hombre, y es aterrador, porque pueden aparecer problemas para los cuales el hombre no tiene respuestas, como El daño al planeta, la insuficiencia de recursos alimentarios, la superabundancia en la reproducción de la especie humana, el fetichismo del dinero en la convivencia humana y estructura de la sociedad; tal vez son problemas para los que el hombre no tiene respuesta. Y eso es aterrador.
PBMM:
El problema de la libertad viene desde la Antigüedad y hasta nuestros días. Entonces para la libertad, pues ha habido propuestas de práctica individual, como propuestas de práctica grupal, colectiva y política. La pregunta sería¿ qué es la libertad, y cómo podemos ser libres?
Una cuestión de actualidad, definitivamente. Hay mucha defensa de la libertad en nuestro tiempo; la defensa por los derechos humanos es una defensa de libertad, La defensa de los derechos de las minorías es una lucha de libertad, la defensa de la libertad de expresión, del espacio público democrático, son defensas de la libertad. Aquí quiero decir dos cosas. Primero, en general, podemos decir que la libertad tiene que ver con dos actos humanos: elección y decisión. Ser libre es elegir. Elegir es decidir. No hay más; la elección es mediante el individuo, para el individuo y por el individuo, o sea, sin sentir la sombra de un ojo divino que todo lo sabe y todo lo ve y todo lo juzga. No, frente a la libertad no, no hay esa instancia que condiciona elegir y decidir. En la actualidad es difícil para mucha gente creer en la eficacia de ese ‘ojo divino’. Ahora se cree en la eficacia de la elección, decisión y acción que se emprende, cumple o ejecuta, aunque sea anárquica; en general, la libertad es elegir y decidir; esos son los términos en los cuales la enunció Sartre; después de Sartre no ha aparecido otra definición de lo que es la libertad, y no va a aparecer porque no es necesario. Después, lo que puntualizó Sartre, ¿qué más podría generarse? Y esto también es maravilloso porque muestra que el hombre occidental y la filosofía conquistaron una cumbre suprema, ya no hay más qué subir, no hay nada más qué decir, porque el problema está acotado, y lo está porque la razón floreció y resplandeció con la claridad necesaria y suficiente. Y esto tiene que ver, en mucho, con lo que podríamos afirmar es la voluntad política del hombre contemporáneo: el interés por la democracia es definitivo. Si algo mueve a cualquier hombre hoy en día, en cualquier lugar del mundo, es el interés por la democracia, la confianza en la democracia, el compromiso con la democracia o la esperanza en la democracia. Difícilmente aparecería un régimen político y una organización social que convenciera a los hombres como convence la democracia y eso también es un límite de la razón y de la civilización occidental; es una conquista política ¿Habrá algo mejor que la democracia? Se creyó que el socialismo sería la superación de toda democracia pequeñoburguesa como la calificaban los soviéticos en el periodo de Stalin. El régimen socialista no logró consolidarse en la historia por graves errores que ahora se pueden señalar, pero en su momento, el régimen socialista soviético impresionó a todo el mundo, no sólo impresionó, asustó a los países capitalistas más poderosos. Luego vino la crisis del régimen socialista en Europa Central, la caída del muro de Berlín, la reunificación de Alemania, y después, la supresión del Partido Comunista fundado por Lenin y la caída del régimen de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas en diciembre de 1991. De ese devenir resultó, por un lado, el impulso al neoliberalismo, y por otro, el impulso a la democracia; por eso difícilmente surgiría otro régimen político que respondiera a las necesidades de la convivencia humana de manera menos injusta. Esa es una característica de nuestro tiempo: los hombres de hoy en día -en general- no luchan por la justicia; se lucha por una sociedad menos injusta, porque la justicia como tal, no va a llegar; simple y sencillamente, el reparto igualitario de la riqueza, justicia para todos, igualdad de oportunidades para todos, eso no va a llegar. No va a llegar porque la historia no lo permite. Entonces ¿qué vamos a hacer? Luchar por una sociedad menos injusta. Porque la sociedad justa no va a llegar. Se cayó el socialismo y ese hecho histórico es la evidencia de que la sociedad socialista igualitaria -por un lado, como dijeron Freud y Thomas Mann, es una idea que pertenece al futuro; y, por otro lado, el liderazgo en la construcción de un nuevo régimen es algo que escapa a la a las posibilidades de la vida humana; en pocas palabras y, por ejemplo, para que el régimen socialista soviético se hubiera consolidado, Lenin tendía que estar vivo todavía. Lenin era el maestro, el conductor de la locomotora revolucionaria. Tendría que estar vivo. El esfuerzo que Lenin cumplió fue enorme, la capacidad de trabajo que le exigió estar al frente del cambio político rebasó sus fuerzas intelectuales y físicas, tres años pudo estar al frente de la complejidad de la situación revolucionaria, y luego enfermó, llegó al límite de sus fuerzas, y tuvo que soltar la conducción del proceso constructivo del nuevo régimen. Esta es otra enseñanza de las transformaciones revolucionarias: la capacidad de resistencia del cuerpo humano al esfuerzo continuo es limitada, es baja. Muy pocos hombres la han podido sostener un largo periodo por la exigencia de comprensión de un conjunto de situaciones sumamente complejas en una época revolucionaria. Este es un límite de lo que pueden ser las ambiciones humanas; ha cambiado la perspectiva humanista, política y tecnológica de las posibilidades humanas, junto con la creencia en que nada es infinito. Desde el humanismo renacentista hasta el homo sovieticus, y luego, el homo ciberneticus se creyó mucho en que el hombre lo puede todo, puede hacer todo, entender todo, crear todo, crear vida y energía; si bien eso es algo tecnológicamente posible, ya no inspira una fe para mirar el mundo y la vida con una nueva luz y comprensión del hombre mediante la mirada a las obras del hombre. Ahora, tanto se redescubre como se confirma la vigencia y validez de la tesis de Hegel del zeitgeist, el espíritu de la época; en nuestro tiempo, significa la conciencia del límite, de la importancia y conveniencia de los límites de la acción; comienza a manifestarse la conciencia de que los límites los marca la época. Esto es comprender algo valioso: los límites de la acción de alguien en el arte, la ciencia, la filosofía, la política, la técnica los marca las condiciones de la época. La importancia de entender esta situación es propiciatoria de una mejor comprensión de lo que es la libertad concreta y de las direcciones que pueden tomar las sociedades y la democracia, que es el régimen menos imperfecto. Los griegos no creían en la democracia. Decía Aristóteles que era la tiranía de las mayorías; fue la mayoría de los tiranos en la Asamblea de Atenas fue la que aprobó el dictamen de condena a muerte contra Sócrates, aunque lo aprobaron a su pesar, pero tenían que obedecer la ley, y ese fue el momento en que el ciudadano ateniense -el griego por excelencia- se dio cuenta de que la polis no era la perfección que creía como unidad del hombre con el cosmos, y como armonía del hombre consigo mismo; en cambio, creían que deberían gobernar los mejores, que eran los viejos y sabios, no las mayorías, sin embargo, la democracia ateniense implicaba que todos los ciudadanos deberían actuar como jueces al menos una vez en su vida durante un año, y eso siempre admirable en la democracia de Atenas. En nuestro tiempo esos criterios no pueden germinar en ninguna parte.
En el caso particular de la democracia en México, lo menos que puede decirse es que los partidos políticos, en su conjunto, han sido una gran decepción, para el estilo de los ingleses. Los partidos políticos en México acabaron por convertirse en una gran decepción. Y esa decepción es mayor cuando vemos que los partidos contrapuestos forman una alianza para enfrentar un movimiento ciudadano que surge -casi de manera autónoma- desde abajo. La crítica de esta situación induce la consideración de que el régimen de partidos en el mundo entero tiende a replantearse, y esto es interesante. Y es resurge la importancia de la praxis. Hay escepticismo sobre el régimen de partidos. Hay escepticismo en México, y es probable que en el mediano o largo plazo también ocurra en Estados Unidos, que es un caso icónico en Estados Unidos. Se ha vuelto una cuestión de actualidad decir que en Estados Unidos hay un solo partido político que tiene un ala derecha y un ala de ultraderecha. Solo partido; esa situación obliga a replantearse el régimen de partidos. ¿A quién le toca hacerlo? A la conciencia ciudadana de Estados Unidos, a la población en su conjunto, a la aparición de otros grupos, de otras fuerzas sociales que podrían organizarse en partidos políticos. Y se vale soñar , o tener una pesadilla, pero en el mediano plazo podría surgir en Estados Unidos el ‘partido político latino’ porque ya hay una cantidad suficiente de población hispana. Pero estas son situaciones imaginarias, pero que podrían emprenderse, ya por parte de otra generación, pero una sociedad democrática siempre tiende a buscar su equilibrio. Y conservarse. Esto es el punto central; ninguna sociedad quiere la crisis revoluciona. Y aquí lo digo con respeto y más respeto a los militantes marxistas, pero está visto que no se quiere una sociedad en situación de crisis revolucionaria; lo que quiere una sociedad es conservarse. Ya se tiene suficiente experiencia de lo que implica una Revolución, tanto hacerla como corregirla y generar el nuevo régimen. Pero es la historia la que dictamina en última instancia. Es la historia que muchas veces se comporta independiente de los hombres, y los hombres tienen que hacer cosas que odian, que son contrarias a los ideales, pero tienen que hacerse; fue lo que pasó en la Unión Soviética en 1927 cuando Stalin tomó el poder. Situaciones similares ocurrieron en México durante la Revolución de 1910, y ocurrieron no por la voluntad de políticos y jefes revolucionarios; ocurrieron porque fuer la historia la que operó, por exigencia de las condiciones, y no todos los hombres lo entendieron; más bien, parece que ninguno, lo que les interesaba a los más activos e inteligentes era el poder. En un proceso revolucionario se tienen que tomar decisiones que no son humanas, que no son racionales, y se tiene que asumir, aunque vayan contra los principios revolucionarios, porque el gobernante verdadero es la historia, lo que marca el rumbo son las condiciones de la historia. En la Revolución francesa ocurrió mucho de eso, por lo mismo era tan aterradora, por las decisiones que tenían que tomarse, no eran humanas, eran racionales, no eran ilustradas, como, por ejemplo, la ejecución del rey: no había bases jurídicas para hacerlo, no había una sola ley que lo mencionara, pero tenía que hacerse, y se hizo, ¿en nombre de qué? De la soberanía del pueblo. Pero eso no lo entendían de manera racional aquellos hombres luminosos. Y dicho sea entre paréntesis, la Revolución Francesa acabó con sus promotores, su movimiento los exterminaba, y no entendieron por qué. Era la historia, no era la razón. No era la voluntad política la que dirigía el proceso. Estas son las grandes lecciones de la historia que le sirven a la política.
PBMM:
El problema de la libertad viene desde la Antigüedad y hasta nuestros días. Entonces para la libertad, pues ha habido propuestas de práctica individual, como propuestas de práctica grupal, colectiva y política. La pregunta sería¿ qué es la libertad, y cómo podemos ser libres?
Una cuestión de actualidad, definitivamente. Hay mucha defensa de la libertad en nuestro tiempo; la defensa por los derechos humanos es una defensa de libertad, La defensa de los derechos de las minorías es una lucha de libertad, la defensa de la libertad de expresión, del espacio público democrático, son defensas de la libertad. Aquí quiero decir dos cosas. Primero, en general, podemos decir que la libertad tiene que ver con dos actos humanos: elección y decisión. Ser libre es elegir. Elegir es decidir. No hay más; la elección es mediante el individuo, para el individuo y por el individuo, o sea, sin sentir la sombra de un ojo divino que todo lo sabe y todo lo ve y todo lo juzga. No, frente a la libertad no, no hay esa instancia que condiciona elegir y decidir. En la actualidad es difícil para mucha gente creer en la eficacia de ese ‘ojo divino’. Ahora se cree en la eficacia de la elección, decisión y acción que se emprende, cumple o ejecuta, aunque sea anárquica; en general, la libertad es elegir y decidir; esos son los términos en los cuales la enunció Sartre; después de Sartre no ha aparecido otra definición de lo que es la libertad, y no va a aparecer porque no es necesario. Después, lo que puntualizó Sartre, ¿qué más podría generarse? Y esto también es maravilloso porque muestra que el hombre occidental y la filosofía conquistaron una cumbre suprema, ya no hay más qué subir, no hay nada más qué decir, porque el problema está acotado, y lo está porque la razón floreció y resplandeció con la claridad necesaria y suficiente. Y esto tiene que ver, en mucho, con lo que podríamos afirmar es la voluntad política del hombre contemporáneo: el interés por la democracia es definitivo. Si algo mueve a cualquier hombre hoy en día, en cualquier lugar del mundo, es el interés por la democracia, la confianza en la democracia, el compromiso con la democracia o la esperanza en la democracia. Difícilmente aparecería un régimen político y una organización social que convenciera a los hombres como convence la democracia y eso también es un límite de la razón y de la civilización occidental; es una conquista política ¿Habrá algo mejor que la democracia? Se creyó que el socialismo sería la superación de toda democracia pequeñoburguesa como la calificaban los soviéticos en el periodo de Stalin. El régimen socialista no logró consolidarse en la historia por graves errores que ahora se pueden señalar, pero en su momento, el régimen socialista soviético impresionó a todo el mundo, no sólo impresionó, asustó a los países capitalistas más poderosos. Luego vino la crisis del régimen socialista en Europa Central, la caída del muro de Berlín, la reunificación de Alemania, y después, la supresión del Partido Comunista fundado por Lenin y la caída del régimen de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas en diciembre de 1991. De ese devenir resultó, por un lado, el impulso al neoliberalismo, y por otro, el impulso a la democracia; por eso difícilmente surgiría otro régimen político que respondiera a las necesidades de la convivencia humana de manera menos injusta. Esa es una característica de nuestro tiempo: los hombres de hoy en día -en general- no luchan por la justicia; se lucha por una sociedad menos injusta, porque la justicia como tal, no va a llegar; simple y sencillamente, el reparto igualitario de la riqueza, justicia para todos, igualdad de oportunidades para todos, eso no va a llegar. No va a llegar porque la historia no lo permite. Entonces ¿qué vamos a hacer? Luchar por una sociedad menos injusta. Porque la sociedad justa no va a llegar. Se cayó el socialismo y ese hecho histórico es la evidencia de que la sociedad socialista igualitaria -por un lado, como dijeron Freud y Thomas Mann, es una idea que pertenece al futuro; y, por otro lado, el liderazgo en la construcción de un nuevo régimen es algo que escapa a la a las posibilidades de la vida humana; en pocas palabras y, por ejemplo, para que el régimen socialista soviético se hubiera consolidado, Lenin tendía que estar vivo todavía. Lenin era el maestro, el conductor de la locomotora revolucionaria. Tendría que estar vivo. El esfuerzo que Lenin cumplió fue enorme, la capacidad de trabajo que le exigió estar al frente del cambio político rebasó sus fuerzas intelectuales y físicas, tres años pudo estar al frente de la complejidad de la situación revolucionaria, y luego enfermó, llegó al límite de sus fuerzas, y tuvo que soltar la conducción del proceso constructivo del nuevo régimen. Esta es otra enseñanza de las transformaciones revolucionarias: la capacidad de resistencia del cuerpo humano al esfuerzo continuo es limitada, es baja. Muy pocos hombres la han podido sostener un largo periodo por la exigencia de comprensión de un conjunto de situaciones sumamente complejas en una época revolucionaria. Este es un límite de lo que pueden ser las ambiciones humanas; ha cambiado la perspectiva humanista, política y tecnológica de las posibilidades humanas, junto con la creencia en que nada es infinito. Desde el humanismo renacentista hasta el homo sovieticus, y luego, el homo ciberneticus se creyó mucho en que el hombre lo puede todo, puede hacer todo, entender todo, crear todo, crear vida y energía; si bien eso es algo tecnológicamente posible, ya no inspira una fe para mirar el mundo y la vida con una nueva luz y comprensión del hombre mediante la mirada a las obras del hombre. Ahora, tanto se redescubre como se confirma la vigencia y validez de la tesis de Hegel del zeitgeist, el espíritu de la época; en nuestro tiempo, significa la conciencia del límite, de la importancia y conveniencia de los límites de la acción; comienza a manifestarse la conciencia de que los límites los marca la época. Esto es comprender algo valioso: los límites de la acción de alguien en el arte, la ciencia, la filosofía, la política, la técnica los marca las condiciones de la época. La importancia de entender esta situación es propiciatoria de una mejor comprensión de lo que es la libertad concreta y de las direcciones que pueden tomar las sociedades y la democracia, que es el régimen menos imperfecto. Los griegos no creían en la democracia. Decía Aristóteles que era la tiranía de las mayorías; fue la mayoría de los tiranos en la Asamblea de Atenas fue la que aprobó el dictamen de condena a muerte contra Sócrates, aunque lo aprobaron a su pesar, pero tenían que obedecer la ley, y ese fue el momento en que el ciudadano ateniense -el griego por excelencia- se dio cuenta de que la polis no era la perfección que creía como unidad del hombre con el cosmos, y como armonía del hombre consigo mismo; en cambio, creían que deberían gobernar los mejores, que eran los viejos y sabios, no las mayorías, sin embargo, la democracia ateniense implicaba que todos los ciudadanos deberían actuar como jueces al menos una vez en su vida durante un año, y eso siempre admirable en la democracia de Atenas. En nuestro tiempo esos criterios no pueden germinar en ninguna parte.
En el caso particular de la democracia en México, lo menos que puede decirse es que los partidos políticos, en su conjunto, han sido una gran decepción, para el estilo de los ingleses. Los partidos políticos en México acabaron por convertirse en una gran decepción. Y esa decepción es mayor cuando vemos que los partidos contrapuestos forman una alianza para enfrentar un movimiento ciudadano que surge -casi de manera autónoma- desde abajo. La crítica de esta situación induce la consideración de que el régimen de partidos en el mundo entero tiende a replantearse, y esto es interesante. Y es resurge la importancia de la praxis. Hay escepticismo sobre el régimen de partidos. Hay escepticismo en México, y es probable que en el mediano o largo plazo también ocurra en Estados Unidos, que es un caso icónico en Estados Unidos. Se ha vuelto una cuestión de actualidad decir que en Estados Unidos hay un solo partido político que tiene un ala derecha y un ala de ultraderecha. Solo partido; esa situación obliga a replantearse el régimen de partidos. ¿A quién le toca hacerlo? A la conciencia ciudadana de Estados Unidos, a la población en su conjunto, a la aparición de otros grupos, de otras fuerzas sociales que podrían organizarse en partidos políticos. Y se vale soñar , o tener una pesadilla, pero en el mediano plazo podría surgir en Estados Unidos el ‘partido político latino’ porque ya hay una cantidad suficiente de población hispana. Pero estas son situaciones imaginarias, pero que podrían emprenderse, ya por parte de otra generación, pero una sociedad democrática siempre tiende a buscar su equilibrio. Y conservarse. Esto es el punto central; ninguna sociedad quiere la crisis revoluciona. Y aquí lo digo con respeto y más respeto a los militantes marxistas, pero está visto que no se quiere una sociedad en situación de crisis revolucionaria; lo que quiere una sociedad es conservarse. Ya se tiene suficiente experiencia de lo que implica una Revolución, tanto hacerla como corregirla y generar el nuevo régimen. Pero es la historia la que dictamina en última instancia. Es la historia que muchas veces se comporta independiente de los hombres, y los hombres tienen que hacer cosas que odian, que son contrarias a los ideales, pero tienen que hacerse; fue lo que pasó en la Unión Soviética en 1927 cuando Stalin tomó el poder. Situaciones similares ocurrieron en México durante la Revolución de 1910, y ocurrieron no por la voluntad de políticos y jefes revolucionarios; ocurrieron porque fuer la historia la que operó, por exigencia de las condiciones, y no todos los hombres lo entendieron; más bien, parece que ninguno, lo que les interesaba a los más activos e inteligentes era el poder. En un proceso revolucionario se tienen que tomar decisiones que no son humanas, que no son racionales, y se tiene que asumir, aunque vayan contra los principios revolucionarios, porque el gobernante verdadero es la historia, lo que marca el rumbo son las condiciones de la historia. En la Revolución francesa ocurrió mucho de eso, por lo mismo era tan aterradora, por las decisiones que tenían que tomarse, no eran humanas, eran racionales, no eran ilustradas, como, por ejemplo, la ejecución del rey: no había bases jurídicas para hacerlo, no había una sola ley que lo mencionara, pero tenía que hacerse, y se hizo, ¿en nombre de qué? De la soberanía del pueblo. Pero eso no lo entendían de manera racional aquellos hombres luminosos. Y dicho sea entre paréntesis, la Revolución Francesa acabó con sus promotores, su movimiento los exterminaba, y no entendieron por qué. Era la historia, no era la razón. No era la voluntad política la que dirigía el proceso. Estas son las grandes lecciones de la historia que le sirven a la política.
PBMM:
La palabra alienación es etimológicamente muy interesante, porque literalmente es como convertirse en un alien, en un alter, en otro, en ser extraño a uno mismo, terminar convertido en algo que no se era; históricamente, socialmente, han existido mecanismos alienantes del género humano. La pregunta sería ¿podemos escapar de esos procesos de alienación, ¿qué hay que hacer para escapar de ellos? ¿se puede escapar de la alienación, o es una condición social? ¿Es algo con lo que tenemos que enfrentarnos y tenemos que sobrellevarlo?
El marxismo Creyó haber encontrado la clave para suprimir la alienación Mediante la supresión de la plusvalía y el fin de las luchas de clases. El momento de Marx era propicio para pensar en semejantes términos. Hoy en día aquellas tesis del siglo XIX no pueden sostenerse. La alienación en su. Significado amplio -como se ha mencionado-, es despojo, Desgarramiento, ruptura, Escisión de la esencia, Infelicidad en pocas palabras, todo esto proviene de la organización del trabajo y de la explotación de la fuerza de trabajo, y de la sociedad sometida a la tasa de plusvalía, y esa realidad no beneficia al creador de la misma realidad. El predominio y eficacia de la alienación y plusvalía forman parte de las concepciones del mundo y de la vida del hombre contemporáneo. La caída de la Unión Soviética es una lección brutal en el sentido de la posibilidad-imposibilidad de superación o reducción de la alienación; es lección que porque nos permite decir o suponer -de manera Impregnada de conmiseración-, que probablemente La humanidad nunca va a superar la alienación, siempre habrá una sombra de alienación en toda acción humana, en toda aspiración humana. Lo más estrujante del predominio de la alienación, es su impacto en el deseo mismo, ahí, donde se supone que no hay sombra de alienación, en el deseo, porque es el deseo, pues como dice Arthur Koestler ‘las emociones siempre son verdaderas, a diferencia de las ideas, que pueden ser falsas o verdaderas, pero una emoción siempre es verdadera’. Pero nosotros creemos que deja de serlo cuando es el primer momento para abrir paso a una voluntad de dominio, o de posesión, o de control; cuando esto ocurre, el deseo ‘se diluyó en el aire’ -como diría Marx-. El deseo es una cuestión no tangible; la alienación es tangible en lo objetivo, es tangible en la división del trabajo, en la organización de la producción. No es aventurado expresar que tal vez al ser humano siempre lo va a acompañar la alienación como una sombra indeseable, porque nadie puede desprenderse de su sombra. Y esto es una paradoja de la razón y una paradoja de la condición humana. Entonces, ¿cuál es la conclusión? No esperemos conocer la felicidad que buscamos. Tal vez ocurren algunos momentos de felicidad, pero son eso, algunos momentos. ¿Por qué? Porque el hombre es activo. El hombre siempre está en acción, siempre está enfrentando contradicciones y generando contradicciones, generando productos; luego siente los peligros de los productos creados o las insatisfacciones o los riesgos de lo que produjo. Entonces, -como decía Hegel- a fin de cuentas, la alienación es un incentivo para que el hombre siga adelante, sabiendo que nunca se desprenderá de la alienación.
PBMM:
Dadas las implicaciones y la utilidad y el campo de injerencia práctico que tiene la razón calculista Parecería que puede haber como una tiranía, por decirlo de alguna manera, de la razón calculista. Entonces la pregunta sería, ¿hay algo que escape al rango de captación de la razón calculista, hay algo que no se reduzca a la injerencia de la razón calculista y que tenga valor más allá de este tipo de razón?
JVP:
La conciencia de la libertad. Esta es la fortaleza como que es el reducto, La conciencia de la libertad. De ahí en más es difícil señalar otro reducto. La razón calculista ha demostrado que es capaz de asimilar todo. Simplemente, a manera de ejemplo, acabo de ver la noticia de un programa que se ha simplificado, debe ser carísimo, pero para rato va a ser pirata, un programa para escribir novela mediante el apoyo de inteligencia artificial. ¿Qué clase de escritor va a hacer eso? Que una máquina le va a sugerir personajes, perfiles, acontecimientos, le va a sugerir cuatro o cinco desenlaces a su elección. Y, sin embargo, ese programa se está abriendo paso. Si apareció es porque hay mercado, hay quien está dispuesto valerse de ese software, para hacer negocios, sin conceder importancia a la emoción estética. Tal vez la sensibilidad estética sea uno de los pocos reductos que ‘están ahí’ como hermano gemelo de la conciencia de la libertad, manteniéndose al margen de la hegemonía de la razón calculista. Es difícil visualizar otro fenómeno que podría ofrecer resistencia o marcar diferencia; resistencia, es mucho decir. Diferencia, mantener la diferencia, creo que de eso se va a tratar en última instancia, porque resistir es contraatacar. Y El orden que está operando no es fácil de atacar, porque lo sabe todo, está en todas partes y nos conoce a todos. Es difícil de atacar. Y ha demostrado que es capaz y que sabe ‘vigilar y castigar’, como dice el título del libro de Foucault, publicado casi medio siglo atrás.
Habla usted de una relación triádica entre razón, utilidad y alienación. ¿En qué consiste la composición de estos tres factores, razón, utilidad y alienación?
Esa tríada son los componentes de la razón calculista. A fin de cuentas, la razón calculista lo que hace es combinar y equilibrar esos tres componentes para que continúe el estado actual de la civilización, y neutralizar las posibles contradicciones, o cancelar las tendencias que pudieran ir en contra del equilibrio que hoy gobierna la civilización. Mediante esos recursos la razón calculista sabe manejar el interior de las sociedades y los deseos o aspiraciones de los pueblos y de la civilización en su conjunto, y aunque pareciera algo demasiado complejo, no lo es; todo es cuestión de calcular los efectos recíprocos entre alienación. utilidad – o tasa o margen de plusvalía- y razón; todo es cuestión de calcular los efectos e interacciones entre esos factores, y de esa manera se mantiene el equilibrio y orden de la civilización. Y aquí está el asunto más fuerte. Lo que importa es que prevalezca el orden, no el bienestar humano. A eso se ha llegado; quizá sea mucho decir, y tal vez pueda parecer soberbio, pero no lo es tanto, porque en esa sencillez -para decirlo de manera amplia- consiste la explicación del estado actual del mundo. Lo que le importa a la civilización es que prevalezca el orden por encima del bienestar humano, parece que este es el rumbo que lleva este mundo, que carece de tendencias innovadoras y transformadoras. Los graves problemas del mundo de hoy en día están bajo control, por ejemplo:
el conflicto palestino israelí está bajo control, el conflicto Taiwán y China está bajo control, el conflicto Irán- Israel está bajo control, el precio internacional del petróleo, y con ello, el nivel de la producción industrial en todas las ramas y aspectos, y el transporte del comercio mundial. El orden en la política, la economía y la sociedad es la evidencia de que sí funciona la razón calculista.
Pensar así es pensar como un triste amigo de la humanidad, es lo menos que podríamos decir. Soy un amigo triste porque no enseño una liberación, pero enseñar la conciencia de la libertad, la importancia de la verdad y de la belleza, es algo significativo de hacer algo por el hombre; no son tiempos propicios para suponer que a la filosofía corresponde levantar los estandartes de la acción política, no es conveniente volver a confundir la filosofía con la acción política, como ocurrió en el marxismo: Lo idóneo y deseable es que la filosofía sea siempre filosofía, y que la política sea siempre política; el nexo entre ellas son los principios de la humanidad que examina la filosofía, y los entrega a la humanidad, pero no es recomendable para la filosofía alzarse con esos mismos principios. Finalmente, algo sobre el cine, algo sobre el éxito del cine de anticipación, cuya característica principal es la representación del futuro sin Estados Unidos. ¿Es imaginable el orden del mundo sin Estados Unidos? Para ellos sí, y por eso producen las películas de un mundo sin Estados Unidos, una ciudad de Los Angeles decadente, una Nueva York destruida o decadente, una sociedad desintegrada, desordenada. Son películas que contienen ciertos elementos de antiutopía, es decir, imágenes de las formas de cómo será la sociedad si los hombres no cambian; la utopía es la representación de cómo sería la sociedad si los hombres cambiaran. La antiutopía es más probable que la utopía en la sociedad que busca el predominio del orden a toda costa, esto no es un planteamiento tan fantasioso como pareciera. ¿Y quién va a querer la antiutopía, o la desintegración de Estados Unidos? Nadie lo puede querer, pero con este planteamiento llegamos a los límites de la comprensión humana -de la historia, de la realidad humana que es la historia-. Y por eso hemos dicho en varias ocasiones que la literatura tiene un gran porvenir si los nuevos escritores aprenden a pensar filosóficamente, con la voluntad de convertirse en amigos verdaderos de la humanidad; en eso consistiría la condición principal del perfil del nuevo gran escritor.