Consideraciones Antinihilistas XIII

XIII

Nuevo humanismo político.

El desarrollo asombroso y admirable del portento de la tecnología para la aceleración de partículas de alta energía, parece el amanecer de un hombre nuevo; es aurora que aparece con el signo de la alienación radical, bajo la posibilidad del signo de la alienación radical positiva; pareciera que el hombre cambiaría “de modo radical”, “desde la raíz”, y de ese cambio, emergería un hombre nuevo, un mundo nuevo, una cultura nueva, en una palabra, otro espíritu.
La nueva realidad histórico-social, que parece prometer la tecnología del control de partículas de alta energía, sería el mundo de la muerte de la religión, al menos en Occidente; sería el mundo del cambio de significado del temor a la muerte, y esto implicaría una modificación rapidísima del sistema de los instintos humanos, del pensamiento y del lenguaje; sería el mundo del señorío de la tecnología y que de inmediato, exigiría el examen necesario de los nuevos sistemas y figuras del nuevo poder tecnológico, desde la perspectiva de algo universal y permanente, aunque llegara a ser como Dios, y que es consustancial al ser del hombre: los principios de la humanidad, o libertad, pensamiento y acción constituyente de realidad histórico-social, que son el trabajo, la tecnología y la política.

Sería demasiado aventurado en el inicio de la segunda década del siglo XXI, adelantar alguna prefiguración concreta, determinada o aproximada, del nuevo hombre, del nuevo mundo, de la nueva cultura, del nuevo espíritu. Tal vez, para mediados del siglo, decir algo al respecto, no resultaría tan aventurado.
Sin embargo, en la actualidad puede mencionarse el significado y la importancia de figuras de pensamiento apropiado que, desde ahora, aparecen como condiciones de posibilidad para la autoconsciencia de la libertad, porque un estado de alienación radical del hombre –aun con signo positivo, podría seguir múltiples caminos y abrirse de modo simultáneo, a orientaciones diversas, con horizontes imposible de atisbar en la actualidad.
En la medianía del siglo, sería posible y visualizable. Desde la posición y perspectiva de la actualidad, puede vislumbrarse, entre la brumosa incertidumbre, que la crítica del mundo y del señorío de la tecnología, podría constituir la misión del pensar, frente el sentido positivo –inicial y primigenio- del hombre nuevo; la misma misión, implicaría la constitución de la idea de una figura política de supervisión democrática y popular de las nuevas tecnologías, a la vez que encargada de la corrección de sus nuevas orientaciones.
Esa figura política podría resultar enriquecida y potenciada por los avances y conquistas del hombre proletario en favor de la liberación del trabajo, esto es, de la supresión del trabajo explotado. En la actualidad, el avance práctico de esa liberación es incierta, pero la clase trabajadora es real y existente.
En las condiciones actuales de la civilización de la globalización, es un soberbio desafío para el pensamiento, el examen de la posibilidad mayor o primaria, del señorío de la tecnología, y liberación del trabajo de la explotación de la plusvalía.
Sin embargo, ni una ni otra de esas posibilidades anula o disminuye la validez de la política de participación efectiva en las decisiones de orientaciones de la sociedad, ni del presente ni del futuro. Por lo tanto, el cumplimiento de la misión del pensamiento para el futuro tiene comienzo en el presente.
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