Los ataques suicidad a New York y Washington (I)

“el temblor del mundo se anuncia por síntomas aislados; la frivolidad y el tedio que irrumpen en lo existente, la incierta premonición de algo desconocido, son mensajeros de que hay alguna otra cosa en marcha, a punto de llegar.”

Hegel (1)
SUMARIO: Nota previa; 1. Ocultamiento de la realidad y crisis de la relación con el mundo; 2. Política, ciudadanía y tecnología; 3. Posibilidades y efectos en el interior; 4. Posibilidades y efectos político-militares en el exterior; 5. Cambio en la estrategia global norteamericana; 6. Simbolización de las contradicciones y debilidad del mundo; 7. Ataques suicidas y alienación histórica.
Nota Previa
El ataque suicida a las torres del Centro Mundial de Comercio en Nueva York aparece con varios significados que expresan las posibilidades y limitaciones de la civilización orientada por intereses y fines de la globalización. El ataque suicida al edificio del pentágono, -oficinas centrales de la estructura militar de Estados Unidos- aparece como un acto de guerra. La aproximación reflexiva a estos acontecimientos radicales y extremos, requiere para su análisis, comprensión y crítica, de un pensamiento radical; la radicalidad del pensamiento es una escasa posibilidad que permite la civilización de la globalización, y que, sin embargo, es como efecto de la realidad histórica sobre la conciencia social; de esta manera aparece el pensamiento crítico y los planteamientos suficientes para examinar la objetividad de acciones extremistas que consumen en sí mismas la consecuencia inmediata del riesgo total que significa pagar el precio de la acción con la propia vida.

1. Ocultamiento de la realidad y crisis de la relación con el mundo.

En la civilización de la globalización el pensamiento crítico como reflexión sobre la objetividad del mundo y comprensión de la estructura, significado y sentido de la acción económica, social, política y religiosa-, es actividad libre que flota en la realidad; los medios de comunicación electrónicos y sitios importantes de la Internet que se han abierto para recibir opiniones y comentarios sobre los ataques suicidas en Nueva York y Washington, descansan en la recomendación de no hablar de las situaciones de las que es mejor callar; esos medios informativos han puesto todo el énfasis en el significado militar y terrorista de las acciones suicidas como ataques a la familia, los valores, la decencia, la dignidad de la persona, el bien de la humanidad, al género del hombre, a la civilización en su conjunto, etc.; los mismos medios se abstienen con premeditada intención de no hablar de las condiciones históricas de los Estados Unidos, de las situaciones específicas de la familia y sociedad civil norteamericanas, de las circunstancias de la vida cotidiana en los negocios, la educación, crianza de los hijos, actividad militar y de espionaje, planificación de la especulación financiera y control planificado de mercados mediante avanzadas teorías de sistemas. Los medios de comunicación electrónica no quieren hablar de estos problemas, prefieren guardar silencio de manera ominosa y cómplice con las reacciones y demanda de venganza del gobierno e ideologías dominantes frente a la realidad inimaginable de la vulnerabilidad de la sociedad norteamericana. Los ataques suicidas demuestran que cualquier sociedad del mundo es vulnerable, que ninguna sociedad puede estar siempre preparada para emergencias importantes o contingencias amplias, de manera suficiente. Esta situación manifiesta algunas características de la relación del hombre con el mundo: inseguridad en las calles, bancos, escuelas, oficinas y en el hogar; la incertidumbre en los negocios, en el trabajo, en las acciones cotidianas de la vida familiar, laboral, política y recreativa. La inseguridad es la forma principal de relación de la conciencia social con la realidad por las amenazas ocultas que abriga y peligros mortales que son parte constituyente de ella; la conexión de la inseguridad con la incertidumbre frente a los contenidos y acontecimientos del tiempo histórico en el corto y mediano plazo, constituye una nueva determinación de la angustia como sentimiento social que se extiende sobre el mundo.

Este sentimiento social colectivo afecta a individuos, grupos, asociaciones y clases sociales, brota en las instituciones, gobiernos y estructuras de la producción, distribución y consumo de la riqueza. El sentimiento social de la angustia colectiva aparece como forma de la relación del hombre con el mundo, del modo como la realidad del mundo afecta y domina al individuo, asociaciones, instituciones y vida social; sobre esta consideración es posible afirmar que el hombre vive en un mundo que ha construido a imagen y semejanza de los horrores que configuran la vida histórica del pasado inmediato y del presente; esa angustia hace imposible el diálogo del hombre con el mundo, hace imposible la constitución del pensamiento crítico que examina la realidad del mundo y relación del hombre con el mundo; y sin embargo, aparece como reconocimiento del devenir que ha puesto a la realidad como centro del pensamiento y a Estados Unidos como centro de esa realidad.

La conciencia social aparece ubicada en la imposibilidad de reconocerse a sí misma para examinar la relación con el mundo; en ese contexto aparece la opción del pensamiento para asumir el reconocimiento de formas de dominio dispuestas a tornar imposibles las actividades del pensamiento frente a acciones radicales. Pensar las acciones radicales exige comprenderlas y es en ese momento de la comprensión en que pensar, de modo radical, se convierte en riesgo y acto que tienen precio fijado por las ideologías dominantes y grupos de poder.

2. Política, ciudadanía y tecnología.

El orgullo norteamericano se ha levantado con el grito de guerra frente a la vulnerabilidad de su sociedad y dispuesto a satisfacer la sed de venganza con la destrucción de gobiernos que resulten responsables, o sospechosos de los atentados en Washington y Nueva York. Los discursos de los medios electrónicos apuntan a la calificación de esos ataques como la primera guerra del siglo XXI, en el inicio del milenio que -ahora puede decirse- la conciencia social del mundo calificó en enero de 2000 como el milenio de la paz y democracia. La valoración que los medios de comunicación de Estados Unidos han otorgado a los ataques suicidas es de inicio de una guerra contra un enemigo que puede estar en cualquier parte, en sitios insospechados. Las características de esta reacción ponen de manifiesto una vez más el uso de la fuerza, intervención y poder militar fuera de toda proporción; esa reacción es evidencia de las cualidades del devenir de Estados Unidos como sociedad fincada sobre la guerra, que ha avanzado mediante guerras, combates y batallas en condiciones de superioridad militar incontrastable, incontenible. La formación social de Estados Unidos aparece determinada bajo este principio que se presenta frente a la opinión mundial con el discurso de la democracia, defensa de los derechos humanos y reiteración de ese país como nación bendecida por dios, y con la implantación de los intereses, proyectos y fines de sus estructuras económicas e instituciones políticas como la representación del bien supremo de la humanidad y defensa del mundo libre. Esta autoproclamación no resiste la prueba de ser contrastada con el sentimiento social de la angustia colectiva; más aún, en nuestro tiempo, resulta sospechoso o ingenuo suponer que se puede hablar con autoridad suficiente sobre el bien y el mal de la humanidad desde tribunas políticas que declaran la guerra a enemigos sin nombre más allá del calificativo de “terroristas”; de igual manera resulta ingenuo o superficial hablar de la humanidad; estamos frente un panorama que muestra la dificultad de saber con certeza y evidencia el contenido y significado de la humanidad, del bien de la humanidad, y de su contrario.

La imposibilidad de validar los argumentos sobre el contenido del bien de la humanidad y su contrario, ponen de manifiesto el vacío de ética general en la sociedad y de moral pública en la vida social. Las conductas sociales en los negocios, la vida familiar, actividad política, formación de las nuevas generaciones y práctica del cristianismo, aparecen como carentes de sistemas de valores reales, operativos y vigentes que conduzcan a estas acciones hacia la conquista o realización de fines superiores. El tiempo presente es una época sin ética práctica; los valores como fundamento de la acción moral han sido desterrados por las necesidades del interés egoísta; el concepto de la acción moral pública ha sido expulsado de los ámbitos de la acción social y proyectos políticos y demás actividades colectivas.

La formación del ciudadano aparece como la síntesis de la trayectoria de una nación, como evidencia de los resultados positivos y constituyentes de la vida histórica y del futuro en el presente. Las características de la formación del ciudadano representan la conciencia que tiene la sociedad de la vida pública. La acción ciudadana es la conciencia de un pueblo, la realización de los fines de una nación; esto es el espíritu. El pensamiento y actividad del ciudadano es la vida constituyente del espíritu de un pueblo y vida de una nación…

En Estados Unidos el significado, responsabilidad y sentido del ciudadano han sido sustituidos por la tecnología; la acción constituyente del hombre libre que aporta proyectos y esfuerzos a las formaciones colectivas ha sido constreñida por el desarrollo tecnológico; en ese país las decisiones políticas y concepciones de la acción han sido redefinidos y refuncionalizados por el desarrollo tecnológico; el Estado como sociedad política no aparece como formador directo del ciudadano; entre estos agentes está ubicada la acción decisiva y determinante de la tecnología política, electoral, gubernamental, militar y comunicacional; la función del ciudadano es votar, opinar, hacer propuestas en los condados y aspirar a puestos de elección popular; del resto se encargan las tecnologías.
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